Michael Connelly – Hielo negro

No sé por qué tardé tanto el leer este libro. Debería estar avergonzada por haberlo tenido en la lista de pendientes durante tanto tiempo, solo y sin atención. Hielo negro es el segundo libro de la serie del detective Harry Bosch, escrito por la pluma magistral de Michael Connelly y ya les adelanto que me encantó. El primer libro, El eco negro, ya reseñado en el blog, me atrapó por completo y en cuanto lo terminé, completamente fascinada, supe que mi relación con Harry Bosch sería un viaje de ida.

El bueno de Harry, otrora detective estrella de Robos y Homicidios de LAPD, degradado ahora a la comisaría de Hollywood, también apodada “la cloaca”, es el típico lobo solitario y aunque ya hemos visto muchos detectives de este tipo, Harry me encandiló. Le gusta trabajar solo y libre, tiene un problema bastante agudo con la autoridad, por lo que gusta de desobedecerla cada vez que puede y tiene una habilidad impresionante para caer siempre bien parado. Además, nadie puede negar que es un detective asombroso, del tipo de hombre que ve detalles que otros ignoran y que ata cabos que otros ni siquiera habían notado en un principio.

El libro comienza el día de Navidad, cuando Harry está de guardia y escucha por la radio policial que tiene en su casa, que han encontrado un cadáver en un hotel. Aunque no lo han llamado directamente, lo cual le extraña porque él es el detective de guardia, se acerca hasta la escena, temiendo lo peor. Todo parece indicar que el cadáver que yace en la habitación del hotel no es el otro que Calexico Moore, policía de narcóticos de Hollywood, quien llevaba desaparecido una semana.

Sin autorización y desafiando a sus superiores como siempre, Harry se cuela en la escena y observa, una habilidad que me hace acordar mucho a Sherlock Holmes, y llega a la conclusión de que aquello fue un suicidio. Lo mismo parece pensar Irving, el jefe de la Policía de Los Ángeles y némesis de Bosch. Harry y él se llevan bastante mal, no solo porque el detective tenga un problema con la autoridad sino porque Irving solo le interesa su imagen pública y la del departamento, mientras que Harry siempre quiere ir hasta el fondo de la cuestión para descubrir la verdad. Sin embargo, aparece otro jugador en la escena que descoloca por completo a Harry y es John Chastain, de Asuntos Internos, lo que le hace pensar que, tal vez, Moore anduviese en algo sospechoso.

Está claro que Harry quiere participar de la investigación, pero Irving se cierra en banda y le deja claro que la investigación será llevada por Robos y Homicidios y que la comisaría de Hollywood no tiene nada que hacer allí. Aunque la decisión no le gusta mucho, Harry vuelve a la comisaría en donde su superior inmediato, Pounds, le hace saber que las estadísticas son malas y que ni siquiera han resuelto la mitad de los asesinatos a su cargo, por lo que le mete presión para que, en lo que resta del año, pueda resolver sus casos pendientes y alguno de los de Lucius Porter, un detective alcohólico que pidió pase a retiro.

Lo curioso es que, durante la investigación, el caso pendiente de Harry y uno de los de Porter, un cadáver sin identificar arrojado en un callejón y al que llaman John Doe 67, se relacionan y de forma bastante estrecha. Las pistas lo llevan a la división del narcóticos y, al hablar con sus colegas, se termina enterando que Moore había preparado una carpeta con su nombre y la había dejado en un lugar en donde ni Asuntos Internos ni Robos y Homicidios pudiera llegar. Allí, Moore dejaba algunos informes que tenían que ver directamente con la nueva droga que circula por la calle “hielo negro”. Al parecer, una droga que se comenzó a fabricar en Hawaii, pero que prontamente tuvo un fuerte competidor, mucho más barato, en México. De pronto, Harry cae en la cuenta que sus casos se relacionan con el hielo negro, con la muerte de Moore y con el retiro de Porter.

Hasta ahí con la trama. La lectura de esta novela es adictiva y con adictiva me refiero a que lo leí en dos o tres veces. Ese frenesí que me agarró, está relacionado directamente con dos elementos: para empezar, el ritmo narrativo. Todo el tiempo está pasando algo, lo que convierte la lectura en algo vertiginoso y, tal vez lo más interesante, aunque algunas situaciones, detalles y objetos parezcan no tener sentido en el momento, terminan teniéndolo al final del libro, lo que me gusta mucho. Por otro lado, el estilo de Michael es muy ameno, no solo porque es ligero y suave, sino porque también es muy cinematográfico.

Uno de las cosas que más me gustó de este libro es cómo retrata la vida en la frontera. Ustedes y yo sabemos que la frontera entre Estados Unidos y México es un lugar complicado, no solo por lo difícil que es el pasaje, sino por todo lo que esconde detrás. La cantidad de inmigrantes mexicanos que arriesgan sus vidas para atravesar la valla es alarmante, lo que no solo habla muy mal del gobierno de Peña Nieto, sino también de lo bien vendido que está el mensaje estadounidense. Este libro llega en el momento en que la frontera, sus inmigrantes y la forma en la que son tratados por las autoridades yankees está sobre el tapete y casi parece una broma, no solo la situación por la que está atravesando la gente, sino la postura del Sr. Tengo Pelo de Choclo.

Ni siquiera sé cómo la política se coló en la reseña. Lo cierto es que hay un punto en la investigación de Bosch que requiere su ida hasta México y me gustó mucho. En primer lugar, porque Harry se sentía desubicado allá “abajo”, como le dicen en el libro. En Los Ángeles está en su salsa, conoce los bares, a la gente, sus costumbres y cómo moverse, pero en México no solo no conoce a nadie, sino que tampoco habla mucho español y, además, depende de un colega mexicano para seguir con la investigación, lo que va muy en contra de sus principios de lobo solitario y, claro, no sabe si puede fiarse enteramente de él.

En segundo lugar, la forma en la que retrata la vida en la frontera, tal y como les mencionaba antes, me gustó mucho. Mexicanos que trabajan en Estados Unidos, estadounidenses que trabajan en México. Calexico y Mexicali son, literalmente, ciudades hermanas separadas por una valla y mucho control policial; por eso, la portada de esta entrada tiene que ver con esa frontera. Asimismo, las diferencias entre una ciudad y otra, desde las instalaciones de la policía, sus recursos, la forma en la que vive la población y malvive, deja en evidencia unas diferencias muy notorias entre dos realidades y, si quieren, es fácil notar la crítica social allí.

Ahora bien, no voy a negar que me molestó mucho que todo girara en torno a un capo de la droga mexicano. Este libro fue publicado en 1993, pero lo acabo de leer y la verdad es que el capo de la droga mexicano es un recurso por demás abordado en la literatura y, sobre todo, en la cinematografía y no solo me cansa, sino que me molesta un montón. El capo de la droga mexicano es el recurso fácil, no solo para identificarlo como el malo, que curiosamente siempre es latinoamericano, sino para sacar de órbita que la población estadounidense es la mayor consumidora de cocaína y heroína del mundo. La identificación del capo de la droga con México o Colombia reduce a América Latina a plantadores de coca y me fastidia. ¿Qué los hay? Sí, por supuesto, pero reducir todo un continente a eso me parece malintencionado y cruel, no solo porque no es real sino porque alimenta una xenofobia que, de por sí, ya está bastante instalada en la sociedad estadounidense.

Otra de las cosas que me encanta de esta novela y de Harry Bosch en particular, es la forma en la que el tipo patea el tablero. Hace lo que quiere, todo el tiempo, aun cuando está en un país que no es el suyo, con unas leyes que no son las que conoce y aunque muy probablemente eso me molestaría en cualquier otro personaje, en él hace que le tome cariño por su coraje y su desparpajo.

El plot twist del final… ¡Madre del Señor! No solo me impactó mucho, sino que no me lo vi venir. La forma en la que, en las últimas treinta páginas, Connelly ata todos los cabos sueltos y le da al libro un cierre memorable es como para ovacionarlo.

En conclusión, un libro fantástico y obligatorio para los fanáticos de la novela negra. Un detective entrañable, una investigación que aparenta ser desordenada y que, conforme pasan las páginas, comienza a converger, una muestra de la sociedad mexicana y sus diferencias con Estados Unidos y, sobre todo, un final atrapante hace de este libro merecedor de cinco estrellas de cinco.

9 comentarios sobre “Michael Connelly – Hielo negro

  1. Hola Agus! cada vez que te leo reseñar un libro policial estoy esperando que incorpores lo histórico y lo político. Este autor está en la colección de libros del diario que compré y no leí ¿me avergüenzo?, por supuesto. Tendré que organizarme mejor porque la cantidad de pendientes es abismal.
    Me interesó muchísimo el libro, ¿leíste algo de literatura policial nacional? Probablemente el ritmo no sea tan adictivo pero la creación del personaje y la construcción de la trama valen la pena. Besos

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    1. Lau, la literatura policial nacional es uno de mis pendientes. Ni siquiera sabía que existía ese género acá hasta que fui a la LibroFest. Desde entonces tengo pendiente a Trujillo, muy recomoendado y algún que otro más.
      Deberías leer a Connelly, creo que te va a gustar. El eco negro creo que tiene una cuota mayor de crítica social, pero a mi me gustó mucho más este.
      Gracias por comentar. ¡Abrazo!

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  2. Hola, bella. Este género normalmente no me atrae, para empezar, por lo que dudo mucho que lea estos libros. Ahora bien, te aplaudo de pie con la queja sobre el capo de la droga mexicano (latino, ya que estamos). Hartísima.

    Besote!

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    1. ¡Hola, Sofi! No sé porqué, pero últimamente estoy teniendo una etapa muy de novelas negras. supongo que ya se me pasará y arrancaré para el romance.
      Respecto al capo de la droga mexicano… más que harta, sí. Ya entendimos que eso es lo que piensan los yankees de nosotros, no tienen por qué repetirlo todo el tiempo.
      Gracias por leer y comentar. ¡Abrazo!

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