Albus Dumbledore. ¿Titiritero o padre abnegado?

Hablemos de Albus Dumbledore. De nuevo, Hermione no estaría muy contenta con estas palabras. Después de todo, me adentro en un terreno al que pocos han osado adentrarse en los libros: criticar al mejor director que ha existido en Hogwarts. Creo que sinceramente a todos nos pasó algo parecido con este personaje: nos caía muy bien hasta La Orden del Fénix y de ahí en más nos cayó bien, pero después de las Reliquias de la Muerte tenemos sentimientos encontrados. No sé qué les pasa a ustedes, pero en mi caso es imposible no sentirlo de ese modo. Hoy discutiremos si Dumbledore es un titiritero o un padre abnegado.

Para empezar, reconozcamos que tiene el mejor nombre de toda la saga. Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore es realmente un nombre genial. Ahora bien, en segundo lugar y ya metiéndonos fuerte con lo que nos compete, tal y como sucede con Severus Snape, considero que Dumbledore es un personaje gris. Trataron de vendérnoslo como el mago blanco impoluto y correcto, pero la propia trama nos hizo descubrir unos grises oscuros y bien turbios. De nuevo, grises, niños, grises.

Me parece muy claro que hay dos Albus en la saga: el que conocemos por boca de los personajes y el que se deja conocer por sus propias acciones. En este sentido, Harry lo vio siempre tan omnisciente y omnipotente que cuando sus acciones demuestran lo contrario nos choca y mucho. Esa es la sensación que nos dejó Las reliquias de la muerte, ¿cierto? Ha criado a Harry, y cito las palabras de Snape, como un cerdo para el matadero. Sin embargo, su accionar ya era un poco extraño desde mucho antes.

Comencemos por su negligencia como director. Juro que, como docente, si me tocara enseñar en Hogwarts, además de fascinada, estaría seriamente impresionada por la parcialidad de este hombre. Incluso me las ingeniaría para armar un gremio y presentar nuestras quejas ante el Consejo Escolar. Lo que hace en La piedra filosofal es inaudito. Gryffindor termina ganando la Copa de las Casas por un punto, ¡un punto! ¿Me van a decir que no lo tenía todo calculado? Su comportamiento me parece tan caprichoso y alevoso.

Pero vayamos más allá. ¿De verdad el hombre más inteligente de los últimos tiempos no sabía que Voldemort habitaba en la nuca de uno de sus profesores? ¿No sabía que sólo un basilisco podría petrificar a sus víctimas? ¿No sabía que un monstruo así sería justamente algo que Slytherin acogería en las entrañas del castillo? ¿No sabía lo desastroso que era Gilderoy Lockhart dando clases? ¿No sabía que Moody era un impostor? ¿Acaso no sabía todo lo que pasaba en su castillo el mago más inteligente de los últimos tiempos? ¿Cómo puede ser que se le escapasen esas cosas? Es que, honestamente, creo que no deberían habérsele escapado si nos mantenemos fieles al personaje, pero JK. Rowling necesitaba que Dumbledore fuese lo suficientemente negligente como para que la trama avanzara.

Y luego tengo muchos problemas respecto a cómo es su trato con Snape y Sirius. En primer lugar, el chantaje emocional al que somete a Severus  es indignante y realmente me enoja muchísimo. La forma en la que manipula sus sentimientos para generarle culpa y obligarlo de ese modo a hacer lo que él quiere es bastante retorcido. No dudo que, en algún punto, Snape sea como un hijo para él, pero por momentos, ¡por Merlín, muchos momentos!, lo trata como un peón al que puede mover a paciere y hacer lo que quiere con él. La falta de autonomía de Severus es algo que me indigna muchísimo y ya lo he mencionado antes, así que no me voy a meter mucho en este asunto.

Pero Sirius… Dios bendito, ¿qué es lo que pasó ahí? Dumbledore intercede por Snape, aun sabiendo que era un mortífago cruel y despiadado, ¿pero no lo hace por Sirius? ¿Al que ha conocido de toda la vida y sabe, porque tiene que saberlo, que nunca traicionaría a sus amigos? ¿Cómo es eso? Realmente no lo entiendo. ¿Cómo pudo dejarlo pudrirse doce años en Azkaban? Lo curioso es que Sirius nunca se lo echó en cara tampoco. Si bien es cierto que Sirius odiaba a Snape y siempre despotricaba contra él, nunca se preguntó por qué Dumbledore había interferido por el Slytherin y no por él. Su objetivo de odio siempre fue Snape cuando debería haber sido el director.

Honestamente eso escapa a mi entendimiento, sobre todo porque, leyendo artículos para este post, me topé con una chica que argumentaba de forma enfática y con cierta coherencia, que Dumbledore siempre supo que Sirius era inocente. Vamos a ver. Sigamos el razonamiento de ella. Los Potter mueren el 31 de octubre, pero Harry es entregado a sus tíos la noche del 1ro de noviembre, es decir que han pasado veinticuatro horas entre la muerte de los Potter y la aparición de Harry en casa de los Dursley. La pregunta entonces es: ¿con quién se quedó Harry ese tiempo? La respuesta nos la da Hagrid, quien menciona que la moto que maneja se la dio Sirius, por lo que en algún momento debió encontrarse con él, presumiblemente cuando fue a recoger a Harry. Una vez que lo entrega al Guardabosques, sabemos que va tras Pettigrew y pasó todo lo que conocemos.

Por lo que la muchacha se pregunta: ¿por qué Dumbledore permitió que Harry estuviese en manos de un supuesto traidor tanto tiempo? Simplemente, llega a la conclusión esta muchacha, Dumbledore nunca tuvo la sensación que Harry estuviese en peligro en manos de su padrino porque sabía que no los había traicionado. ¿Y entonces por qué no interceder por él? ¿Porque las pruebas eran concluyentes, tal vez? Sea como fuese, lo cierto es que dejó a un hombre inocente encerrado por doce años. No lo sé, honestamente no lo sé, pero deben reconocer que tiene sentido.

Y volviendo a Dumbledore… ¿qué tipo de potestad tiene para dejar a Harry con sus tíos? Sí, entiendo que es en la sangre de Lily, y por tanto de Petunia, que Harry encontrará la seguridad, ¿pero quién es Dumbledore para decidir el destino de niño? ¿Nadie se opuso a eso? ¿Nadie puso peros? Remus dijo: sí, dejemos al niño con sus tíos muggles. Sí, los mismos que sabemos que odiaban a Lily y James, pero bueno… es lo único que tiene. No lo creo. Reconozcamos que ahí hay un bache en la historia.

Supongamos que avalamos su decisión de dejarlo allí. Supongamos. Tampoco termino de entender cómo es que no interfiere en la vida de Harry al notar los maltratos. Ustedes dirán, ¿cómo sabía Dumbledore que Harry era maltratado? Bueno, para empezar, la primera carta de Hogwarts tiene como destino la alacena bajo la escalera. ¿Hello? Y luego está la Sra. Figg, ¿la recuerdan? Aquella señora mayor, squib, que aparece para ayudar a Harry y Dudley luego del ataque de los dementores en La Orden del Fénix. Corran y fíjense en el libro. La doña le dice a Harry que Dumbledore siempre lo vigiló más de lo que él pensaba y que, de hecho, ella misma nunca fue amable con él porque temía que si los Dursley se enteraban que el niño la pasaba bien en su casa, dejarían de llevarlo. La Sra. Figg debía ver que Harry andaba con ropa vieja, grande y andrajosa y que muchas de las veces en las que la familia salía, no lo llevaban consigo. ¡Dumbledore sabía! ¡Siempre supo! Y podrán decirme: pero si va a su casa en El príncipe mestizo. Sí, señores, sí, pero Harry ya tenía dieciséis años y el daño irreparable ya podría estar hecho.

La teoría del cerdo para el matadero tiene sentido, ¿cierto? De nuevo, no entiendo su actitud. Sin embargo, conforme lo conoce, parece claro que comienza a quererlo y que, claramente, eso no estaba en sus planes. Recuerden la charla que tienen los dos al final de La Orden del Fénix. Dice Dumbledore: aún es demasiado pequeño para contarle, no puedo arruinarle así la vida. Si eso no es preocupación por él y un inmenso amor, ¿qué es? Lo quiere. Probablemente lo quiere mucho más de lo que quiso a Severus. Y sin embargo no intercedió por él para remediar el maltrato de su familia, comprensible por su calidad de horrocrux, y además, estuvo dispuesto a sacrificarlo.

Como no intercedió por Harry, tampoco intercedió por Tom. Y tal vez acá haya polémica. Estamos todos de acuerdo que Voldemort no puede redimirse, que ha llegado demasiado lejos para eso, pero Tom todavía podía hacerlo y sin embargo Dumbledore le dio la espalda. En varios de los libros de la saga se menciona que él, por entonces profesor, desconfió de Tom desde el primer momento, al contrario del resto de sus colegas, y que siempre tuvo un ojo encima de niño, casi esperando que se mandara la cagada para regodearse en sí mismo y decirse: tenía razón sobre este chico. Podría haberse acercado y ayudarlo. Tom todavía tenía redención, todavía podía cambiar, no había nada definitivo por entonces, pero Dumbledore decidió no acercarse. De nuevo, siento que Dumbledore la tiene que cagar una y otra vez para que la trama avance. Lo entiendo, pero al menos lo podría haber intentado.

Muchas personas no le perdonan su pasado nazi, pero no es mi caso. Sí, Dumbledore estuvo peligrosamente cerca de convertirse en un mago oscuro, pero no lo hizo. Estaba en una etapa difícil de su vida, la adolescencia siempre lo es, y cometió errores y en lo personal no lo juzgo por ello. Rescato el hecho de que se echó para atrás. Aunque, seamos honestos, sin la muerte de Ariana probablemente eso no hubiese pasado. Si, su historia es un poco trágica y puedo entender que después de tanto dolor se sintiera seducido por la magia oscura, pero no me molesta. Me molesta mucho más todo lo que hizo después de esa etapa oscura de su vida, todo aquello que detallé antes.

Pero lo que más me molesta, en realidad, es que haya mantenido su ideología “por el bien mayor” durante la saga. Por el bien mayor estuvo dispuesto a sacrificar a Severus y al propio Harry. Por el bien mayor. De hecho, y esto fue algo que me llamó mucho la atención cuando lo leí en otro artículo, ¿estuvo dispuesto a sacrificar a Emmeline Vance? Recordemos. Snape presume frente a Belletrix de haber sido él quien la entregó al propio Voldemort para que la asesinara. ¿Realmente podemos asumir que todo lo que hacía Snape se le escapaba a Dumbledore? Porque pienso que todo el proceder del doble agente era supervisado por Dumbledore, por lo cual… ¿acaso Dumbledore sacrificó a Vance “por el bien mayor”?

Ahora, por favor, pasemos a las partes buenas, porque siento que he estado pegándole demasiado. Para seguir un poco con lo anterior y su pasado oscuro, me gusta que tenga un amor no correspondido y me gusta que sea con Gellert. Si bien es cierto que mientras leía los libros por primera vez siempre pensé que él y McGonagall habían tenido algo o iban a tenerlo, no me molestó descubrir que era gay. Para mucho eso fue un shock terrible que no pudieron asemejar, pero a mí no me molestó en lo más mínimo. En una historia como Harry Potter la sexualidad de los personajes es lo último que me importa, pero sí debo reconocer que me gusta que Dumbledore se enamorara del chico malo.

Más allá de eso, me gusta la parte más infantil de su personalidad. Ustedes saben de qué hablo. De las contraseñas divertidas en su despacho, de los caramelos de limón y del hecho que halague las medias con snitch doradas de Harry en el Baile de Invierno. Pienso que Dumbledore tuvo que crecer de pronto a propósito de la enfermedad de su hermana y el posterior encarcelamiento de su padre, que nunca se permitió ser un niño pequeño y por eso, a veces, sacaba a relucir una parte juguetona de su personalidad.

Me gusta que piense en Draco. Me gusta que elabore todo un plan para salvar su alma, aunque no entiendo cómo es que le permite seguir intentando asesinarlo cuando sabe que no lo va a conseguir. Recordemos que Dumbledore sabe y le permite a Draco seguir intentándolo, lastimando a dos personas en el proceso. De nuevo, no intercede por él. No se acerca ni trata de ayudarlo, sino que deja que el muchacho se enferme, se obsesione y fracase. Sí, entiendo que la trama debía correr y Snape matarlo y blablá… pero me molesta.

De hecho, llegado a este punto, pienso también que Dumbledore, en realidad, se sacrifica por un “bien mayor”. Snape necesita tener la total confianza de su amo y la muerte del brujo canoso parece perfecto para dicho propósito. De nuevo, la manipulación de Dumbledore en esas conversaciones es terrible.

De acuerdo, estoy ya por terminar estas líneas y me doy cuenta que, en realidad, a mi parecer, Dumbledore tiene más aspectos de titiritero que de padre abnegado. Lo siento. Aun así es un personaje que me gusta mucho y, naturalmente, es uno de los más complejos y grises de la saga por todo lo que hemos mencionada. Sin embargo, cabría señalar que Albus, en parte, es también manipulado por la pluma maestra de JK. En algún punto, manipulado por ella, Dumbledore sabe todo lo que ella sabe, pero debe actuar como un idiota permisivo para que Harry actúe y la trama avance.

Les aseguro que esto fue más difícil de escribir que el de Snape. En el caso del maestro de Pociones ya tenía una opinión formada, pero en realidad nunca me había detenido a pensar en Dumbledore y conforme escribía estas líneas, su parte manipuladora y permisiva le terminó sacar ventaja a ese aspecto de abuelo bonachón que tiene con sus lentes de media luna, su fénix y sus caramelos. No lo sé, ¿qué piensan ustedes?

Nicholas Sparks – Tal como somos

Este momento iba a llegar, tenía que pasar. Después de leer de forma consecutiva tres novelas negras, tuve que detenerme. Así que cambié de género y me fui de lleno con el romance y uno de mis autores preferidos.

El primer libro de Nicholas Sparks que leí fue Mensaje en una botella y recuerdo que me sonaba muchísimo a una película de Kevin Costner, hasta que entendí que se trataba de una adaptación. Sepan entender, nunca fui muy avispada. Recuerdo que ese libro en particular no me gustó mucho, pero que por vueltas de la vida terminé leyendo Fantasmas del pasado y que si bien me gustó, no llegó a encandilarme. Probablemente no fueron los libros los que me deslumbraron sino las películas. Mea culpa por eso. Pecado lector. Por supuesto, como otras millones de personas vi The notbook y luego, en la librería, al reconocer que la película estaba basada en un libro, compré otro libro del autor. Miento si les digo qué libro fue ese, honestamente no lo recuerdo, pero lo cierto es que desde entonces no me puedo resistir a Nicholas Sparks.

Lo que más me gusta de este autor es que construye romances creíbles, reales y muy sinceros, pero también complejos. No vas a encontrar en sus libros romances de un flechazo y ciertamente tampoco vas a encontrar ningún tipo de dominación de un personaje por sobre el otro y no sé para ustedes, pero para mí eso es muy importante. Lo he dicho antes: estoy cansada de los libros que nos venden historias de amor extraordinarias que no dejan de ser historias de abuso extraordinarias disfrazadas con un poco de amor tóxico. Como dije antes: Nicholas Sparks es un lugar seguro en ese sentido.

Tal como somos es una novela publicada en el 2016 y me merezco un punto porque estoy reseñando libros recientes. Ya les adelanto: a pesar de que me gustó, tengo ciertos reparos. Comencemos por el principio. Este libro combina una historia de amor, típica de los libros del autor, con un thriller, lo cual es un poco extraño en él. Sparks sólo se ha inmiscuido en los thriller en El guardián, lindo libro, y en Un lugar donde refugiarse, próximo en mi lista de lecturas, así que ese detalle ya me llamó la atención desde el prólogo, donde deja entrever que no será un libro cualquiera.

En cuanto a la historia de amor… ¿Acaso ustedes no están hartos del chico malo? De alguna forma funcionará, porque de lo contrario no venderían tantos libros con esa temática. Sin embargo, nuestro chico malo se ha reformado. Colin tuvo un pasado de violencia bastante grave, que incluye ataques de ira, muchas peleas en bares, abogados y calabozos, pero se ha reformado. Ha dejado sus días malos atrás y ahora se dedica a trabajar, estudiar y entrenar muy duro como método para mantener la ira a raya.

María Sánchez por otro lado es la chica buena. ¿Acaso ustedes no están hartos de los polos opuestos? María no podría ser más diferente que Colin. Abogada, con una vida familiar muy rica, pero con una vida social más bien escasa nuestra protagonista está transitando la vida, no viviéndola.

A partir de un problema con el auto en medio de la ruta, se conocen. Por supuesto, a ella se le rompió una llanta y él la auxilia. Espero que puedan imaginarse que estoy rodando los ojos. Una de las cosas que me molestó de este libro es el síndrome de damisela en apuros. Estoy segura, y Colin también lo está, de que si María no fuese una mujer él no hubiese parado a ayudarla. Lo cual, debo confesar, me molesta. Lo podemos ver como amabilidad, es verdad, pero ustedes y yo sabemos que allí se esconden otras cuestiones.

Aquí le debo dar un punto a Nicholas por las primeras conversaciones. Como mencioné antes, no hay ningún flechazo inmediato. De hecho, la primera vez que lo ve María está aterrada. Colin venía de una pelea de artes marciales mixtas y tenía la cara destrozada y si a eso le agregan oscuridad, carretera solitaria y lluvia torrencial, María tenía unos instintos de hierro. Pero nada pasó, Colin no abusó de ella ni mucho menos, pero me gustó mucho que el primer encuentro no fuese algo edulcorado.

En su segundo encuentro, Colin le suelta todo su pasado. Así, de la nada, gratuitamente. Nuestro ex chico malo tiene una política de total sinceridad que deja descolocada a María. Y dado que el pasado del hombre es bastante complejo, María siente un poco de miedo, lo cual me pareció real y honesto de su parte.

Pero a partir de que concretan la relación… no sucede mucho más. ¿Por qué? Porque la relación y el romance son total y absolutamente eclipsados por el thriller. La trama secundaria, o también podríamos decirle subtrama, es lo que hace interesante el libro porque, como dije, el romance no tiene nada extraordinario.

No me gustaría arruinar esta parte del libro porque es la mejor, pero déjenme decirles que también tengo ciertos reparos. En el prólogo, como mencioné, se entrevé la aparición de un personaje misterioso con actitudes poco saludables y con el objetivo puesto en el primer encuentro entre los personajes y su relación, se pierde ese personaje misterioso de vista. Sin embargo, de a poco, a modo de cuentagotas, Sparks lo introduce y la forma en que lo hace es magnífica.

Básicamente, María arrastra un fantasma del pasado. ¿Notaron el juego de palabras? ¿Cómo incluí el nombre de otro libro de Sparks? Despegada. Este fantasma comienza a acosarla y de inmediato, ya con la relación consolidada, Colin encarna una típica  actitud de caballero de brillante armadura y fiel salvador. ¿Por qué? ¿Por qué me hacen eso? Debo confesarlo, eso me fastidió muchísimo. Aun cuando fueron a la policía, es Colin quien termina averiguando cosas, metiéndose en líos por María, averiguando quién estaba atrás y salvándole las papas del fuego. ¿En serio? ¿Acaso la policía no podía hacerse cargo? ¿Acaso una mujer no puede hacerse cargo de sus propios problemas? ¿Siempre debe haber un hombre para protegerla del señor malo? ¿En serio? Basta. Solo basta.

Aunque, como deberán notar, esa parte me molestó mucho, el thriller es bueno y tiene un giro bastante inesperado en el final, como previsible. Aunque sé que he sido contradictoria, no me gustaría entrar en detalles. Léanlo y luego pasen a comentar si están de acuerdo conmigo o no. Apuesto que notarán a qué me refiero.

Antes de terminar, y sin ánimo de sacar a relucir mi veta más paranoica, Sparks nos da un mensaje claro pero solapado. El acoso que sufre la protagonista se alimenta en base a la información que su hermana deja caer en internet. Twitter, Facebook, Instagram… el acosador sabía muchas cosas porque la información estaba allí en la red, al alcance de todos. Quiero creer que ese punto fue intencional y que el autor quiere criticar un poco la tendencia general de depositar tanta información en internet. Sin embargo, aunque he leído varios de sus libros no sé qué tan crítico sea este señor, así que no podría decirlo con certeza. Aun así me gustó mucho esa parte porque satisfizo a mi parte paranoica.

Esa una novela fresca, ligera, que no puedes soltar, que te tiene en vilo hasta descubrir quién es el acosador. El ritmo es bueno, la redacción es muy amigable y los personajes son fuertes. Sin embargo, no creo que sea el mejor libro del autor. En nombre del amor o Lo mejor de mi creo que son superiores y sí, las elijo sólo porque no leí The nootbook o Dear John. Primer punto, no sé por qué escribí el nombre de las dos últimas novelas en inglés y las otras en español. Y punto número dos, honestamente no me dan ganas de leer esos libros porque ya he visto las películas y… no lo sé, no me dan ganas. Siento lo desvariada que ha quedado esta reseña, pero lo importante es que le doy cuatro estrellas de cinco a este libro.

John Le Carré – El jardinero fiel

Mi Santo Dios. Sí, una forma un poco diferente de empezar una reseña pero es que… mi Santo Dios,  ¡qué buen libro! El jardinero Fiel de John Le Carré es otro libro de la colección de novelas negras del diario El País y debo confesar que cuando lo tomé del estante no deba ni un peso por él. De hecho, me convencí que debía leerlo porque tenía en la portada a Ralph Fiennes, por lo que deduje que debía haber una película, e inmediatamente supuse que un actor de su condición no se hubiese interesado en un guion mediocre y que, por tanto, el libro debía ser bueno. Sí, hice toda esa asociación mental. Y gracias a Ralph por aparecer en la portada fue que leí este libro y ¡menos mal que lo hice!

El jardinero fiel nos cuenta el periplo por el que atraviesa Justin Quayle, un diplomático inglés destinado en la embajada de Nairobi, Kenia, tras el asesinato de su esposa Tessa. De profesión abogada, Tessa encuentra su pasión ayudando a los más necesitados  en África y es en una de esas misiones humanitarias en que es asesinada. Junto a ella viajaba un respetuoso y atractivo médico que trabajaba para una ONG, pero que ha desaparecido. No encontraron su cuerpo junto al de Tessa, por lo que todo parece apuntar que fue un crimen pasional y que Arnold, el médico, es el culpable.

El asesinato de la esposa de un diplomático trae problemas bastante grandes en la embajada y por un tiempo Justin tiene que esconderse, tanto de sus amigos como de la prensa, que acosa su casa las veinticuatro horas en busca de una declaración. Por otro lado, la policía keniata no avanza demasiado en la investigación y tampoco parece tener interés en hacerlo. Los superiores de Justin, Sandy Woodrow y Sir Bernand Pellegrin están convencidos de que el diplomático dejará la investigación en manos del Scotland Yard, pero están equivocados. Justin, profundamente enamorado de su esposa, sabe que ella sería incapaz de engañarlo y aunque era consciente del hecho que Tessa y Arnold guardaban secretos, nunca pensó que Arnold fuese capaz de semejante brutalidad. De modo que, decidido a descubrir qué fue lo que pasó con su esposa, se embarca en una investigación que lo lleva por Inglaterra, Alemania, Canadá y de vuelta a Kenia.

Hasta acá, confieso que pensé que sería una novela de intrigas en la que, al final del camino, Justin descubriría que su mujer no era lo que pensaba y que efectivamente lo había estado engañando con el buen médico. Pero no, Justin sabía exactamente quién era su esposa. El verdadero motivo por el cual Tessa fue asesinada tiene que ver con una investigación que estaba llevando a cabo junto a Arnold. La investigación tiene que ver con un medicamento contra la tuberculosis que está siendo probado en la población de Kenia pero que no está dando buenos resultados, puesto que está poniendo en riesgo la vida de muchas personas. Tessa y Arnold comenzaron a molestar a las personas equivocadas y tuvieron que desaparecer.

Y este es el momento en que el libro me sorprende. Por varios motivos: para empezar, porque no lo vi venir y luego por la crítica que contiene. Justin se mete de lleno en el mundo de la industria farmacéutica, de las relaciones internacionales y de la injusticia con la que tienen que vivir todos los africanos. Punto a John por poner sobre la mesa un tema que muchos tienen olvidado. De verdad, estoy fascinada por este libro porque lo encontré absolutamente real.

No puedo evitar sacar a relucir a mi alter ego histórico. Desde el imperialismo del siglo XIX, los africanos son personas de segunda categoría. Para empezar, son negros y todos sabemos que los negros son inferiores a los blancos y, para seguir, son tan tontos que no pueden notar ni siquiera lo que tienen delante de sus narices por lo que pueden ser absolutamente explotados. Por favor, noten la ironía en mis palabras. Desde luego no es lo que yo pienso, pero ciertamente es lo que piensa muchísima gente.

En este marco de dominación, porque seamos honestos, aun libre e independiente, África sigue bajo el yugo de las grandes potencias, las grandes multinacionales se aprovechan de los conflictos locales para sacar beneficios económicos. En el caso de este libro, que Le Carré explora de manera brillante, la industria farmacéutica es la culpable. Han dejado caer en África un medicamento contra la tuberculosis que aún está en pruebas y que tiene efectos secundarios bastante malos, pero el dios beneficio (tal y como un personaje menciona) es mucho más fuerte que la perfección científica de la fórmula. La compañía farmacéutica maquilla las pruebas, hace desaparecer pacientes, soborna científicos y políticos.

Pero no tiene que ver sólo con eso, que ya es bastante malo de por sí, sino con el hecho de que África es el depósito de todos los medicamentos que no están aprobados en Europa y Estados Unidos. De nuevo, los negros son inferiores y no nos importa darles nuestras sobras defectuosas. De nuevo, por favor, capten mi ironía. Y esas afirmaciones no son cosas de Le Carré, porque he leído artículos al respecto que respaldan sus dichos. La industria farmacéutica deja caer en África los medicamentos “viejos” y con esto me refiero a aquellas medicinas que fueron reemplazadas por mejores fórmulas. Al regalarlas, no solo están ahorrando bastante dinero en almacenamiento sino que, además, obtienen muchísimo dinero en deducciones de impuestos.

Volvamos al libro por un segundo. La creadora de la fórmula descubre la cantidad de efectos secundarios negativos que tiene y muy, muy rápidamente comienza a perder crédito en la academia científica. No publican sus artículos, la echan de la universidad en la que trabaja, pero van mucho más allá… vigilan sus movimientos, pinchan las ruedas de su auto. Honestamente no conozco nada acerca de la industria farmacéutica, pero ni por un segundo dudo que esto sea mentira. Sí, entiendo que se trata de una novela, pero cuando miles de millones de dólares están en juego una simple empresa farmacéutica se puede transformar rápidamente en la familia Corleone.

Si me lo permiten, quiero compartir un par de frases del libro que dejan más que claro el fin de la compañía farmacéutica que aquí aparece. El auténtico problema es triple. Problema número uno: los efectos secundarios se ocultan deliberadamente en interés de los beneficios económicos. Problema número dos: las comunidades más pobres del mundo son utilizadas como conejillos de Indias por las naciones más ricas. Problema número tres: la intimidación por parte de las compañías impide el debate científico de estos problemas.

Unas cuantas líneas atrás dije que África estaba dominada por las potencias, pero no es cierto y uno de los personajes del libro nos lo deja muy claro: ¿Te crees que son los países los que hacen funcionar este jodido mundo? Pues vuélvete a las clases de catequesis. Lo que se entona hoy en día es “Dios salve a nuestra multinacional”. Las multinacionales dominan África. Las multinacionales, en realidad, dominan el mundo.

La temática y la crítica dura no es lo único brillante de este libro. Los personajes son magníficos, sobre todo Tessa y Justin, una pareja completamente diferente entre sí pero que se complementan de manera muy tierna. Él, diplomático de pura cepa, es un hombre de escritorio, completamente feliz con la vida que lleva y que sólo sacará su lado activo y luchador tras la muerte de su esposa. Ella, por otro lado, es una luchadora nata, seguidora de sus ideales hasta las últimas consecuencias, no le importa embarrarse en el barrio más marginal de Kenia siempre y cuando pueda ayudar a alguien, incapaz de hacer la mirada a un lado ante una injusticia.

A su alrededor oscilan una cantidad de personajes, desde enfermos, otros diplomáticos, trabajadores de distintas ONG´s, grandes ejecutivos de grandes empresas farmacéuticas y Le Carré en ningún momento descuida a cada uno de ellos. Todos son tratados con cuidado, imprimiéndoles una historia, una forma de entender la vida, una lealtad a la que aferrarse. Honestamente, por momentos, el libro me hacía preguntarme cuánto había de ficción en esos personajes y cuánto de ellos era cierto.  Estoy segura que habrá empleados de grandes empresas, farmacéuticas o no, que se dejan llevar por el dinero y dejan de lado la salud o el bienestar de las personas; estoy segura que habrá diplomáticos que siguen la cadena de mando sin cuestionar la moralidad de una sola orden; habrá trabajadores arrepentidos que no hablaron antes y dejaron morir a miles de personas; habrá trabajadores que no hablan porque están asustados.

De nuevo, El jardinero fiel me pareció un libro sublime. Lo recomiendo al cien por cien. Me hizo pensar, me hizo reflexionar, me hizo enojar… Le Carré deja un mensaje poco esperanzador, directamente relacionado a la visión ácida del mundo que deja ver en la novela, en el que los más poderosos seguirán manteniendo su cuota de poder y por muchas Tessa Quayle que aparezcan no serán las suficientes como para cambiar el status quo. Le doy cinco estrellas de cinco a este libro, solamente porque no puedo darle diez de diez.

Colleen Hoover – It ends with us

Ni siquiera recuerdo cómo llegué a leer esta novela. He leído a Colleen Hoover antes en Slammed y Ugly Love y aunque no me parecieron obras excelentes, me entretuvieron lo suficiente como para volver a tomar un libro con su nombre impreso.

It ends with us es un libro muy especial para la autora y eso se nota al leerlo, no solo por la temática que aborda, que tiene que ver mucho con su vida personal, sino por el modo en que está escrito y el amor que refleja.

Para serles honesta, es un poco difícil escribir esta reseña porque no estoy segura de quererles revelar de qué va la trama, porque ciertamente es una sorpresa y no quiero arruinarla. Sin embargo, en este blog siempre me propuse ser honesta con lo que pienso y regalarles esa honestidad en cada entrada… así que si no quieren saber de qué va el libro ni qué sentí al leerlo, este es el momento de retirarse. Quiero dejar claro que si quieren leerlo, deben adentrarse en él sin conocer nada al respecto por esta sorpresa que mencioné.

A partir de aquí, se quedan leyendo bajo su propia responsabilidad…

It ends with us es un libro sobre abuso y es un libro sobre un abuso intencional. Con esto quiero decir que la autora lo pensó deliberadamente de esa forma, no es como otros libros en los que la relación de los protagonistas termina siendo abusiva pero el autor lo disfraza con un amor destinado a suceder. No. Este libro es intencionalmente abusivo y para empezar, hay que darle un punto a Colleen por aventarse a escribir una novela sobre un tema tan controversial y hacerlo con tanto respeto como lo hace.

El libro nos cuenta la historia de Lily y Ryle. Lily creció en un pequeño pueblo de Maine, con un padre golpeador y una madre que aguantó la situación por muchos años hasta que enviuda. Al graduarse, Lily se muda a Boston y allí conoce al neurocirujano Ryle. Hay que admitirlo, el neurocirujano tiene su atractivo y conforme avanzan las páginas es inevitable sentir cierto aprecio por él. Hasta acá una novela típica de Colleen Hoover.

Por supuesto, Lily tiene un amor adolescente. Atlas es, para empezar, un nombre raro. Pero además, fue el amor adolescente de nuestra protagonista. Un amor adolescente que juró volver a buscarla y nunca lo hizo. Por aquel entonces, Lily escribía sus pensamientos y sus sensaciones respecto a Atlas en un diario que, curiosamente, lo dirigía a Ellen DeGeneres, lo cual me pareció muy peculiar y, por un momento, me hizo acordar a Cartas de amor a los muertos aunque, por supuesto, Ellen no está muerta. De modo que el libro narra, si se quiere, dos tiempos: el presente de Lily junto con Ryle y el pasado de Lily junto a Atlas.

Hasta acá una novela típica de Colleen Hoover.

Y entonces en una escena que parecía absolutamente ordinaria, Ryle la golpea. El shock es de Lily pero también fue mío, porque ni ella ni yo lo esperamos y eso es algo que debo destacar de la autora: me tomó por sorpresa. Me esperaba una típica novela rosa en la que ella terminaba decepcionada de su novio actual porque la había engañado o algo así y resurgía su amor por aquel novio de la juventud. Pero no. De pronto la novela vira hacia un camino mucho más pantanoso, turbio y comprometido.

Aquí hay que detenerse, porque la forma en la que la autora aborda el tema es muy respetuosa. Pasa lo que sabemos que pasa: él pide perdón, él jura y perjura que no volverá a ponerle una mano encima, ella lo perdona y el ciclo se vuelve a repetir. Lo curioso de la forma en la que la temática es abordada es que nuestra protagonista, habiendo vivido violencia familiar en su casa desde pequeña, siempre juró no ser de las mujeres que aguantaban, de las mujeres que se quedaban si algo así llegaba a sucederle. Sin embargo, Lily descubre que no es tan fácil abandonar a su marido porque no solo lo ama profundamente sino que, sacando esos momentos de ira, era un hombre muy atento. En este sentido es una novela muy real porque nos cuenta los sentimientos encontrados que Lily tiene y que, por lo que sé, también tienen todas las mujeres abusadas.

Como se pueden imaginar Atlas aparece en la ecuación, pero no tiene mucho protagonismo porque Lily está obnubilada con Ryle. Sin embargo, después de un episodio de violencia bastante duro, se refugia en la casa de su antiguo amor. Allí descubre que está embarazada y acá empiezan mis conflictos con la novela.

La protagonista está todo el santo embarazo pensando qué hacer respecto a su marido y la situación en la que se vieron sumergidos. Todo el santo embarazo. Recién cuando da a luz, decide decirle a su marido que: it ends with us. Esto termina con nosotros. Por supuesto, se refiere al ciclo de violencia en el que estaban envueltos, un ciclo de violencia que, si se quiere, había empezado con sus padres. Me parece una escena un poco forzada.

Por supuesto, como suele suceder, él tiene una justificación para ser así de violento. Al parecer siempre hay una justificación para eso, ¿cierto? Sin embargo, la novela no se centra en eso, lo cual es refrescante, aunque no deja de molestarme el hecho de que exista una justificación. Sí, problemas tenemos todos, pero no todos vamos por la vida maltratando gente. Sin ir más lejos, Atlas también tiene una vida compleja, pero sin embargo se repuso y vive una vida tranquila y digna.

Como decía antes, este es un libro muy especial para la autora porque tiene que ver con su historia personal. Su madre sufría maltratos de parte de su padre y la pequeña Colleen presenciaba esos momentos de violencia. La propia autora lo explica al final del libro y recién  entonces uno logra entender por qué aborda el tema de tal forma y no de otra. De nuevo, aplaudo su valentía, no solo porque se atreve a escribir sobre un tema complejo sino porque lo hace pensando en las jóvenes que la leen. Colleen Hoover tiene un público fundamentalmente adolescente y joven adulto y me parece fantástico que entre tanta mierda sacada de Disney, las mujeres de hoy sepan que el Príncipe Azul a veces es el Lobo disfrazado y que no todo parece color de rosa. Creo que eso fue lo que más me gustó del libro.

No es un libro que me haya disgustado, pero siento que, y a riesgo de sonar controversial, es una historia de abuso ligth. Sí, la autora se inspira en su historia familiar, una historia familiar que termina de forma feliz y que se traduce también en el libro. Pero voy a ser clara en esto: la mayoría de estas historias no terminan de forma feliz. En la mayoría de las historias, las historias de la vida real, las historias crudas y duras, la mujer termina siendo asesinada a manos de su novio, marido o ex pareja. En Uruguay cada 20 minutos, ¡20 minutos!, la policía recibe una denuncia por violencia de género. Desde enero de este año ha habido más de diez mujeres asesinadas por sus parejas. Más de diez mujeres asesinadas por la violencia patriarcal. Y me consta que las cifras son alarmantes en otros países. Así que perdónenme si este libro me parece un poco irreal.

No tengo duda de que existen otros casos, muchísimos por suerte, en los que las mujeres logran dejar a sus parejas y rehacer sus vidas. Supongo que ese era el objetivo de la autora. Sin embargo, la forma en la que lo aborda no deja de parecerme un poco irreal. En el tiempo que Lily y Ryle estuvieron separados, estuvieron separados, no hubo contacto entre ellos y ustedes y yo sabemos que muchas veces la distancia intensifica el abuso y es allí cuando el femicidio tiene lugar.

Siento que la autora quiso ser real y no termina de lograrlo a cabalidad. Y siento discrepar con todo aquel que lo haya leído y le haya parecido una historia dolorosa de abuso que los hizo llorar. No, a mí no me hizo llorar. Sí, me sorprendí mucho en un primer momento y luego eso fue todo. Me parece irreal. A ver, no estoy diciendo que me hubiese gustado leer un femicidio. Lo que digo es que, ya que la autora decidió aventarse en la temática, al menos podría haber hecho algo suficientemente real para que nos erizara las entrañas y nos hiciera concientizar a todos sobre la violencia patriarcal con la que tenemos que convivir. Entiendo, sin embargo, que el mensaje de una historia así es muy fuerte y que tal vez pueda herir la sensibilidad de las adolescentes que la siguen a Colleen y que es mucho más positivo una historia que muestra el sufrimiento y la valentía que tiene una mujer para salir de una situación de ese estilo.

Espero haberme hecho entender. Espero que no haya sonado muy feo lo que dije.

Por la forma en que aborda la temática, por la forma en la que me sorprendió, por los sentimientos encontrados de la protagonista, por la trama que yo encuentro irreal le doy tres estrellas de cinco a esta novela.

Netlix, la impaciencia y la hipermodernidad

Hoy tengo un día reflexivo y a propósito de un sentimiento personal, les traigo esta entrada crítica respecto a Netflix y al mundo del click en el que vivimos.

Todos estamos de acuerdo en que Netflix es, en los últimos tiempos, la plataforma digital por excelencia. Como les dije anteriormente, estoy en una etapa de policiales, así que leo novelas negras y también veo series. Me enganché con la remake de Hawai Five-0 y estuve todas las vacaciones de invierno en pijama, frente a la computadora esperando quince segundos entre un capítulo y otro.

Por desgracia, Netflix solo tiene hasta la temporada seis, así que tuve que bajar la siete y aunque les parezca mentira, no mantuve el mismo ritmo que tenía mientras lo miraba en Netflix. Mientras cerraba un capítulo y abría el otro, me colgaba en Twitter un rato, chequeaba el mail y miraba mi inicio de Facebook esperando algo fantástico que nunca llegaba. Entre un capítulo y otro me distraje, cosa que no me pasaba con Netflix.

Ayer, mientras cenaba con mi familia y mirábamos la televisión abierta, casi me viene un ataque de ansiedad en el corte comercial. ¿Por qué demoraba tanto? ¿Eran realmente necesaria tanta publicidad? ¿Diez minutos de espera? ¿Diez? Me levanté y volví a la computadora a esperar que algo fantástico apareciera en el inicio de Facebook. Y entonces me di cuenta… buscaba la inmediatez, buscaba todo procesado y listo para consumir, buscaba un “ya” que me satisficiera y me asqueé por unos segundos.

Netflix está al servicio de la hipermodernidad. Este es un concepto acuñado por Gilles Lipovetsky, un filósofo francés, en su libro Los tiempos hipermodernos. Allí, el filósofo menciona que a partir de los noventa dejamos de vivir en la posmodernidad y entramos, sin lugar a dudas, en la hipermodernidad que se traduce en hipercapitalismo, hiperindividualismo, hiperpotencia, hiperterrorismo, hiperrealismo, hipercomunicaciones, hiperrentabilidad, hipermercado, hiperplacer. Una de las características de esa hipermodernidad es la inmediatez.

Durante la modernidad la historia, la vida tenía un pasado, un presente y un futuro, pero esa premisa cambia con la hipermodernidad y rompe ese continum. Ahora, el pasado y el futuro son absolutamente prescindibles y nos centramos en el presente, que es lo único seguro que tenemos. Dice el propio  Lipovetsky se disuelven la confianza y la fe en el futuro, ya nadie cree en el porvenir radiante de la revolución y el progreso, la gente quiere vivir enseguida, aquí y ahora, conservarse joven y no ya forjar el hombre nuevo (2002: 9).

Sin embargo, Livotesky no es el único filósofo que aborda el tema. La temporalidad para Zygmunt Bauman está vinculada con la desaparición del largo plazo, la vida se vuelve básicamente presente, sin proyección. Lo más importante en la posmodernidad (es el término que él utiliza para estos tiempos en los que vivimos, a diferencia del filósofo francés) es sin duda el instante, el aquí y el ahora. La clara línea que desarrollaba la modernidad hacia el futuro se ha roto, transformándose en un supuesto frágil. El pasado también pierde solidez ante la tiranía e inmensidad del presente.

Esa inmediatez da lugar a la cultura de la urgencia. Esto se traduce, en una lógica de mercado, en que todo es descartable y rápidamente sustituible, desde los objetos hasta nosotros mismos. Esa urgencia, a su vez, genera impaciencia, porque no estoy dispuesta a esperar más tiempo del necesario para adquirir tal o cual producto, porque no estoy dispuesta a esperar el bondi más de cinco minutos, porque no estoy dispuesta a esperar al próximo capítulo de Game of Thrones y por eso me dedico a buscar spoilers por doquier porque necesito saber y lo necesito ya. Netflix lo entiende, Netflix lo sabe y lo usa a su favor.

Aquello de esperar una semana para ver qué pasa con nuestros personajes favoritos ya no corre, esa deliciosa tensión ya no aparece. Al menos en Netflix, por supuesto, porque HBO y las demás cadenas norteamericanas continúan con la antigua lógica, pero así les va. Menos HBO, porque es HBO y la calidad de sus series es muy superior, las demás cadenas se ven superadas por Netflix y están perdiendo el partido por goleada.

Las series son ahora grandes películas. Cualquier serie de Netflix tiene la producción y la calidad de una película hollywoodense. Las series son, entonces, películas de 13 horas que se ven de un tirón, porque nadie pausa una película, ¿cierto? Si nos ponemos a pensar, ya no nos recuerdan qué fue lo que pasó en capítulos anteriores porque lo tenemos muy fresco en la memoria, ¡si lo vimos hace unos minutos!

Algunas cifras que impactan, para que veamos la fuerza que tienen las series en el mercado: en 2015 la cifra de series realizadas en Estados Unidos alcanzó un nuevo récord: 409 dramas, comedias y miniseries fueron desarrollados por las cadenas de televisión abierta, por cable y plataformas. La cifra marca un crecimiento del 9% respecto a 2014, año en el que se desarrollaron 376 series; y un incremento de 94% si comparamos la cifra con 2009, que contó con 211 series producidas. En diciembre de 2015 Netflix llegó a los 75 millones de miembros en todo el mundo: está presente en 190 países y el año pasado sus usuarios pasaron 42.500 millones de horas viendo películas y series.

Netflix lo sabe. Netflix sabe que nos pasamos un fin de semana entero viendo los trece capítulos de Jessica Jones, Netflix sabe que también vamos a mirar los trece capítulos de The Defenders, Netflix sabe que necesitamos, que queremos esa inmediatez. No queremos esperar.

Pero esperar, niños, es sano. Esa inmediatez no siempre va a ser retribuida. Sí, Netflix va a tardar quince segundos en darte el próximo capítulo, pero vas a tardar más de quince segundos en conseguir un trabajo después de graduarte y ciertamente vas a tardar más de quince segundos en comprar una casa o un auto. La inmediatez a la que estamos acostumbrados, a la larga, nos lleva a la frustración. Estamos tan acostumbrados a recibir todo ahora, que es inevitable sentirse frustrado cuando no lo recibimos.

Pienso mucho en mis alumnos al escribir esto. Los chiquitos están acostumbrados a recibir todo procesado, desde Netflix hasta la forma en la que aprenden y no, hay que hacérselos difícil y pausado porque los estoy preparando para la vida, más allá de la Historia, y en la vida no hay nada inmediato.

Como les digo siempre: la paciencia es un don. La espera es sana, así que los invito, o más bien los desafío, a esperar un rato entre capítulo y capítulo, porque la inmediatez no es más que el resultado de la hipermodernidad en la que vivimos y, cuando menos, tenemos que ser un poco críticos con el mundo en el que vivimos.

 

 

 

 

 

 

Opiniones impopulares booktag

Libro o saga popular que a ti no te gustó

Cincuenta sombras de Grey. Sí, por fortuna sé que no soy la única, pero en su momento hubo, y los debe haber aún, una cantidad de personas que amaron la novela. Leí la trilogía y si bien debo confesar que me enganchó, una vez que los terminé y los puse bajo ojo crítico, pensando seriamente en el mensaje que quería trasmitir y en la forma en la que lo hacía, pasó automáticamente a la lista de libros que no me gustaron.

 

Libro o saga popular que todo el mundo odia pero que a ti te encantó

Dan Brown recibe muchas críticas porque moldea la historia a paciere, porque su prosa es aburrida o porque sus libros parecen una guía turística, pero aun así me gusta. Me parece fantástica la forma en la que mezcla historia con actualidad e inmiscuye estas dos variables en una ciudad, creando una novela de aventuras maravillosa. El hombre combina dos de las cosas que más me gustan en este mundo: narración e Historia.

 

Triángulo amoroso que el/la protagonista no terminó con quien tu querías

Naturalmente, primero pensé en el Trío Dorado, pero para ceñirme a la realidad nunca entreví aspiraciones románticas entre Hermione y Harry y si bien Ron no termina de convencerme, para mí siempre fue bastante obvio que terminaría con Hermione.

Probablemente, y siento remitirme a algo tan malo y antiguo, resentí que Bella terminara con Edward. De nuevo, siento nombrar a Crepúsculo en el blog. Hermione estaría avergonzada de mí, pero lo cierto es que Edward nunca me gustó mucho. Hubo un gran boom por Edward como personaje y como hombre que todas las mujeres querían tener y nunca pude entenderlo. El tipo la acosaba, no la dejaba vivir, no le daba libertad y, además, quería matarla todo el tiempo. Jacob siempre pareció una opción más sana y creo honestamente que Bella hubiese sido feliz a su lado, pero allá Stephanie…

Y si hablamos de cosas buenas… nunca entendí que Katniss se quedara con Peeta. Gale parecía una opción mucho mejor.

 

Género popular que raramente lees

Ciencia ficción. No sé por qué, pero no me gusta. Me gustaría explayarme más en este punto, pero realmente no tengo mucho para decir, solo no me gusta. Sin embargo, dentro de mis propósitos está leer los tres o cuatro libros de ciencia ficción más icónicos de todos los tiempos: 1984, Rebelión en la Granja y Un mundo feliz.

 

Personaje popular muy amado que no te gusta

Four/Tobias de Divergente. Leí Divergente y me gustó y todo, pero Four se me hizo el típico chico malo con pasado tormentoso que no conocía el amor hasta que Tris llega a su vida para revolucionarlo todo. Basta con eso. ¿Es que acaso no podemos ser más creativos?

 

Autor/a muy popular que no te termina de convencer

No sé qué tan popular sea, pero nunca pude entrarle a Jorge Luis Borges. Amé La casa de Asterión, así que pensé que sus otros cuentos podrían llamarme la atención, pero nunca terminé de leer el libro. Para serles honesta me siento un poco avergonzada de esto, porque el hombre recibió un Premio Nobel y es un autor muy destacado de la literatura latinoamericana, pero no pude con él. Lo siento.

Por otro lado, John Green no me gusta ni un poco. Cuando salió Bajo la misma estrella hubo un gran boom alrededor de su nombre y sus obras. Ese libro puntual no lo leí, pero leí Buscando a Alaska y no me gustó ni un poco, tan así que ni ganas de leer sus otras obras. Un hombre sobrevalorado.

 

Tópico popular que estás cansado de leer

La chica absolutamente normal que vive una vida absolutamente normal, con una familia normal y amigos normales que, de pronto, descubre que tiene poderes alucinantes más allá de la comprensión humana y que está destinada a salvar el mundo. En serio, basta con esto.

 

Saga popular que no tienes ningún interés en leer

Los Juegos de hambre. Sí, lo sé, muy impopular. En su momento, este libro inició el boom de las distopías juveniles y todos estaban enganchadísimos con lo que pasaba en Pandem. Vi las películas y las disfruté, pero por alguna razón no me llama la atención el libro. No sé si es porque la distopía no es un género con el que me sienta cómoda o simplemente porque no me interesa, pero el punto es que no lo voy a leer.

 

Serie o adaptación cinematográfica que te gustó más que el libro

Siento que el odio llegará a mí, pero realmente pienso que la adaptación cinematográfica del Señor de los Anillos es mejor que el libro. Tolkien es denso. Así, sin medias tintas, me parece un narrador denso, que colma el libro de detalles insignificantes que no agregan nada a la trama. La película, por otro lado, me parece una belleza del cine.

Julia Navarro – Historia de un canalla

Recuerdo perfectamente el momento en que un libro de Julia Navarro llegó a mis manos. Tenía tal vez dieciséis o diecisiete años y, como ahora, leía mucho pero en ese entonces no tenía dinero propio para comprar libros y el padre de una de mis mejores amigas solía prestarme. Lee este que te va a gustar, me dijo. Yo confié en él y menos mal que lo hice. Dime quien soy es de mis novelas históricas favoritas y Julia Navarro, desde entonces, se convirtió en una de mis escritoras favoritas. He leído cada libro publicado y eso no lleva a la reseña del día de hoy: Historia de un canalla.

Cuando me enteré que este libro saldría a la luz, me emocioné de inmediato, pero de pronto la curiosidad comenzó a picarme con fuerza porque la propia Julia se encargaba de decir que no era un libro igual a los anteriores, no era una novela histórica, lo que me hacía preguntarme de qué se trataba.

Historia de un canalla nos cuenta la historia de Thomas Spencer, un canalla. Está escrita en primera persona y todo el tiempo Thomas parece estar buscando comprensión, a pesar de su declarada falta de interés por el qué dirán. La primera persona del singular no parece ser una buena decisión para conocer el personaje, porque si bien todo el tiempo está queriendo demostrar que es muy malo, la mayor parte del tiempo parece un niñito caprichoso, envidiosos e inseguro. Además, muy a menudo se le escapan a Thomas comentarios, sentimientos o pensamientos de terceros que, en una redacción en primera persona, no tendrían lugar.

El libro parte de la premisa de que Thomas es un canalla y está todo el tiempo reforzando esa idea mediante el relato de su vida, de las cosas que lo llevaron a ser una mala persona y cómo desde muy chico se ha comportado fatal con todas las personas que lo rodean. Y aquí Julia introduce un recurso interesante: en cursiva Thomas narra lo que hubiese podido hacer ante ciertas situaciones si no fuese un canalla. Parecería un recurso creativo si esa introspección lo llevara a arrepentirse de alguna forma de sus acciones, pero no lo hace, por lo que parece una pérdida de tiempo porque se termina leyendo un mismo día o una misma situación desde dos puntos de vista que realmente no aportan nada a la trama. Para serles honesta, esta doble narración no me gustó mucho porque se me hizo lenta y me daba la impresión de que no estaba avanzando en la lectura, además de que no le encontré sentido.

Lo interesante de esta novela es Thomas Spencer. Lo conocemos de niño, celoso de su hermano menor, racista y clasista, un niño que desprecia a su propia madre porque es latina y tiene la tez oscura, que él termina heredando, y admira a su padre y sus abuelos por ser blancos y llevar a cabo el ideal de vida americana. La relación de Thomas con la madre es probablemente lo más difícil de sobrellevar del libro, simplemente porque el niño es malo y la trata de forma muy, muy fea.

Otra de las situaciones difíciles de llevar es la forma en que Thomas trata a las mujeres, tanto a su esposa como a sus amantes. Es denigrante, absolutamente machista, misógino y realmente molesto para cualquier lector con cierto sentido del mundo actual. Difícil de comprender, asimismo, porqué ninguna de esas mujeres no lo mandó a la mierda al primer desplante. Por suerte, algunas de ellas se rebelan en determinado momento de la novela y cuanto menos, genera alivio.

Profesionalmente el personaje se dedica a la publicidad enfocada en la política y sin duda este es un punto interesante de la novela. Parece claro que Julia quería darnos a conocer la forma en la que el mundillo de la publicidad se maneja, la forma en la que se manipula la opinión pública, en la forma en la que nos incitan a comprar tal o cual producto, a votar a tal o cual candidato. Julia nos muestra el mundo de la publicidad como un mundo lleno de hombres inescrupulosos, capaces de hacer y decir cualquier cosa con tal de lograr el contrato que están buscando o de vender el producto, así sea una persona o un bien manufacturado.

Sin lugar a dudas le doy un punto a Julia, porque creó un personaje con el que no se puede simpatizar. Ni siquiera un poco, se los aseguro. Todos conocemos personajes malos que en determinado punto se arrepienten o, podemos ver también, personajes que resultan malos producto de una vida miserable, pero ninguno de las dos opciones es el caso de Thomas. El hombre es malo porque quiere y eso, no solo me pareció original sino también interesante.

La única crítica que tengo, y esto contiene spoiler, es que no me terminó de cerrar la forma en la que resuelve el destino del personaje. Está bien que los venenos sean armas típicamente femeninas, no me molesta el veneno en sí (aunque me parece un final demasiado liviano para un tipo de su calaña), lo que me molesta es que el tipo sabe que lo están envenenando y no hace nada. O tiene una aparición extraordinaria de su consciencia en el último momento, que a voz en grito le dice que se merece morir de esa manera porque toda la vida fue un mal tipo, o sencillamente fue estúpido. Fue lo único que me hizo un poco de ruido sobre el final, sobre todo porque nunca verbaliza con sus mujeres que sabe que lo están envenenando. Fue un poco raro, pero esa es mi única pega.

Ni remotamente es el mejor libro de la autora, pero le doy crédito por dar semejante salto de fe, dejar la comodidad de sus novelas históricas e inmiscuirse en una novela original, no por lo que cuenta sino por el modo en el que lo hace. Todo el libro es una crítica maravillosa a la sociedad en la que vivimos, crítica dura y descarnada que pone de manifiesto el modo en que entendemos el mundo hoy en día. Se inmiscuye de una forma primitiva en la mezquindad humana, en la ambición, en el egoísmo, en la codicia que me pareció extraordinaria. En este sentido me parece maravilloso.

Asimismo, Thomas Spencer es un personaje de primera y se lleva toda la atención por ello. Sí, es un hombre caprichoso, envidioso, inseguro, con claros complejos respecto a su pasado y a su madre y con una tendencia destructiva respecto a las mujeres de su vida, pero todos conocemos un Thomas Spencer y creo que ese es el éxito de la novela. El mundo que Navarro describe ese el que todos vivimos y, por tanto, todos conocemos en mayor o menor medida una persona que eligió deliberadamente ser mala persona, mal compañero, mala pareja, mal amigo. Los desafío a pensar en alguien así en sus vidas, van a ver que van a encontrar por lo menos a una.

A pesar de que es un libro que a veces se torna pesado por la doble narración, por la cantidad de detalles irrelevantes a la trama y por el sinfín de ejemplos de malas decisiones del personaje principal, le doy cuatro estrellas de cinco por la crítica social que tiene y por el riesgo que tomó la autora al adentrarse en el mundo que conocemos.