Candela Ríos – Los chicos del calendario. Mayo. Junio. Julio

Esta saga es peor que el paco. Sí, lo dije. Consumí los cinco libros con ansias y leí uno atrás del otro con cierta emoción. Hacía tiempo que no me pasaba algo así con un libro, así que lo agradezco. Huelga decirles que este libro es, en realidad, el tercero de la saga. Si quieren leer qué me pareció el primero y el segundo, pueden leer aquí y aquí respectivamente.

Hagamos un racconto de lo que sucedió en entregas anteriores. A Candela Ríos, nuestra protagonista y también la escritora del libro aunque, en realidad, es un seudónimo que usa la autora real, una suerte de máscara que, en mi opinión, funciona de maravilla, la ha dejado su novio. A Candela Ríos la ha dejado su novio por Instagram, de hecho. Ruben colgó una foto de una valija con el hashtag #AdiósCandela y Candela, trabajando hasta tarde el viernes previo a fin de año, se da cuenta que la acaban de dejar a través de Instagram.

Abril, fotógrafa de la revista para la que Candela trabaja y su mejor amiga, la arrastra a un bar y ahogándose en gin tonics, nuestra protagonista despotrica a diestro y siniestro contra todos los hombres españoles. Todos. Para ella no existe uno solo que merezca la pena. El tema es que, aunque ella no lo sabe, Abril grabó todo su discurso y mientras ella pasaba fin de año comiendo porquería y tomando alcohol como si no hubiese mañana, su amiga subió el video a Youtube e, increíblemente, generó dos millones de reproducciones y miles de comentarios, apoyando su postura o, incluso, ofreciendo a un hijo, hermano, amigo que merecía la pena.

Lo cierto es que, para su desgracia o su fortuna, Candela va a poder comprobar en carne propia si sus afirmaciones alcoholizada son ciertas, porque el jefe de su jefe, es decir el hombre que maneja un imperio de las comunicaciones, le ofrece encabezar un proyecto que tendrá como nombre Los chicos del calendario. El proyecto con nombre de calendario porno supone que Candela recorra España durante doce meses conociendo a un hombre distinto cada mes y, básicamente, buscando validar o echar por tierra su propia teoría.

Abril fue un mes intenso para Candela porque uno de los chicos del calendario le rompió el corazón y porque, casi de inmediato, comenzó una relación con otro de los chicos de calendario. De modo que uno ya sabe que hay drama en puerta. A la vez, mientras lidia con el triángulo amoroso que comienza a aparecer y sus propios sentimientos por todo lo que está viviendo, Candela tiene que seguir recorriendo España en la búsqueda de un hombre que valga la pena.

El chico de mayo es es veterinario y se ha presentado él mismo como candidato buscando dar visibilidad a las necesidades de los animales, puntualmente a un centro de animales maltratados. Un hombre con el que Candela empatiza rápidamente y aprende el valor de las segundas oportunidades, sobre todo si hay amor de por medio.

El chico de junio es un obrero de la construcción que está reformando un geriátrico y a quien los abuelos presentan como el candidato perfecto y aunque él aceptó participar, está muy lejos de considerarse a sí mismo perfecto. Alberto fue, por lejos, uno de los chicos más críticos con sí mismo, consciente de sus errores y del dolor que produjeron. Candela tiene que decidir si logra simpatizar con la infidelidad y la culpa de su nuevo chico.

El chico de julio es, cuanto menos, algo peculiar. Para empezar, fue un enchufado por el padre de Salvador, un magnate de los negocios que no hace más que molesta y por momentos encarna el villano de la saga. Aun así, y aunque John, un surfista profesional, tuvo unos primeros momentos difíciles, logró ser un chico del calendario bastante decente, al menos para mí. Es también en Palma de Mallorca que Rubén, el creador del instabye que desencadenó todo, hace su aparición y sabemos que algo extraño está tramando.

Me parece fantástico la versatilidad de los hombres que conoce, lo diferentes que son entre sí, la hermandad que se genera entre ellos y lo mucho que Candela aprende a sus lados. Eso, en realidad no ha cambiado en lo absoluto. Lo nuevo de esta entrega es, además del triángulo amoroso, la evolución del personaje y eso, no solo es claro, sino que se agradece mucho. Sería impensable que la protagonista no evolucionada de forma considerable con todas las experiencias que ha estado acumulando. Por momento Candela se ve absorbida por momentos algo surrealistas y, sin embargo, los pilotea con mucha ironía y humor que da cuenta de su evolución.

Más allá de la evolución del personaje y el triángulo amoroso que comienza a ponerse bueno, esta entrega introduce un pequeño cambio en el modo de narrar. Los anteriores libros has sido narrados por completo en primera persona por Candela y aunque aquí ocurre  lo mismo, se introduce un pequeño cambio: los dos vértices del triángulo,Salvador y Victor, tienen sus propios capítulos. Aunque fue divertido e interesante conocer sus puntos de vista, porque naturalmente nos da una perspectiva más amplia como lector, sentía que de alguna forma no encajaban con el estilo de las novelas anteriores. Para ser honesta con ustedes, aunque lo agradecí, se me hizo raro.

Candela es tan interesante y uno como lector tiene la sensación que está charlando con una amiga porque la pluma de la escritora, quien quiera que sea su nombre, es perfecta. El estilo es tan fresco, divertido e inteligente en los pequeños detalles que me resultó una novela realmente adictiva que, de hecho, me terminé en media tarde. Estoy tan enganchada a Los chicos del calendario como cualquier fanático de Candela Ríos y estoy deseando saber qué le deparará los chicos de los meses siguientes.

Sobre el final del libro se hace una revelación brutal que da sentido a mucho de lo que ha sucedido antes y que, en realidad, hemos estado esperando desde enero y cuando la verdad salió a la luz lo primero que pensé fue “John Green, ¿sos vos?”. Esa vuelta de tuerca no me convenció mucho, así que tuve que correr a leer el cuarto libro para saber qué sucedía, como entenderán.

Por lo ameno que resulta acompañarla, por lo mucho que ella aprende en el camino, las risas que uno suelta tras las situaciones surrealistas en las que se ve envuelta y, sobre todo, porque Victor es genial, le doy cuatro estrellas de cinco a este libro.

 

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