Laura Norton – No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas

Ustedes y yo: admitamos que este es un título espectacular. De hecho, fue el título lo que me llamó la atención y lo que hizo que terminara leyendo este libro. No solo me intrigó, sino que me dio la idea que sería un libro divertido, porque después de todo, su título en cierta forma lo es. Y no me equivocaba. Este libro tiene una faceta de comedia bastante interesante y la verdad es que fue una sorpresa para mí porque no suelo leer este tipo de género que, si debo ponerle un nombre, robaría uno típico de cine para hacerlo: comedia romántica.

No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas es el típico libro ligero, de buen ritmo y de fácil lectura, que consigue entretener al lector con facilidad y que uno se lleva a la playa feliz de la vida. Publicado en el 2014, nos cuenta la historia de Sara, una treintañera un poco desencantada con la vida. Estudió química y se propone concursar para una posición como profesora, pero realmente no quiere hacerlo porque la química no es lo que le llena el alma, sino las plumas. Su abuela solía tener una vieja tienda de costura especializada en plumas y la pequeña Sara siempre había estado fascinada con el mundo en el que se movía su abuela, por lo que descubre que quiere reabrir la tienda, tirar a la borda sus estudios de química y arriesgarse con su pasión.

Este deseo por las plumas o, más bien, el descubrimiento por su parte de que era realmente lo que quería hacer, viene de la mano de un chico. Cuando tenía diecisiete años Sara estaba enamorada de Aaron, el cantante de una pequeña banda y como él y su banda se anotaron para participar en la obra escolar, la adolescente Sara también lo hizo, buscando conseguir una mirada del muchacho. Sara involucró toda su creatividad en el vestuario inspirado en plumas y no solo fue un auténtico éxito, sino que Aaron la felicitó. Sin embargo, después de esa noche Aaron desapareció de su vida porque dejó el secundario, pero Sara siempre lo tuvo presente en su mente. De modo que evocándolo, a él y a esa noche especial, es que se decide por las plumas.

El negocio apenas se sostiene y Sara busca dar un gran batacazo en un importante desfile. En medio de todo eso, su familia entra en ebullición. Su madre engañó a su padre, quien despechado se va a vivir con Sara y su hermana, además, anuncia que se va a casar y también se va a vivir con Sara después que la madre le prohibiera casarse y la eche de la casa. De modo que la tranquilidad en la vida de Sara y esa soledad que tanto aprecia, rápidamente se ve puesta en jaque porque la casa se le llena de gente.

Por si fuera poco, su novio Roberto, un arquitecto soñador y apasionado, emigra un año a París y la distancia empaña un poco la relación. Al volver, Roberto lo hace junto a un finlandés al que le tiene mucho cariño y Sara comienza a preguntarse si su novio no es gay. Y justo cuando nada podía ir peor, descubre que el prometido de su hermana no es otro que Aaron, su Aaron. Así que en medio del caos que es su casa, llena de gente variopinta, y con distintos desastres cómicos en el medio, Sara intenta llevar adelante su pequeño negocio y su relación, negándose a admitir que sigue enamorada del mismo chico desde su adolescencia.

Hasta aquí con la trama. No quiero revelarles mucho más porque a pesar de que no hay nada demasiado maravilloso en ella, lo atrapante de este libro es cómo está contada. A partir de una narración desenfadada, ligera, con mucho humor y con unas situaciones realmente disparatadas por momentos, y todo muy lleno de plumas, este libro me hizo pasar un buen rato.

En cuanto a los personajes, tanto los principales como los secundarios, están bien construidos. Es probable que el peor de todos, y lo siento pero me cuesta entender por qué, sea Aaron. Al terminar de leer el libro, me quedó la sensación de que no lo conocía en absoluto. No se profundiza demasiado en él, solo en su música y en su aspecto físico, que al parecer es espectacular. Sí, estoy rodando los ojos.

Sara, nuestra protagonista, es una mujer creativa, ligeramente insegura, tozuda y muy, muy graciosa. Las formas que tiene de escapar de una situación complicada me parecían graciosas, aunque debo admitir que se le dio mucho por el llanto y los berrinches en un momento y aunque normalmente no es algo en lo que esté en contra, todos lo necesitamos a veces, no me parecía coherente con su edad. Sin embargo, debo admitir que con todo lo que le estaba sucediendo, entre su trabajo que parecía fracasar conforme pasaban los días, el caos de su familia, la cantidad de personas en su casa y todas las situaciones increíbles que sucedían, es ligeramente comprensible, aunque no deja de ser una actitud un poco adolescente del tipo “todo el mundo está en mi contra”. Eso me molestó un poco.

Los personajes más molestos, por lejos, y por lejos me refiero a varios cuerpos, es su madre y su hermana. Su madre, la infiel, no es una señora coherente y por momentos pensaba que si era mi madre la mandaría a la mierda. Así, sin medias tintas. Había cosas que me parecían puramente caprichosas de su parte y me costaba entender por qué una señora de sesenta años se negaba a las cosas más estúpidas. Lucía, su hermana, me pareció una pequeña niñita caprichosa, malcriada, inestable y, encima, una auténtica egoísta. Del tipo de persona que quiere y desea que el mundo gira a su alrededor. Repito: no me gustó ni un poco.

Tal vez lo mejor de la novela, en cuanto a personajes, sean los amigos de Sara, su padre y Eric, el finlandés que se instala en su casa a pedido de su novio. Una mención especial a Roberto, el único cuerdo, coherente, abnegado y fiel de la novela. Probablemente el que más se merecía el final feliz y que no lo consigue. Como es natural, el bueno de Roberto no puede ganarle al atractivo de Aaron, que parece ser lo único que tiene, y la autora, aunque de manera elegante, se deshace de él.

Por momentos me hizo recordar mucho a la película de Briget Jones. Sí, sé que en realidad es un libro y está dentro de mis lecturas pendientes, pero todavía no me he puesto con él. Después de investigar un poquito, descubrí que ese género que yo de manera tonta nombré “comedia romántica” en realidad se llama chick lit y que, de hecho, Briget Jones es considerado vanguardia. Al parecer, por lo que pude leer, comenzó siendo un género típicamente anglosajón, por lo que celebro haber leído un libro en español de este tipo. Aplausos a la escritora que se animó.

En conclusión, una novela entretenida, sin grandes pretensiones, que empieza siendo muy graciosa y que a medida que avanza pierde un poco ese desparpajo inicial. Es el típico libro que uno lee para desconectar de todo, relajarse y divertirse. Vamos, que no le va a cambiar la vida a nadie, pero que es bastante ameno. Tres estrellas de cinco para él.

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3 comentarios sobre “Laura Norton – No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas

  1. Ha sido empezar a leer de que trata y casi me da algo. Soy química y me siento bastante (por no decir muy) identificada con la protagonista. Sinceramente, no he leído la reseña completa para que sea toda una sorpresa. Sin lugar a dudas en cuanto pueda lo leo. Gracias por compartir!

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    1. Qué bueno que te dieran ganas de leerlo y qué curioso que te hayas sentido identificada!! A mi me pareció un libro muy distendido y ameno para pasar el rato, reírse un poco y disfrutar. Espero que te parezca igual.
      Un abrazo.

      Le gusta a 1 persona

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