Roxane Gay – Mala feminista

Ustedes saben que estoy un poco atrasada con este asunto. He llevado la LCGafasVioletas un poco desde atrás, de hecho nunca leí el libro de setiembre, así que les traigo la reseña atrasada, que corresponde al mes de noviembre. Si quieren saber de qué va la iniciativa y cuáles han sido las lecturas, pueden entrar aquí. Además, este libro entra también en el desafío de la maratón de lectura feminista Guadalupe-Reinas del que pueden leer aquí.

Mala feminista es una recopilación de artículos de Roxane Gay, autora feminista, profesora de la Universidad Pardue y comentarista del New York Times. Debo reconocer que, al menos al comienzo, el libro me generó sentimiento encontrados. Para empezar, la autora le dedica al prólogo a explicar porqué es una mala feminista que, según ella, tiene que ver con salirse del estereotipo que la sociedad les ha adjudicado a las feministas. Desde luego ella no encaja en esa forma de entender el feminismo que la sociedad ha creado, tan exigente y, a la vez, tan absurdo. Menciona que es normal que muchas feministas, que normalmente las colocamos en un pedestal, se caigan con fuerza de forma inmediata al cometer un error y, nosotros lo sintamos como una traición. Por eso, de buenas a primeras, ella menciona que es mala feminista porque ella comete errores todo el tiempo.

Sin embargo, después de ese comienzo sus artículos de pronto empezaron a oler a Caitlin Moran porque hacía muchas referencias a sus vida personal y a anécdotas que no sabía cómo encajaban con el feminismo, de hecho le dedica todo un capítulo a hablar del scrabble. Honestamente temí que se repitiera el fiasco de Moran, pero cuando empezó a hablar propiamente de género, por fuera de su vida, mi percepción cambió por completo y, ya hacia el final, me pareció una maravilla.

Aborda los temas de siempre, sexualidad, aborto, modelo femenino pero logra imprimirle su propio estilo, aportándole acidez y un humor muy particular. Más allá de eso, me gusta mucho que deje conceptos claros e invite a la reflexión. Moran no era más que un diario íntimo convertido en un libro y está claro que Gay tiene no solo otro bagaje intelectual, sino otro estilo más acertado de decir.

Más allá de los temas tópicos que suelen colarse en todo libro feminista, me pareció muy interesante otros temas que, al menos yo, no había leído en este tipo de libros. Por ejemplo el hip-hop. Más allá de gustos personales, es cierto que el hip-hop es en mayor o menor medida un estilo que puede resultar contagioso, sobre todo por el ritmo que tiene. Ahora, cuando uno se inmiscuye en las letras… el horror aparece. La misoginia, el machismo y la homofobia que arroja muchas de esas letras es terrible, pero como tiene un ritmo contagioso se cantan con diversión. Gay no tiene reparos en decir que ella conoce las letras y que, aún así, suele cantarlas y eso la hace particular, porque no deja de recordarnos que comete errores y que, de nuevo, no es una feminista perfecta. Incluso ella, deconstruida y una mujer intelectualmente nutrida, no puede evitar caer en esas trampas del patriarcado.

No es difícil hacer un paralelismo con el reggeaton y, en ese sentido, me siento identificada con Gay porque, aunque sé de qué van muchas de las canciones, me encuentro encantada cantándolas.

De igual forma me pareció interesante el modo en que analiza algunos libres icónicos, y que ella admite haber consumido, como Crepúsculo, Los juegos del hambre y 50 sombras de Grey. Pero tiene también la valentía, y está claro que la capacidad, de criticar los clásicos cuentos de Disney. Esos artículos me parecieron una maravilla, por la crítica, lo filosa que es, la ironía que aporta, la risas que provoca y por el modo en que te obliga a pensar en ello.

Ahora bien, debo admitir que, antes de llegar a eso, también hace críticas a ciertos personajes femeninos de ciertos libros que yo no conozco y aunque el lector puede entender la crítica sin grandes problemas, siento que lo hubiera resignificado de otro modo de haber leído los libros a los que se refiere.

Me pareció increíble, realmente increíble, que pudiera meterse directamente, de forma delicada y a la vez acertada y sin medias tintas con la violencia de género y la violación. El artículo en el que habla de Chris Brown, conocido rapero estadounidense que le dio una brutal paliza a Rihanna, su novia de entonces, me pareció conmovedor y estimulante. Todos nos horrorizamos con las fotos de la denuncia de Rihanna, pero tampoco hicimos nada para ayudar. Y sí, podrán decirme que desde la comodidad de nuestro Uruguay natal es complicado ayudar, ¿pero qué estamos haciendo para concientizar acera de un conocido cantante uruguayo que sabemos que acosa mujeres?

Gay deja claro que somos permisivos con los famosos y no solo menciona el caso de Chris Brown como golpeador, sino que habla de otros actores, se me fueron los nombres en estos momentos, que tuvieron denuncias de violación y que, a la actualidad, siguen libres. No tengo que decirles que, cruzando el charco, hace unos días se gestó un escándalo mediático porque un conocido actor de telenovela violó hace diez años a una de sus compañeras que tenía dieciséis, cuando él ya había pasado los cuarenta. Sí, estaremos hablando del caso un par de días, ¿y luego? No hay políticas públicas, autoridades ni Estado que acompañe.

Más allá de esos casos, Gay también critica el modo en que son tratados en la prensa. Menciona un caso de violación masiva a una niña en un pequeño pueblito y un artículo que se pone en el lugar de esos hombres que “cómo harán para vivir en ese pueblo”, como si las víctimas fueran ellos, a la vez que nunca mencionan la palabra violación. Muchos medios y periodistas son tibios a la hora de tratar algunos asuntos y no deberían serlo. Una violación masiva es una VIOLACIÓN MASIVA, no es un abuso. Menciona incluso que el escritor del artículo solo dice la palabra violación al mencionar a la niña, pero no a los hombres, como si la niña se hubiera violado sola.

Tampoco esto suena tan lejano. En el día de ayer, una conocida revista infanto-juvenil uruguaya utilizó las historias de Instagram para hacer una encuesta sobre si debemos creer una acusación de ese estilo de buenas a primeras o tenemos que esperar el fallo de la justicia y, además, hizo hincapié en qué pensaban sus hijos que, evidentemente, pensarían que su padre es su padre y que, por lo tanto, sería incapaz de cometer una cosa así. El modo en que naturaliza la violación, descree la acusación y pone el foco en la victimización del violador es asqueroso.

Tras ese apartado, brillante, sobre género y sexualidad, Gay se adentra a temas de género vinculados a lo racial. A la vista está que la autora es una mujer negra, y el modo en que lo hace… A Estados Unidos le falta mucho. Me hizo acordar mucho a The hate you give y la verdad es que me generó las mismas molestias, tanto físicas como intelectuales. Sin embargo, aunque a menudo el racismo parece algo que en Uruguay no pasa, temo mencionarles que sí sucede. En la cotidiana, naturalizando comentarios, pero también en hechos violentos como amorzadar a un compañero y grabarlo haciéndole comentarios racistas, como sucedió hace un par de meses.

El modo en que analiza distintas películas, todas galardonadas por la crítica, sobre esclavitud y el papel que normalmente se les da a los actores y actrices negros es brutal. Normalmente, menciona, se le ofrecen papeles de sirvientas o niñeras, o de pandilleros en el caso de los hombres, pero nunca de abogadas exitosas o doctores prestigiosos. De hecho, menciona que de la mayoría de series que se emiten en Estados Unidos, solo las de Shonda Rhimes son protagonizadas por mujeres negras, lo cual dicen mucho.

En conclusión, un libro altamente recomendable. Me encantó la forma en que me hizo cambiar de opinión. Como les mencioné, empecé leyendo con muchas dudas y con miedo a encontrarme con otro fiasco, pero terminé este libro maravillada y deseando leer más de esta autora. Quienes quieras reflexionar sobre feminismo, el real, el verdadero, el de mujeres que se equivocan y tiene sus altibajos y no el del feminismo construido por la sociedad, este es su libro. Cuatro estrellas de cinco.

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