John Grisham – El secreto de Gray Mountain

Me regalaron este libro en Navidad y a pesar de que ya había leído a John Grisham y no me había gustado mucho, decidí darle una oportunidad. Y a diferencia de otros libros que me han sorprendido para bien, Grisham vuelvió a decepcionarme. Sé que hay otros lectores a los cuales les fascina, pero en lo personal siento que no termina de resolver las historias: arranca bien, con fuerza,  resultando interesante y en el camino se pierde y el libro termina siendo medio pelo.

El secreto de Gray Mountain fue publicado en el 215 y ya les adelanto que, como podrán imaginar, no me gustó mucho. El libro nos cuenta la historia de Samantha, abogada de un prestigioso bufete en New York a la que, por reducción de personal a propósito de una muy mala racha, despiden. Esto trae como consecuencia inmediata la pérdida de su seguridad y la salida de su zona de confort, puesto que la empresa le ofrece darle un año de licencia sin goce de sueldo y volverla a reincorporar cuando la situación mejore, siempre y cuando pasa ese año haciendo trabajo honorario en una ONG. Por descontado, acostumbrada a la vida citadina y galmurosa de New York, nuestra protagonista no está para nada feliz con la propuesta, sobre todo porque tampoco es seguro que haya un trabajo al volver, pero termina aceptando con tal de no perder la posibilidad.

Este cambio en su norte la lleva a Brady, Michigan, donde una asesoría legal la ha aceptado. De este modo, la neoyorquina y citadina Samantha emprende camino hacia sectores más rurales, dejando atrás los grandes rascacielos para sustituirlos por Los Apalaches, una cadena montañosa al este de Estados Unidos. Asimismo, deja atrás los contratos sobre construcción a los que se dedicaba en bufete y pasa a asesorar a gente pobre en un pequeño pueblito perdido. La mayoría de esas personas son trabajadores de las minas de carbón padeciendo una enfermedad a la que se conoce como pulmón negro.

Por lejos, varios cuerpos por lo menos, lo más interesante de este libro es la minería a cielo abierto, que es a lo que se dedica la mayoría de los habitantes de Brady. A diferencia de la minería tradicional en donde se hace un túnel en la montaña para escavar en buscar de carbón o metales, las minas a cielo abierto se desarrollan en la superficie del terreno, siendo necesario, primero, retirar casas, árboles y demás. Esto, sin lugar a dudas, desplaza a cantidad de gente de sus hogares, con todas las estratagemas de las grandes corporaciones que ello implica, que van desde el acoso hasta la amenaza para vender o el pago por los permisos de explotación que no tienen relación con las ganancias que genera. Además de esto, que de por sí ya es terrible, le agregamos la desforestación obligatoria y el daño que eso hace a la Tierra. Por último, y esto es realmente tremendo, no se excava la montaña sino que se explota. Sí, se dinamita, dejando la montaña reducida a… nada.

Me pareció fascinante toda la temática y, repito, es por lejos lo más interesante de libro, no solo por la parte “teórica”, sino por todo lo que el procedimiento genera. Y no me refiero solo en el medio ambiente y le doy un punto a Grisham por meterse en un tema peliagudo, sino en la vida de las personas, desde aquellas que se han visto desplazadas de sus hogares por la explotación, aquellas que se quedan sin trabajo porque las corporaciones se mudan a otras montañas luego de dinamitar esa y por lo que le genera en la salud a los trabajadores.

La enfermedad del pulmón negro es típicamente minera y, en realidad, no es propia de este siglo. Apareció cuando las minas de carbón fueron furor en el siglo XVIII y XIX en Inglaterra durante la Revolución Industrial y, básicamente, se trata de una enfermedad incurable provocada por la inhalación del polvo de carbón y que, en casos extremos, requiere de la necesidad de suministrar oxígeno las veinticuatro horas. Fuerte.

Samantha termina trabajando para otro abogado, paladín de la defensa de los trabajadores y enemigo acérrimo de las grandes corporaciones. El papel de Donovan me gusta mucho porque se pone al hombre casos que otros abogados considerarían un suicidio simplemente porque van en contra de grandes empresas que tienen un centenar de abogados que pelearán con uñas y dientes buscando cualquier vacío legal. Sin embargo, él no tiene problema en tomarlos porque entiende que son personas estafadas por estas empresas al no cobrar según los beneficios de la explotación, afectadas por una enfermedad terrible que es culpa de la negligencia de la empresa y de la cual no se hace cargo. Lo interesante de Donovan es que no es un abogado que juegue limpio. Si las empresas eluden la ley, él también puede hacerlo, es su filosofía.

Lo cierto es que aprendí cantidad con este libro y le doy un punto a John por eso.

Sin embargo, aparecen otros casos lejanos a la minería. Desde una señora que quiere desheredar a sus hijos, lo cual se convierte en un escape humorístico, o una mujer maltratada por su esposo que quiere pedir el divorcio hasta el traficante de drogas. Estos casos, lejos de parecer aburridos, dan cuenta de la vida del pueblo y si bien tienen cierta cuota de crítica social, entiendo que son más bien relleno porque la vedette del libro es la minería a cielo abierto.

Samantha es un personaje que evoluciona mucho y eso me gustó. De estar trabajando para los poderosos en New York, pasa a trabajar para los que realmente lo necesitan pasando a ser, para ellos, una auténtica salvadora. Empieza siendo una simple pila de papeles en un escritorio y se termina convirtiendo en una persona involucrada en los problemas de otros y el cambio se me hizo muy agradable. Sin embargo, el cambio no es repentino dado que, en un principio, se siente incómoda ante la incertidumbre de un nuevo trabajo y un nuevo lugar para vivir, y ese detalle me pareció muy honesto de parte del escritor. Lo agradecí.

Más o menos a mitad del libro hay un giro argumental que me sorprendió y que me dejó en shock durante un ratito. Sin embargo, después de ese punto álgido, el libro no pudo recuperar ese interés que me generaba y a partir de allí fue decayendo más y más. Ese fue el punto en el que siento que Grisham perdió un poco el norte y desvarió, lo que terminó haciendo de la segunda mitad de la novela algo raro, inconcluso y poco atrayente. El final es simplemente raro. Ya les digo, después de ese giro que me pareció fantástico y, en cierta forma, necesario, el libro perdió fuerza y terminó dándose contra la banquina.

Sin embargo, rescato y aplaudo la temática. Me parece muy valorable que se le dedique un libro entero a la crítica social, económica y medioambiental. Eso realmente me pareció una maravilla. Lo demás, medio pelo. Honestamente no sé si darle otra oportunidad a Grisham o no, dicen que la tercera es la vencida, pero no estoy segura. Lo cierto es que para mí, este libro merece tres estrellas de cinco.

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Ken Follet – La caída de los gigantes

Seamos honestos: uno vive de recomendaciones. Este libro en particular me lo recomendó mi novio, sabiendo ya de antemano que me iba a encantar simplemente porque combina dos cosas que me fascinan: una buena historia y la Historia.

La caída de los gigantes es un libro de Ken Follet publicado en el 2010 y es la primera entrega de una trilogía que abarca los acontecimientos históricos del siglo XX; lo cual, déjenme decirles, promete mucho. En este libro nos cuenta, a través de la vida de cinco familias (británicas, alemana, rusa y estadounidense) qué es lo que pasa en el primer cuarto de siglo XX, que incluye, naturalmente, la Gran Guerra y la Revolución Rusa. Ya les digo que me fascinó y siéntanse en libertad de agregarle al verbo mayúsculas, negritas, subrayado y luces de neón, porque realmente me fascinó.

Lo curioso de este libro es que las cinco familias que retrata son bien diferentes. De hecho, tan diferentes que están en las antípodas de las clases sociales, del pensamiento y de la forma de entender la vida, lo cual lo convierte en un libro interesante y atrapante desde la primera página. Comencemos por los ingleses. Aquí tenemos dos familias y dos familias muy diferentes: los Fitzherbert, nobles de la vieja usanza, propietarios de las minas de carbón del pueblo y los Williams, mineros del pueblo. La primera familia está compuesta por el Conde, la cabeza de la familia, un arrogante conservador con una banca en la Cámara de los Lores y Maud, su rebelde hermana que apoya la democracia y el sufragio femenino y a la cual amamos cantidad.

Los Williams, por otro lado, son cuatro integrantes: David, un hombre muy religioso, miembro activo del sindicato minero, lo cual me pareció interesante porque pone en el tapete la importancia del sindicato en lo que tiene que ver con la lucha obrera por la mejora de las condiciones de trabajo y Billy y Ethel, sus hijos, quienes lucharán, cada uno a su modo, por sus derechos, la emancipación de la clase obrera y de las mujeres. La familia tiene una madre, no crean que me olvidé de ella, pero no es para nada relevante. Todo lo que voy a decir es que el día que Billy empieza a trabajar en la mina, entusiasmadísimo con sus trece años ya cumplidos, es una escena maravillosa de leer por el sofoco que da, porque nos podemos meter con él en la oscuridad y porque da cuenta de una realidad obrera muy precaria.

Si bien el destino de las dos familias inglesas es lo que más quise leer, por la historia de amor prohibida que se desarrolla y que no pienso spoilear, tal vez lo más interesante es la historia de los hermanos Peshkov y su participación en la Revolución. Follet ilustra a la perfección la vida zarista pre revolucionaria, con el hambre, el descontento y las movilizaciones obreras de 1905. De verdad, una belleza. Los dos hermanos quieren, previo al estallido de la revolución, emigrar a Estados Unidos, donde no existen reyes que los controlen y en donde saben que no morirán de hambre. Sin embargo, una mujer se cruza en sus caminos y uno de ellos, debe huir solo hacia “el sueño americano” y conforme avanza el libro, ideológicamente, los hermanos, en la distancia, se van separando aún más. Grigori, el hermano que se queda en Rusia, camina hacia la revolución y el socialismo, mientras Lev, el que emigra, camina cada vez más a la sociedad de consumo, el mercado y el capitalismo. Una diferencia que me resulta muy interesante y enriquecedora y que, además, presagia lo que varias décadas después será la Guerra Fría.

Los alemanes. El más importante y el verdaderamente interesante para la trama es el diplomático y militar Walter Von Ulrich. Amigo del Conde Fitzherbert, y enamorado de su hermana Maud, Walter debe partir a la guerra, generando la angustia de su amada. Me pareció muy atrapante cómo Follet trabaja la idea de los nacionalismos. A pesar de que son amigos, la relación entre el Conde y Walter se ve seriamente afectada cuando la guerra está por estallar, porque cada uno defiende a su propia patria y su propia nación. De nuevo, una belleza. Además, un detalle que me pareció interesante (y juro que hago un esfuerzo para no decir tanto esa palabra) son las diferencias que Walter tiene con su padre, un alto General germano que peleó la guerra franco-prusiana y que se cree conocedor absoluto de la vida en guerra, sin entender que la lógica de la batalla comienza a cambiar con la tecnología.

Los estadounidenses, el menos en este libro, no me parecen nada extraordinario. El que lleva la historia adelante es Gus Dewar, el joven hijo de un senador que se convierte tempranamente en el asistente del Presidente Wilson. Lo más atrayente de esto es conocer la interna de la Casa Blanca y el manejo diplomático previo a la Guerra, sobre todo las presiones por las que tiene que pasar Wilson para entrar a la guerra.

Varias cosas a agregar a partir de aquí. Primero, cabe aclarar que el libro se divide en tres partes, sin contar en prólogo. En él, como he mencionado, Billy empieza a trabajar en la mina de carbón con apenas trece años. La edad en la que los niños deberían estar jugando a la pelota, si me dejan agregar. La primera parte presente a las cinco familias y los personajes principales de cada una de ellas, pero también relata de forma exhaustiva cuáles fueron las causas de la Guerra y cómo es que se vive esa tensión antes de que todo explote. La segunda parte es, tal vez, la más densa pero no por eso la menos interesante. Aquí nos metemos de lleno en los conflictos bélicos, narrando con detalles algunas batallas fundamentales como la del Somme. Aunque a muchos les puede aburrir este apartado, en lo personal me gustó mucho porque relata sin medias tintas y sin adornos qué tan cruenta, dura y visceral es la guerra. Aquí hay sangre y vísceras en el campo de batalla, robo de botas y demás abrigo a los cadáveres y bombas que explotan a unos pocos metros. Además, este apartado relata, cosa que me gusta mucho, la Revolución Rusa y cómo Lenin, sus amigotes y Gregori echan por tierra con el reinado de los Romanov. Por último, vemos el fin de la Primera Guerra, los diversos tratados que hunden a Alemania (las escenas de Versalles son espectaculares) y el estado de la Rusia tras la revolución.

Cabe aclarar, por si no ha quedado claro, que este es un libro histórico, como se habrán dado cuenta, y que, por tanto, se trata de una ficción basada en hechos históricos. Follet tiene la decencia de explicitar, al comienzo del libro, qué personajes son invención suya y cuáles son puramente históricos, lo cual, debo confesar, me gustó mucho por la sinceridad. A ver, como profesora de Historia, sé cuáles son históricos y cuáles no, pero las personas que no conocen de Historia y que se acercan a este libro, necesitan saber dónde está la diferencia y ese detalle me pareció un gesto muy honesto de parte del autor, no solo por lo que acabo de mencionar sino porque también ayuda a la lectura, sobre todo porque hay muchos personajes dando vueltas por allí y es fácil perderse.

Tercer punto a tratar. El trabajo de investigación y documentación es excelente. De verdad, lluvia de papelitos, aplausos y besos para Ken Follet porque la precisión con la que aborda los temas es realmente fabulosa. Y no hablo sólo de los hechos históricos, que dan cuenta de una lectura por parte del autor bastante seria, o por lo menos de un asesoramiento profesional, sino de los pequeños detalles. Hablo del vestuario, de los objetos cotidianos, hasta los vehículos, el armamento que nos meten de lleno en el mundo de principio de siglo y que le da insumos para que la ficción parezca más y más real.

Los personajes. Señores, los personajes de este libro son espectaculares y creo, sin lugar a dudas, que son el punto más fuerte de las mil páginas. Complejos, grises y variados. Si bien estoy de acuerdo con algunos lectores que dicen que son algo estereotípicos, porque algunos sí lo son, especialmente el Conde y Billy, estoy en total desacuerdo con los que dicen que son planos. Son personajes complejos que tienen sus matices. Además, Follet nos ofrece variedad.  En este libro hay personajes para todos los gustos, desde un aristócrata conservador que se hace odiar, hasta un ruso fácil de corromper que sólo piensa en el dinero hasta dos mujeres que luchan con uñas y dientes por sus propios derechos. Los personajes enriquecen a la historia y le dan un toque fantástico que terminan por generar cariño. Gregori, Ethel y Maud son, por lejos, mis preferidos.

Durante un tiempo pensé que mi novela histórica favorita sería por siempre Dime quién soy de Julia Navarro, pero Ken la desplazó por varios cuerpos, simplemente porque este libro lo tiene todo. Mezcla de forma magistral la historia del primer cuarto de siglo XX con aventuras, acción, mucho romance y drama humano, que pone de manifiesto qué tan lejos está dispuesto a llegar el ser humano para conquistar lo que cree que es suyo por derecho, incluyendo guerrear por orgullo y el nacionalismo. En serio, este libro no tiene desperdicio y por eso le doy ciento veinte estrellas de ciento veinte.

Pijamada literaria booktag

  1. Personaje más escandaloso

Por lejos, los gemelos Fred y George. Molestarían toda la noche con sus chistes, bromas y los productos de su tienda. Y yo amaría cada segundo de eso.

  1. Personaje que más dormiría

Sin lugar a dudas, yo. No es ningún secreto que me gusta dormir mucho.

  1. Personaje más agresivo o salvaje

Aunque no iría muy con la onda juvenil, invitaría a Tormund Matagigantes porque es gracioso y las conversaciones en las que aparece son ejemplares, porque también fue besado por el fuego y porque encontraría graciosa la historia de él y la osa.

  1. Personaje que ayuda a organizarlo todo y no conforme quiere mantenerlo todo en orden

Sidney de Bloodlines. Una saga que me gusta mucho, un universo interesante y un personaje muy correcto, construido además con solidez. Y como no quiero dejarla afuera de mi fiesta de pijama, the one and the only… Hermione Granger, la friki del control.

  1. Personaje más popular de la pijamada

Harry Potter. Sería el primer invitado sin dudarlo. De hecho, creo que iría personalmente a invitarlo y a rogarle que asistiera.

  1. Personaje que se encarga de los disfraces

La pregunta que hay que hacerse es: ¿por qué usaríamos disfraces en un pijama party?

  1. Personaje más miedica de todos

Por supuesto que de forma automática pensé en Peter Petigrew, pero no quiero ratas en mi fiesta. Así que me decido por Draco Malfoy, porque a su modo, también es un cobarde.

  1. Personaje que es el primero en emborracharse

Porque lo amo y es uno de los personajes más gracioso de la saga de George R.R. Martin: Bronn, Señor del Aguasnegras. Portador, además, de un humor sarcástico excelente y sin dudas, un hombre que aguanta el alcohol sin problemas.

  1. Personaje más viejo de la velada

Dumbledore y Gandlaf. No solo harían competencia de quién es el mago más poderoso y qué tan largas son sus barbas, sino que nos contarían historias fascinantes sobre su larga experiencia de vida. Sí, ya estoy alucinando. Ya estaba por terminar y se me ocurrió: Magnus Bane. ¿Acaso imaginan una fiesta con toda esta gente?

  1. Personaje más gracioso de la noche

Simon y Jace de Cazadores de Sombras, me encanta ese dúo. Es inevitable reír al leerlos. Y también Fred y George y también Tyrion Lannister. ¡Es que no lo puedo evitar!

  1. Personaje que iniciaría una guerra de almohadas

Probablemente Rose Hathaway de Vampire Academy. O, tal vez, Merry y Pippin de El Señor de los Anillos. O tal vez Percy de Percy Jackson. Hay tantos personajes traviesos…

  1. Personaje con la ropa más atrevida

Isabelle de Cazadores de Sombras, obviamente, por lo sensual. Y por sus combinaciones estrafalarias y sus medias de abeja, Lou de Me before you.

  1. Personaje más tímido

Cath de Fangirl. Tal vez esté allí, pero todos sabríamos que estaría pensando en qué va a hacer con Simon y Baz en su próximo capítulos. Probablemente se sentaría en un rincón, se abrazaría las rodillas, apoyaría el mentón en ellas y se dejaría llevar por sus propias historias, sin prestar a atención a todo el desmadre de alrededor.

  1. Pareja más llamativa de la noche

Luna Lovegood y Harry Potter. Sí, sé que no son pareja, pero creo que Harry la invitaría a ella como amigos solo para pasar una noche distendida, tal y como hizo con la fiesta de Halloween del Prof. Slughorn. Además, Luna, por supuesto tendría un pijama verde fosforescente con girasoles y rosas rojas. O algo igual de escandaloso.

  1. Personaje que sería tu pareja de baile

Eric Northman. Eric Northman. Eric Northman por siempre.

  1. Personaje con quien dormirías o en caso de no dormir, vería el amanecer contigo

Creo que vería el amanecer con Tyrion Lannister y no, no me avergüenza admitirlo. Es de mis personajes favoritos de la saga del viejo George y me juego la vida a que el hombre debe tener una conversación interesante, así que sí… ver el amanecer conversando sobre la vida con Tyrion.

Mario Benedetti – La tregua

Cuando empezó el año me fijé una meta literaria: clásicos y autores uruguayos. Ya les adelanto que vengo fracasando de forma violenta y estrepitosa. Entre mis autores uruguayos pendientes figuraban Benedetti y Galeano, tal vez de los dos escritores uruguayos más importantes del siglo XX y de más renombre en América Latina. Así que allá, por principios de abril, tomé prestado de la biblioteca de mi prima un libro de Benedetti y solo lo hice porque se trataba de él. No conocía el libro ni la trama ni nada y como me viene sucediendo con las lecturas nuevas, me sorprendí.

La tregua de Mario Benedetti es una belleza. En serio, léanla. Una belleza. Escrita en 1959, nos cuenta la historia de Martín Santomé, un hombre de cuarenta y nueve años que está al borde de la jubilación. El libro es, en realidad, el diario que Martín lleva durante el transcurso de un año, desde que empieza los trámites de jubilación hasta el momento en que se hace efectiva. Como tal, el libro nos muestra los pensamientos más honestos, divertidos, grotescos y desalmados de nuestro personaje, lo que termina siendo un soliloquio bastante profundo con ciertos momentos filosóficos que son de lo más interesantes.

Martín quedó viudo a temprana edad y tuvo que afrontar la crianza de sus tres hijos solo, así que nos terminamos enterando, de una manera u otra, cómo fueron esos años, qué es lo que él considera que hizo mal con sus hijos y qué es lo que considera que está mal en él. Los cuatros, tanto el padre como los hijos, terminan teniendo problemas entre sí y eso me pareció muy real. Asimismo, los pensamientos de nuestro personaje hacia sus hijos son tan honestos y descarnados que a veces duelen. En lo personal, me molestó muchísimo la reacción que tiene al enterarse que Jaime, uno de sus hijos, es gay. Sí, entiendo que son los finales de los cincuenta, pero no deja de molestarme la situación. Palabras como “enfermedad”, “desviación” salen a la luz y me molesta y duele.

Sin embargo, la historia principal es una historia de amor. A poco tiempo de empezar el diario, aparece Laura Avellaneda, la única mujer de una nueva camada de empleados que empieza a trabajar en el mismo departamento donde él trabaja. No crean que es un amor a primera vista. Ni a segunda, a decir verdad. O tercera, para ser justa. No, por supuesto que no, Benedetti es mucho mejor que eso. Fue un amor que sorprendió a nuestro personaje y de a poco, demasiado tímidamente comienza una historia de amor que, sin dudarlo demasiado, es de lo más tierno que he leído jamás, del tipo de amor puro y sincero del que ya no se lee. Una auténtica belleza. Avellaneda se vuelve el motor en la vida de Santomé que, después de tantos años, lo hace sentir vivo nuevamente.

Antes de la aparición de este personaje, Martín vivía sus días entre el hartazgo de la cotidianidad en el trabajo y en su propio hogar, en donde no la pasa bien porque la relación con sus hijos es, por lo menos, tirante. En definitiva, hasta el momento en que Avellaneda aparece, Martín es un infeliz con todas las letras. Transita por la vida sin vivirla realmente. El mensaje que se esconde debajo, la idea de que el amor puede despertar cualquier letargo y hacer feliz hasta al hombre más gris, me parece maravilloso.

Aunque, por supuesto, no es que todo sea rosa entre los dos. Martín tiene pegas, simplemente porque Avellaneda tiene veinticinco años. Le dobla en edad y aunque ella le corresponde, hay un debate moral bastante curioso. ¿Qué va a pasar conmigo en diez años? ¿Acaso ella seguirá a mi lado cuando tenga setenta? ¿Acaso se enamorará de un hombre más joven que yo? ¿Acaso esto será un gran fracaso? ¿Terminaré arriesgándome por un amor que no dará buenos frutos? Las dudas de Santomé son tan sinceras, y de cierta forma válidas, que es imposible no empatizar con él.

Por otro lado, me parece muy interesante el paso del tiempo y cómo Benedetti lo lleva en la novela. El propio Martín nos dice que con su primer esposa, Isabel, era todo fuego, que tenían sus diferencias pero que las arreglaban en la cama y que, de hecho, aunque no recordaba con precisión su rostro, sus manos recordaban la textura de su piel y sus curvas. Con Avellanada, porque raramente la nombra como Laura, la relación es completamente diferente. Ya cerca de los cincuenta, Santomé necesita otras cosas: conversación, compañía, gustos en común. Y sí, por supuesto que tenían relaciones sexuales, pero el personaje las describe bien diferente a las que tenía con su esposa, lo que evidencia el paso del tiempo y la templanza que uno incorpora con los años. En definitiva, Benedetti nos regala una historia sobre el amor maduro y, repito, me parece una belleza.

El tiempo y su paso también se ve reflejado en la prisa que tiene el personaje por vivir, por explotar al máximo el tiempo que tiene con Avellaneda, aprovechar esa segunda oportunidad que le dio la vida, esa tregua que le dio tras tanto sufrimiento. ¿Acaso Avellaneda es una tregua que Dios le dio por haberle quitado a su esposa? Las reflexiones al respecto son realmente preciosas.

Solo voy a decirles que el final, por inesperado y dramático, me llenó los ojos de lágrimas.

Algo que realmente me encantó es reconocer mi propia ciudad al leer. La historia se sitúa en Montevideo, Uruguay, la ciudad en la que vivo. Es la primera vez que leo un libro que transcurre en Montevideo (si sacamos los libros obligatorios del liceo) y reconocer los lugares, las calles, las esquinas donde se encuentran Martín y Avellaneda me pareció entre extraño y maravilloso, lo que le dio un toque extra de lo más especial.

Este libro es de lectura obligatoria, considerado uno de los clásicos latinoamericanos, además. Es de esos libros que se graban a fuego en el corazón de uno. De lectura fácil, con palabras simples y con un ritmo sincero, con una historia con la que fácilmente uno se puede identificar, sobre todo por el letargo en el que a veces nos sumimos, me pareció soberbio y maravilloso. De una profundidad filosófica extraordinaria que no solo hace empatizar con los personajes sino también que obliga a pensar. Por todo esto y porque creo que tiene la frase de amor más linda que he leído en la vida, le doy cinco estrellas de cinco.

Ella me daba la mano y no hacía falta más. Me alcanzaba para sentir que era bien acogido. Más que besarla, más que acostarnos juntos, más que ninguna otra cosa, ella me daba la mano y eso era amor (Benedetti, 1960: 156)

El consumismo y los libros

Hasta el lunes 9 de octubre está abierta la Feria Internacional de Libros de Montevideo y no pienso ir. Sí, tal vez sea un comienzo un poco tétrico e incluso violento, y desde ya aclaro que no tengo nada personal con el evento. Más de una vez he ido y recorrido la carpa y el Atrio de la Intendencia con absoluta alegría y devoción por los libros, tratando de pescar alguna historia que me atrapara, de esas que no puedes soltar hasta terminar. Pero este año no voy a ir, sencillamente porque tengo más libros de los que puedo leer.

En el último tiempo, probablemente porque el blog también lo exige, he adquirido cantidad de libros que comienzan a acumularse uno encima del otro, cual torre de Babel, con el único propósito de juntar polvo. ¿Por qué? No crean que soy tonta, cada vez que compro algo sé que no lo leeré de forma inmediata, ¿por qué lo compro entonces? Consumismo, señores, consumismo. Hoy, a propósito de la Feria del Libro y el desmadre que he ido haciendo con mi dinero y el orden en mi habitación, hablaremos del consumismo y los libros.

Vamos por partes. Para empezar, hagamos una distinción clara: una cosa es consumo y otra bien distinta es consumismo. Bauman tiene un libro dedicado a esto (uno muy interesante, por cierto). El consumo es algo común, todos lo hacemos a diario y la mayor parte del tiempo, casi de forma mecánica, rutinaria. E incluso, si se lo reduce a funciones estrictamente biológicas, el consumo es necesario por un tema de supervivencia: si no comemos, nos morimos. El consumo en sí mismo es un hecho inamovible a lo largo de la vida y, además, no se lo puede sujetar a una época histórica en particular. Durante todas las épocas historias hubo consumo. Todas. (Bauman, 2007: 43)

El consumismo, por otra parte, menciona Bauman, supone la reconversión de los deseos, del anhelo humano en la principal fuerza de impulso de la sociedad. A diferencia del consumo, que es un rasgo del individuo, el consumismo es un atributo de la sociedad en su conjunto. Para que este fenómeno tenga lugar, la capacidad de desear, de querer de los individuos debe ser reciclada como fuerza externa que pone en movimiento la “sociedad de consumidores”.

Sin lugar a dudas, como Bauman es Bauman, relaciona directamente el consumo con la modernidad sólida y el consumismo con la modernidad líquida y para serles honesta, no puedo estar más de acuerdo. ¿Cuándo surge el consumismo como tal? Sí, esta es la parte en la que apelo a mi alter ego histórico. De forma tímida, tal vez podamos decir que aparece en el periodo entreguerras. Los años veinte fueron años prósperos, de bonanza económica y gran producción industrial. Sin embargo, el consumismo se sube a la cresta de la ola para quedarse allí, y no moverse, a partir de la década del cincuenta. Surge allí la sociedad de consumo y, tal vez como puedan imaginar, hace su primera aparición en Estados Unidos.

El consumismo está estrechamente vinculado, además, con la inmediatez y con la obsolescencia. Quiero tal prenda de ropa, tal electrodoméstico, tal libro o tal entrada a un concierto y lo quiero ahora. No puedo esperar por él, no puedo ahorrar, no tengo tiempo para eso y allí aparecen las tarjetas de crédito y el cómodo pago en treinta y cuatro cuotas. Ustedes saben de lo que hablo porque todos vivimos en el mismo mundo y dudo seriamente que las realidades nacionales cambien un fenómeno ya globalizado.

En cuanto a la obsolescencia, piense cuántos celulares tuvieron en los últimos tiempos. ¿Cuántos de ellos los cambiaron porque salió al mercado uno mejor? ¿Cuántos de ellos los cambiaron porque se rompieron? ¿Cuántos de ellos los cambiaron porque sencillamente se aburrieron? Es probable que se hayan comprado otro porque salió el Iphone 157. Esto habla de que el individuo está el servicio del mercado y no al revés. Busquen imágenes de las últimas ventas de Apple: colas y colas de personas esperando por su celular. Este fenómeno está relacionado, por supuesto, con el posicionamiento social y cierto estatus y prestigio antes los pares y la sociedad en su conjunto. Nada es aislado, aquí está todo relacionado.

Sí, es probable también que se hayan comprado otro celular porque el que tenían se ha roto. Cada vez más, los productos industriales vienen menos duraderos y lo hacen a propósito, porque eso supone una compra próxima. ¿Cuántos de ustedes vieron una vieja heladera General Electric? Ese mastodonte, actualmente, en pleno siglo XXI, sigue funcionando. ¡Como si no tuviese cincuenta años! Lo mismo con los autos. Lo mismo con todo. Si actualmente se hicieran productos duraderos, la economía se vería seriamente dañada porque no habría el consumo desmedido que existe y la crisis se cerniría en todos. Además, el desecho de la sociedad de consumo es brutal y no solo genera chatarrería, sino también contamina el medio ambiente.

¿Cómo es que los libros tienen que ver en esta lógica?, podrán preguntarse. Los libros no se rompen (a menos que los destrates, por supuesto), los libros no se cambian por uno mejor. No, los libros son otra cosa, no forman parte del consumismo, podrán decirme. Ilusos de ustedes. ¡Por supuesto que forman parte! Sí, tal vez no sea tan notorio, evidente y alevoso como los celulares o los electrodomésticos, pero sí siguen la misma lógica. No se dejen engañar.

Actualmente tengo doce libros en mi torre de Babel y no puedo leerlos todos. Hace dos semanas fui a una librería que estaba en liquidación por cierre final y volví con siete libros, ¡siete! Sí, es cierto que algunos eran de Historia y a esos los considero una inversión porque tiene que ver con mi carrera profesional, pero es innegable que si me entusiasmo un poco se me va la mano con la compra. No estoy diciendo que tengo una enfermedad ni mucho menos (la cual sí existe, por cierto), pero si admito de forma pública y sin tapujos que compro más libros de los que necesito.

Tal vez a ustedes les pase lo mismo. Habría que preguntarse por qué. Hay ríos de tinta en distintos blog que abordan este tema. Sin lugar a dudas, hay un gusto personal. No lo puedo evitar, me encanta leer y no quiero quedarme sin material de lectura. Sin embargo, estoy convencida que el ansia de adquisición es lo que me lleva a comprarlos. ¿Acaso necesito tener más? No, por supuesto que no lo necesito, pero sí lo necesito. La magia está en adquirir y adquirir, sin importar qué tanto tiempo los libros queden acumulando polvo en mi torre de Babel. Se trata de la novedad por la novedad misma. Hay una urgencia creada por la sociedad de consumo que me lleva a adentrarme en la librería por horas.

Creo, sin embargo, que hay otro motivo y ese es booktube. Ustedes saben de lo que hablo: hombres y mujeres que se paran frente a una cámara y hacen sus reseñas sobre diversos libros. No es mi ánimo criticar la plataforma ni mucho menos porque la consumo y lo cierto es que la disfruto, pero creo que es innegable que funciona como un escaparate. Cuando el chico o chica muestra el libro que leyó, y que además le encantó y que está contentísimo contándonos qué tan a gusto se sintió leyéndolo y bla bla, generan ganas de tenerlo en las manos y leerlo, casi por un mero deseo primitivo de imitación o tal vez, buscando el mismo placer que la otra persona. Funciona de la misma manera con los libros o con las bebidas gaseosas. Piénsenlo detenidamente: ¿a cuántos de ustedes les dan ganas de tomar cierta bebida cola cuando ven la publicidad en la televisión? Es exactamente eso.

Y por este motivo, y tal vez aquí sí me meta en un terreno desconocido, las editoriales financian y apoyan mucho booktube. Está comprobado que si tal o cual booktuber exhibe un libro en su canal, las ventas aumentan de forma considerable y no nos dejemos engañar, las editoriales quieren vender y la plataforma se les presenta como la gallina de los huevos de oro. La próxima vez que vean un haul, presten atención cuántos de esos libros fueron enviados por editoriales, cuántos de esos libros fueron enviados por editoriales buscando que sean enseñados y sus ventas suban.

Ahora bien, como digo una cosa, digo la otra. Sé que a pesar de que compro más de lo que puedo leer, mi nivel de consumo no está ni remotamente cerca del de algunas personas. También saben de lo que hablo: gente que compra una y dos veces y tres veces y cuatro veces el mismo libro en diferentes ediciones solo para coleccionar, lo cual me parece absurdo. Gente que se saca una foto cada vez que se compra un libro y la sube a Instagram, por el simple hecho de alardear la compra. En mi caso, tarde o temprano, los libros se leen. No compro por comprar para que queden allí. Sí, los acumulo pero los termino leyendo a la larga.

Para cerrar estas líneas, voy a hacer honesta con ustedes: el consumismo no me gusta y soy muy crítica con él, con el sistema y el capitalismo mismo. Sin embargo, no vivo en Asgard, vivo acá, en el planeta Tierra, también consumo y también compro de manera desmedida. Como ustedes. Creo que la clave está en ser consciente de qué consumimos y por qué lo hacemos. No dejemos que nos vendan un buzón, no nos dejemos manipular como niños chicos. Debemos saber que el sistema nos invita a comprar, nos lo roga constantemente, todo el tiempo. Debemos ser conscientes de ese hecho. Luego, si decidimos comprar, bueno, cada uno lo hará bajo sus propios criterios, pero sabiendo que lo hizo libremente, sin dejarse embaucar.

Ustedes dirán qué les pareció.

Michael Connelly – El eco negro

Me encanta cuando los libros me sorprenden. Con este libro me pasó algo similar a lo que me había sucedido con El jardinero fiel, lo tomé de la estantería por el título, con cierta curiosidad pero sin esperar nada maravilloso. Un salto al vacío, un salto de fe que, en realidad, es lo que nos pasa a todos cuando tomamos un libro nuevo. Lo cierto es que, esta vez, al saltar, tenía el paracaídas puesto y pude contemplar la vista. El eco negro es una sorpresa y, además, un libro increíble si son amantes de la novela negra.

Su autor, Michael Connelly, fue periodista en el periódico de LA Times y parece claro que allí aprendió bastante acerca de la dinámica policial que terminó trasladando a esta novela que, ya les adelanto, me fascinó. Publicada en 1992 en su idioma original, con varias reediciones y con un futuro bastante prometedor, porque el autor ha continuado la saga publicando ya diecinueve libros, El eco negro nos cuenta la historia de Harry Bosch, un detective curtido de Los Ángeles. Harry solía ser una leyenda en la ciudad, pero tras un episodio en un tiroteo y una investigación de Asunto Internos de la Policía de Los Ángeles, lo han degradado a detective en la comisaría de Hollywood.

El libro comienza con nuestro protagonista estando de guardia y teniendo que acudir a la escena de un crimen: han encontrado un cadáver en una tubería de Lake Hollywood, en la presa de Mulholland. Todo parece indicar que es otro adicto a la heroína que se pasó con la dosis y murió, pero al ver el cadáver Bosch lo reconoce. Se trata de Billy Meadows, un veterano de Vietnam, con el que Harry había compartido unidad en la guerra. Ambos eran ratas de túneles. Se trataba de una unidad que se adentraba en los túneles construidos por el Vietcong. El ejército de Vietnam del Norte construyó túneles durante la Guerra de Vietnam para moverse por el territorio y atacar a los norteamericanos por sorpresa, pero también guardaban provisiones allí e incluso muchos soldados vivían en esa oscuridad. Las ratas de los túneles norteamericanas debían adentrarse allí, en la boca del lobo, únicamente provistos de una linterna y una arma y su objetivo era investigar los túneles, matar a tantos soldados vietnamitas como pudieran y, de ser posible, dinamitar los túneles para cortar la ventaja enemiga.

No puedo negar que el dato histórico me encantó, no solo porque trae a colación una guerra icónica en el imaginario norteamericano, donde se vieron ampliamente superados por la estrategia del Vietcong (no se dejen llevar por lo que Rambo les vende), sino porque pone al lector en uno de esos túneles junto con los protagonistas y el sofoco, la cluasutrofobia, el miedo y la oscuridad se contagian. Además, pone en el tapete un tema bastante interesante: ¿qué es lo que pasa con esos soldados cuando vuelven a ser civiles? ¿Cómo es que siguen con sus vidas? ¿Acaso pueden hacerlo? Naturalmente, Harry Bosch pudo hacerlo, aunque con ciertos reparos porque el buen detective sufre de pesadillas e insomnio. El estrés post traumático los ataca a todos. Ese me pareció un toque interesantísimo. Meadows, por otro lado, se dedicó a delinquir y a las drogas, incapaz de reinsertarse en la vida cotidiana.

Al ponerse a investigar, tanto el cadáver en sí como sus últimos movimientos con vida, Bosch llega a la conclusión de que aquello fue un homicidio. El cadáver de su antiguo compañero tiene un dedo roto post mortem, lo cual lo descoloca, y además, la forma en la que fue encontrado en la tubería es realmente extraña porque no ha dejado huellas al entrar. Por si esto fuera poco, antes de morir, Meadows había empeñado un brazalete de oro y jade que estaba muy por fuera de sus posibilidades económicas, y que había sido declarado como parte de un botín de un robo a un banco. Curiosamente, el brazalete fue robado de la casa de empeños casi a la misma hora de la muerte de Meadows. Parece claro, según Bosch, que todo aquello tiene relación de algún modo.

Su conclusión lo lleva a relacionarse con el FBI, ya que el robo de bancos es tipificado como un delito federal en Estados Unidos, y es el Buró quien lleva ese tipo de investigaciones adelante. La colaboracíón entre una agencia y la otra obliga a Harry a trabajar con Eleonor Wish, la agente encargada de investigar el robo al banco. Sin embargo, todo parece complicarse porque consideran a Bosch como sospechoso dada la relación que tenía con Meadows y desde allí la novela comienza a ponerse interesante. No quiero dar más datos de la trama, a pesar de que muero por contárselos todos. En serio, tienen que correr a leer este libro si son amantes de las novelas negras.

Hubo una cantidad de cosas que me gustaron de esta novela. De hecho, todo me gustó en esta novela. El personaje de Harry Bosch es impecable. Es un tipo de instituciones, como Eleonor lo define: pasó su infancia en varios centros de acogida y luego entró al ejército y después a la policía de Los Ángeles. Un hombre que necesita una institución que lo albergue. Aun asi, a pesar de esa “contención institucional”, nuestro protagonista tiene profundas heridas y no hablo de las físicas, sino de las mentales: Vietnam lo marcó a fuego. Ni la terapia ha podido ayudarlo ni paliar su insomnio, pero lo ha convertido en un policía excepcional. Solitario, muy inteligente y con serias dificultades para obedecer órdenes directas de sus superiores, es un detective muy querido dentro de la fuerza y un hombre convencido en la búsqueda de la verdad. Sin embargo, debo reconocer que es ligeramente un cliché. Ustedes saben de lo que hablo: el atormentado, solitario e inteligente detective que se pone el caso al hombre y termina resolviéndolo. Aun así, hay detalles que hacen de Harry un personaje único, como la forma en la que trabaja, su implacable búsqueda de la verdad, la forma en la que su mente trabaja a toda hora para saber qué fue lo que pasó con su viejo compañero.

La trama parece sencilla y ordinaria, típica de uno de las millones de novelas negras que circulan, pero conforme avanza, de forma pausada pero segura, comienza a complejizarse más y más y el lector se engancha más y más. Sobre todo porque a medida que uno lee, comienzan a deslizarse más detalles y van apareciendo otros casos abiertos que tienen relación con el que está investigando Harry. Les juro que es imposible de soltar. Punto a Michael por eso. Los giros argumentales… mi buen Dios, son excepcionales y algunos de ellos me han dejado impactada. Hay un punto en la novela en la que empecé a sospechar de todo el mundo y todos parecían culpables y eso sin lugar a dudas es mérito del autor. Punto a Michael por eso también.

Por último, ambientada en la década del 90, hay muchos detalles interesantes para aquellos que no habían nacido en la época o los que eran muy pequeños para recordarlo. Me llevó a pensar en cuánto cambió el mundo en estas tres décadas. Desde las máquinas de escribir, las grabadoras, los cassettes que hay que rebobinar, el busca hasta el hecho de que el personaje fume en lugares públicos, todo eso me hizo recordar una década fantástica en la que nací y crecí y, si debo confesarlo, me sentí un poco vieja, no lo voy a negar.

Este libro tiene un sabor a los clásicos del género y es una belleza. Les prometo que no se van a arrepentir de leerlo. En lo personal, no pienso dejar la historia de Harry Bosch antes de que realmente empiece, estoy pensando ya en leer toda la saga y les juro que me emociona. Porque es un libro brillante, con una trama que aparenta ser sencilla pero que luego se complejiza, incorporando giros argumentales que sorprenden, porque los personajes son enteros, firmes, complejos y con matices y porque no pude soltarla hasta terminar, le doy cinco estrellas de cinco a este libro.

Criaturas sobrenaturales booktag

  1. Un libro donde aparezca un centauro

Percy Jackson y el ladrón del rayo. Quirón me parece un buen personaje y un buen profesor para Percy, así como también una figura paterna para nuestro semidiós.

  1. Un libro donde aparezca un vampiro

Vampire Academy. Es uno de mis libros de criaturas sobrenaturales favoritos por el modo en que evoluciona la trama, por lo consolidado que son los personajes y por las relaciones que entablan entre ellos.

  1. Un libro donde aparezca un mundo original

Tal vez el mundo más original que he leído es el creado por Casandra Clare. Cazadores de sombras me parece una genialidad y, también, es uno de mis libros preferidos de fantasía.

  1. Un libro donde aparezcan dragones

Game of Thrones por siempre. Drogon, Viserion y Rhaegal por siempre. Aunque son bestias descomunales peligrosísimas, se les toma tanto cariño como si fuesen uno de nuestros personajes favoritos.

  1. Un libro donde aparezcan arañas

Aragog es el rey de las arañas y adoro cada expresión facial de Rupert Grint en esa escena durante Harry Potter y la Cámara Secreta.

  1. Un libro donde aparezca una bruja

Y ya que estamos con Harry Potter… Hermione Granger es una bruja excepcional, no solo por su poder, que es bastante grande, sino por todo lo otro: lo estudiosa que es, su disciplina, su lealtad, su valentía, su inteligencia. Uno de mis personajes favoritos de la saga.

  1. Un libro donde aparezca una criatura extraña

¿Acaso los dementores catalogan como criatura extraña? No se me ocurre otra.

  1. Un libro donde aparezca un mago

Para no caer en lo obvio y mencionar Harry Potter, si hablamos de otro mago, muy poderoso, grande y generoso, que no sea del mundo de Joanne, sin lugar a dudas, el Mago Blanco. Gandalf es maravilloso y Sir Ian McKellen es un actor increíble. El Señor de los Anillos, entonces.

  1. Un libro donde aparezca un hombre lobo

El señor Jacob Black de Crepúsculo. Sus abdominales de acero y el calorcito que emanaba eran una mejor opción para Bella, he dicho. Y si vamos a mencionar algo realmente bueno, Alcide Herveaux era un personaje que me gustaba mucho. La saga de Vampiros sureños tiene personajes increíbles y uno se encariñaba fácilmente a ese hombre lobo.

  1. Un libro donde aparezca un ángel

Ciudad del fuego celestial. La última entrega de la saga de Cazadores de Sombras es espectacular y la escena donde aparece Raziel es una hermosura.

  1. Un libro donde aparezca un demonio

A pesar de que odié de forma profunda y visceral el final que Charlaine Harris le dio a la saga Vampiros sureños y es algo que en mi fuero interno se lo reprocharé por siempre, es una de mis sagas de fantasía favoritas, simplemente porque la trama es genial y Eric Northman está ahí. En cuanto al demonio, el abogado Cataliades y sus pintorescas sobrinas eran fantástica sobre todo porque eran buenos y se podía conversar con ellos, además de que eran personajes interesantes. Nada de niños mutilados y sangre corriendo por la calle con ellos. Aunque sí podían hacerlo, claro.

  1. Un libro en donde la magia se le llame de otra manera

Nunca he leído una cosa así, al menos que recuerde. La magia siempre se ha llamado magia en los libros que leo. La pregunta es: ¿por qué se llamaría de otra forma?