Gabriel García Márquez – Memoria de mis putas tristes

Este libro lo empecé hace unas dos o tres semanas y, literal, no pude pasar de la primer oración porque me pareció violenta y, no les voy a mentir, también me dio asco. “El año de mis novena años quise regalarme una noche de amor loco con una adolescente virgen” no suena como un comienzo prometedor, ¿cierto? Así que dejé el libro a un lado, convencida de que no era para mí.

Sin embargo, después de un par de otras lecturas y sabiendo que García Márquez es García Márquez y que, por tanto, siempre tiene su magia, me atreví a continuar el libro. Memoria de mis putas tristes, publicado en el 2004 y el último libro del autor que vio la luz, se me hizo extraño y todavía ahora, después de un buen rato desde que lo terminé, no sé exactamente cómo sentirme.

El libro nos regala la historia de un hombre sin nombre, lo cual me pareció maravilloso y muy propio de Gabo, al que conoceremos como “El Sabio” y que, en primera persona, nos cuenta sus memorias. Periodista de profesión, escribiendo religiosamente una columna dominical para el periódico local y pasando sus días entre Mozart, latín y obras griegas, El Sabio llega a sus noventa años. Además de la edad como número en sí, es curiosa la lucha que el autor plantea entre ese cuerpo viejo y debilitado y su espíritu fuerte y jovial. En esa lucha van floreciendo costumbres, pensamientos de una parte y de otra que procuran dominar por momentos su consciencia. De ese modo, tenemos un hombre jovial que todavía se dedica a tener aventuras de una noche, pero que, a la vez, se mantiene en sus trece frente al editor del periódico y sigue escribiendo como lo hizo siempre, negándose a aggiornarse a los nuevos modos.

En esa lógica de pugna entre el anciano y el espíritu joven que vive en él, El Sabio quiere pasar una noche con una adolescente virgen. Lo siento, pero la perspectiva me asquea por completo. Lo cierto es que Rosa Cabarcas, un personaje tan protagonista como el propio protagonista y dueña de un prostíbulo, le predispone una adolescente de catorce años virgen para la noche de su cumpleaños.

Ya en el cuarto, esa noche donde se iba a entregar por completo al placer, o a todo el placer que pueda conseguir un señor de noventa años, la visión del delicado y joven cuerpo virginal lo detiene por completo, porque encuentra que la criatura es tan pura que no quiere corromperla teniendo sexo con ella. Si quieren, de algún modo también podemos encontrar otra lucha: la del anciano conmovido con la visión pura y virginal de una adolescente, negado a tomarla y del hombre más joven, deseoso de tomar lo que se le ofrece. El anciano triunfa por sobre el joven, ya que El Sabio, aunque desnudo, no hace más que acomodarse junto a ella y dormir.

Atravesado por esos encuentros, el narrador nos cuenta algunos de sus otros amores, de su solitaria vida en su solitaria casa y su trabajo como periodista. Sin embargo, el encuentro con la joven virginal es lo que marca un antes y un después en El Sabio, porque el hombre encuentra que se ha enamorado de la niña, lo que no deja de ser retorcida por mi. De hecho, si me lo permiten, estoy haciendo una mueca ahora mismo mientras escribo esto.

Vamos a ver, quiero ser clara con esto: no es un libro vulgar ni tiene escenas de sexo explícito ni mucho menos, pero tiene un nivel de intimidad tan tremendo que apabulla. El Sabio está enamorado y ese amor adolescente que lo arrebata pone su vida patas para arriba e incluso lo renueva por completo. La idea que subyace es realmente bonita, no digo que no. Me encanta que el amor esté en el aire, que aparezca en el lugar y en el momento menos adecuado, pero preferiría que aparezca ante una relación consensuada y legal.

Sin embargo, aunque no puedo dejar de sentir cierto asco, y no lo voy a negar, el modo en que Gabo lo describe todo es una belleza, como siempre suelen ser sus palabras. La narración en sí es sencilla, propia de él, pero cargada de unas reflexiones brutales que tienen que ver con el amor, sí, pero también con la vida misma. Es muy curioso que casi no haya diálogos y aunque su ausencia no resulte pesada, sospecho que de haber sido un libro más gordo que las cien páginas que tiene, probablemente se sentiría. Pero Gabo puede tomarse esas licencias que da el prestigio, pero que también da la madurez narrativa.

Como mencioné antes, esta es la última obra publicada del autor y al momento de publicarla, tenía cerca de ochenta años, por lo que parece más que obvio que muchas de las reflexiones que aparecen en el libro tienen que ver con su propia vida, lo que la convierte en una obra más personal. Cien años de soledad me pareció una maravilla y El amor en los tiempos del cólera fue una aventura que disfruté atravesar, pero esta novela es mucho más sentimental y aunque me atravesó el asco durante sus cien páginas, no puedo negar que tiene un cariz tierno, dulce y muy propio de García Márquez que me gustó. Tres estrellas de cinco para este libro.

 

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10 comentarios sobre “Gabriel García Márquez – Memoria de mis putas tristes

  1. ¡Hola! De García Márquez yo solo leí “Del amor y otros demonios” y “Crónica de una muerte anunciada”. Desde un punto de vista objetivo puedo decir que ambos libros tienen una prosa clara, amena y sin rodeos para contarte lo que quiere, algo que considero consecuencia directa del trabajo como periodista del autor. Pero en lo personal ambas historias me entristecieron muchísimo, al punto de dejarme deprimida por bastante tiempo por eso no he leído “Cien años de soledad”. Por supuesto entiendo que Márquez es hijo de su tiempo y las realidades que describe en sus historias pueden chocar, especialmente hoy en día, es natural aún así se que voy a leerme “Cien años de soledad” en algún momento porque lo considero una materia pendiente pero no pienso leer otros libros, no siento que este autor sea para mí y con lo que comentas de esta historia lo reafirmo. ¡Saludos!

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    1. Cien años de soledad me pareció increíble, a pesar de que suceden cosas raras, propias del realismo mágico, y muchas escenas causan un poco de impresión por lo diferentes que son al tiempo que vivimos. Aun asi, a mi me maravilló. Con una prosa clara como decis, una belleza en las palabras y una trama cíclica, fue uno de los primeros libros después de Harry Potter que me encantó.
      Así que creo que debes darle una oportunidad, si, aunque el autor no sea para ti. Creo que Cien años de soledad es otra cosa y te va a gustar.

      Gracias por leer y comentar.

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  2. Hola!!!! Del autor he leído sólo 100 años de soledad… y esta novela, por lo que cuentas, no es para mi… creo que me ganaría el asco a pesar de que el autor es muy bueno. Besitos!

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  3. ¡Hola! Me encantó tu reseña y cómo lograste permanecer objetiva aún sintiendo asco. De García Márquez sólo he leído Cien Años de Soledad, 12 Cuentos Peregrinos y Ojos de Perro Azul. Pretendo seguir leyéndolo pero creo que este libro lo dejaré para el final jajapor si mi travesía por su trayectoria dura lo suficiente 🙂 ¡Saludos!

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  4. Hola Agus! también leí el libro hace poquito, había visto antes la película. Primero comentarte que parece que no estaba pronto y la familia (tal vez presionada por la editorial) decidió publicarla y, segundo, está inspirada en La casa de las bellas durmientes de Y.Kawabata.
    El primer enunciado es repugnante, más allá que la creación del personaje sea genial. No quiero normalizar la situación planteada pero también es una forma de exponer una realidad, la insistencia de la dueña del prostíbulo demuestra que es recurrente.
    La vejez, la decrepitud del cuerpo que no acompaña el deseo y la idealización son un temazo.
    No escribo más porque se me hizo enorme el comentario. Besos

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    1. ¡Lau, qué buen dato ese que me tirás! No sabía que la editorial había apurado la publicación ni que estaba inspirado en otro libro.
      Sí, como decis, la construcción del personaje es buena y el modo en que aborda la vejez y la decrepitud del cuerpo es brutal, pero aunque supe apreciar esas cosas, por algún motivo no podía sacarme de encima esa sensación de incomodidad.
      ¡Saludos!

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