Chimamanda Ngozi Adichie – La flor púrpura

No es la primera vez que me encuentro con Chimamanda, pero sí la primera vez que leo su ficción y ¡qué sorpresa! Madre mía, ¡qué sorpresa! No esperaba que fuera tan dolorosa, suave y compleja. Realmente una maravilla y un libro que todos deberíamos leer con los ojos bien abiertos, porque tiene tantos trasfondos como el lector quiera darle. Este es el tercer y, tristemente, último libro que leí para la Maratón de lectura feminista Guadalupe-Reinas en la categoría escritora racializada. En lo personal, el mote que le puedo poner al paso por esta maratón es de fracaso, porque no llegué a leer los diez libros que pretendía. Siempre triunfando.

La flor púrpura es su primera novela, lo cual me parece una demencia porque su prosa no parece novata, y como varias personas importantes quedaron igual de impresionadas que yo, galardonaron este libro con el Commenwealth Writers’ Prize or Best First Book y con el Hurston/Wright Legacy Award. Como les digo, una maravilla.

La voz del libro la lleva Kambili, una joven de 15 años de familia adinerada de Nigeria. Vive junto con sus padres, él dueño de un periódico algo rebelde y múltiples fábricas y ella una ama de casa sometida, y su hermano mayor, Jaja, en una casa lujosa y cómoda, colmada de placeres que el pueblo común no tiene. Kambili es muy privilegiada: asiste a una escuela privada, tiene personas a su servicio y come cuanto quiere puesto que su cocina siempre está bien repleta. Sin embargo, esos privilegios son vistos con normalidad y no traen la felicidad ni siquiera un poco, puesto que el papá, Eugene, es un verdadero hijo de puta. Ay, sí, lo dije. Si esperaban un lenguaje más elaborado, se los quedo debiendo.

Este personaje me despertó un odio visceral bastante profundo y al leerlo me daban ganas de romper todo lo cual, por supuesto, solo es mérito de la autora. Eugene es un fanático religioso que se empeña en tener la familia perfecta y como, naturalmente, no lo son  porque no existe tal cosa, recurre de forma sistemática a la violencia, simbólica y física, contra sus hijos y su esposa en el afán por conseguirlo. El ambiente opresivo que Chimamanda genera en este libro es increíble, así como escalofriantes son los silencios de sus protagonistas o la falta de verdadero diálogo en esa familia.

La situación cambia de forma drástica y espectacular cuando Kambili y Jaja pasan unos días en la casa de la hermana de su padre, tía Ifeoma. Allí conocen un mundo nuevo. Para empezar, descubren una realidad socioeconómica muy distinta a la que tienen en la casa: la comida escasea, no se consigue nafta, a menudo se corta la luz y se espera a que todos hagan sus necesidades en el baño para tirar la cisterna, puesto que se cuida mucho el agua. A su vez, descubren que sus primos, Amaka, Obiora y Chima, tienen voz en la mesa familiar y que la usan para debatir asuntos de actualidad que ellos desconocen, a pesar de que suelen leer el periódico con su padre en los momentos destinados para eso. Sin embargo, lo que más los impresiona es la libertad. En la casa de Ifeoma descubren la libertad: de decir lo que quieran, de hacer lo que quieran, de moverse a su antojo.

De pronto, la libertad que conocieron en casa de tía Ifeoma choca de forma brusca y violenta con la opresión que ahora reconocen en su propia casa. Es un libro sobre la búsqueda de uno mismo por fuera de la casa familiar, es un libro sobre cómo abrir las alas y volar fuera del nido violento y opresivo. Duro de leer, sí, pero maravilloso. Hasta ahí con la trama del libro.

Hay cantidad de cosas que me parecieron increíbles de este libro. Para empezar, el modo en que Chimamanda retrata el fanatismo religioso y como este se relaciona mucho con el imperialismo. Se retrata de forma muy acertada cómo los misioneros llegaron predicando la palabra de Cristo y arrancaron a miles de africanos de sus dioses “paganos”. Eugene, el padre de Kambili y Jaja, es un católico fervoroso y practica a raja tabla los mandatos bíblicos y obliga a su familia a hacerlo mientras, a la vez, desprecia, ignora y ya no habla con su propio padre que, con ochenta años, sigue creyendo en los dioses antiguos. Esa visión de gente de primera y segunda categoría es muy propia del imperialismo.

Si me lo permiten, esto del imperialismo se ve claramente en que Eugene procura siempre hablar en inglés, lenguaje que él considera civilizado, y evita el igbo, el idioma nativo y, en definitiva, su lengua materna. Por otro lado, también hay una suerte de colonialismo interno porque unos viven en la miseria, como mucho de los integrantes de la familia, como su hermana o su propio padre, pero la familia directa de Eugene viven con muchos privilegios. Esto no significa que el colonialismo externo no exista: parte de la Commonwealth, como Canadá, menciona que Nigeria no puede gobernarse sola porque son inútiles. Y por otro lado se menciona que en Estados Unidos muchos abogados o médicos malviven porque los estadounidenses no consideran que los estudios nigerianos estén a la altura de sus requisitos.

Desde luego el racismo no es el tema central de este libro, pero se ve con claridad si uno mira con atención. Me pareció muy acertado el modo en que la autora lo aborda, lo dice al pasar y aunque en algunas ocasiones aparece como queja, sobre todo en boca de Ifeoma o Amaka, no se hace hincapié excesivo en eso lo cual, en mi opinión, se le da más peso a la crítica que se está haciendo.

La forma en la que la violencia es retratada en este libro es absolutamente verosímil y refleja un círculo de la violencia perfecto. Golpeador golpea, pide disculpas y jura que lo hace por el bien de la víctima y luego termina volviendo a golpear. Eugene es un perfecto golpeador no solo porque lleva su papel adelante de forma magnífica, dándoles castigos terribles a sus hijos y su esposa, sino porque las reglas en su casa son inflexibles y todos andan en puntillas a su alrededor. Pero también es increíble porque de la puerta para afuera de su casa, Eugene es considerado un hombre generoso, defensor de los Derechos Humanos, de hecho premiado por eso. Esa doble cara es la doble cara de un hombre sano del patriarcado. Es la doble cara que da lugar a testimonios como: “pero si el vecino era simpático”, “siempre me ayudaba a empujar el auto cuando necesitaba”, “nunca pensé que pudiera hacer semejante cosa”.

Los dos hermanos son increíbles y me gusta mucho su evolución y cómo los dos encaran la libertad, y la posterior rebeldía, de distintas formas. Jaja lleva de buena manera el encuentro súbito con la libertad y es mucho más osado, plantado y lanzado a la hora de hacerle frente a su padre. Kambili, por otro lado, evoluciona de forma lenta y muy acorde con su personalidad y me fascinó lo incomprensible que se le hacía la libertad y el miedo que le daba. Me pareció maravillosa su transformación, no solo por el camino que recorre, sino por lo que descubre en el camino y las relaciones que entabla en él. Ahora, no deja de ser doloroso leerlo.

En cuanto al estilo, Chimamanda es magnífica. Es sencillo, no tiene florituras rimbombantes, pero la sencillez le da una belleza y una suavidad muy agradable. A su vez, es un libro muy sensorial en cuanto se describe de forma detallada los sabores, olores y la vida en Nigeria. Ahora bien, esa sencillez no le quita dolor sino que, si es posible, lo hace más descarnado y real. Repito, los silencios de este libro son una maravilla como también sus gritos.

Un libro maravilloso. El título, por otra parte, se me hizo acertadísimo: la flor púrpura, que solo crece en el jardín de tía Ifeoma, no es más que un símbolo de la libertad con la que se vive en su casa. De verdad, tienen que leerlo. Doloroso, inevitable enojarse con lo que sucede, pero tan maravilloso en su realismo que todos deberían leerlo. Gracias a Laura por el regalo. Cinco estrellas de cinco.

 

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11 comentarios sobre “Chimamanda Ngozi Adichie – La flor púrpura

  1. Hola Agus! Me alegro mucho que te haya gustado el libro tanto como a mí.
    Siempre que lo veo, recuerdo a Eugene y esa violencia descarnada.
    El personaje de la madre se empequeñece ante la aparición de Ifeoma, aunque esta no sea la intención de esta última.
    Muy buena reseña, besos

    Le gusta a 1 persona

    1. Animate a leerla, Romi, que lo vas a encontrar interesante. Por lo que sé, tiene por lo menos dos o tres novelas publicadas y después de leer esta, me quedé con ganas de seguir.
      ¡Gracias por comentar!

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  2. Hola, bella. Leímos este libro hace un buen tiempo en el club y reaccioné muy parecido a como lo hiciste tú. Me encantó y me dejó con muchas ganas de seguir leyendo a esta maravillosa autora. Qué bueno que te encontraras con esta novela ♥
    Un beso!

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  3. Hola, yo tengo este libro en mi lista de lecturas (ya lo tengo en mi biblioteca y estoy esperando el momento indicado para leerlo), así que tu reseña llegó en un momento indicado.
    Fue clara y dijiste los puntos clave. Me gustó que resaltaras la prosa de Ngozi y lo del temor.
    Ten un gran día 🙂

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