Mary Wollstonecraft – Vindicación de los derechos de la mujer

Esta reseña es especial porque convergen en ella dos iniciativas muy interesantes. Para empezar, esta entrada abre la semana de #Mujeres2019. Ustedes saben, la iniciativa creada por Laura del blog Palabras Ajenas, que tiene por objetivo visualizar a las mujeres en diferentes ámbitos de la cultura. Este es el segundo año que participo, así que si quieren leer mis entradas anteriores pueden encontrarlas bajo el hashtag #Mujeres2018. Por otro lado, este libro también forma parte de la iniciativa Pongámonos las gafas violetas, una lectura bimestral feminista de la que pueden leer aquí.

Antes de entrar de lleno al libro en sí y su contenido, creo que es necesario hablar de su autora. Mary Wollstonecraft nació en Inglaterra en 1759. Era la segunda de cuatro hermanos y creció protegiendo a su madre de las palizas de su padre que se le dio por la bebida tras despilfarrar los recursos que tenía. A propósito de esa situación familiar poco frecuente, Mary se libró de la educación tradicional que recibían las mujeres de esa época, de hecho entre los diecinueve y los veintiocho años probó todos los trabajos decentes reservados a las jóvenes (damas de compañía, institutriz, maestra).

Viviendo en época prerevolucionaria y respirando el ambiente ilustrado, poco antes de que se tomara La Bastilla en Francia, Mary escribió Vindicación de los derechos del hombre, un texto que la convirtió, de pronto, en una mujer famosa y de mucho éxito. Tras esa publicación, decidió escribir una continuación y así nació Vindicación de los derechos de la mujer, considerado la obra fundacional del feminismo.

Escrito en 1792, el ensayo denuncia la desigualdad en cuanto al acceso a la educación de la mujer para que todas puedan desarrollar una mente racional, lejos de su figura de madres y esposas cargadas de moralidad. Incluso va más allá al establecer que la desigualdad de sexos, entendamos que el concepto de género vino mucho después en el tiempo, radica en la propia educación. En esta parte era impresionante la similitud que maneja respecto al siglo XXI. Dice con firmeza que desde que las niñas nacen son tratadas como seres débiles y que se suele acentuar el ellas ciertas virtudes femeninas, que la autora ve como defectos, como son la delicadeza, la docilidad, enseñados desde el primer momento para situarse bajo el yugo masculino. No hacen así, se anima a aclarar, se lo han enseñado.

Es este el primer libro en la historia de la humanidad en el que se llama privilegio al poder que siempre habían ejercido los hombres sobre las mujeres de forma «natural», como si fuera un mandato de la naturaleza y no un mandato social impuesto. Eso, por sí solo, ya amortizó la lectura de este libro.


“Que mi propio sexo me disculpe si trato a las mujeres como criaturas racionales en vez de hacer gala de sus gracias fascinantes y considerarlas como si se encontraran en un estado de infancia perpetua, incapaces de valerse por sí solas”.


Sin embargo, si bien está claro que se trata de una feminista, esgrime un feminismo antiguo, porque después de todo no deja de ser el siglo XVIII. Eso me trajo muchos sentimientos encontrados, a decir verdad. Por ejemplo, menciona que sólo a través de la razón y de la menta analítica, muy propio de la Ilustración, la mujer podría ser libre, pero luego menciona que sólo a través de la razón será una buena compañera para su marido y una buena madre para sus hijos. A pesar de que da el primer paso, gigante en aquel momento y desde luego una pionera al hacerlo, no deja de atribuirle un lugar de acompañante a la mujer. De nuevo, entendamos que se trata de fines del siglo XVIII.

El modo que tiene de ir desarrollando su pensamiento consiste en elaborar sus teorías a partir de otras con las que no está de acuerdo, y así es que echa por tierra una cantidad de afirmaciones de autores reconocidos a los que ha leído y los que afirman que la mujer es inferior al hombre. Un párrafo aparte la crítica a Rousseau que me pareció extraordinaria.

Me gustó particularmente el apartado donde habla de las diferencias de clases, lo que me pareció muy acertado y que, si somos honestos, hoy en día no funciona del todo. Wollstonecraft menciona que las mujeres privilegiadas deben ayudar a las demás y no menospreciarlas por ser pobres, pero todos sabemos que hay un feminismo liberal, el que inaugura Betty Friedan, y un feminismo radical ligado a la revolución, liderado por mujeres con consciencia de clase, e incluso en ocasiones también de raza. Que esta mujer lo haya dicho doscientos años antes me parece tan revolucionario como impresionante.

Por otro lado, me fascinó por completo que sea una hija tan excelente del tiempo en el que vive. La Ilustración se respira en el aire y eso se refleja de forma clarísima en su libro. Menciona que si las sociedades humanas privilegian la razón, disminuirán las tiranías y, de manera inevitable, disminuirá también hasta desaparecer en estas sociedades la sumisión de la mujer. Esta afirmación tiene lugar porque ella encuentra una similitud evidente entre la sumisión a los regímenes políticos que institucionalizan la tiranía a través de la fuerza bruta con el conjunto de ideas que pretende la sumisión de la mujer.


“Deseo de veras mostrar en qué consiste la verdadera dignidad y la felicidad humana. Deseo persuadir a las mujeres para que intenten adquirir fortaleza, tanto de mente como de cuerpo, y convencerlas de que las frases suaves, la sensibilidad de corazón, la delicadeza de sentimientos y el gusto refinado son casi sinónimos de epítetos de la debilidad, y que aquellos seres que son sólo objetos de piedad, y de esa clase de amor que ha sido denominada como su hermana, pronto se convertirán en objetos de desprecio”.


A pesar de todo lo positivo que tiene el libro, por revolucionario y maravilloso, no dejaré de mencionar lo soporífero que me pareció. En serio, es un libro muy aburrido de leer. El estilo, tan propio del siglo XVIII, es pesado, denso y muy difícil de abordar. Está claro que no es un libro para leer en un rato libre o en el trayecto del ómnibus, hay que ponerla mucha cabeza y, si soy honesta con ustedes, no es una lectura que haya disfrutado. De hecho, le metí pata para terminarla cuando antes así no alargaba una lectura que, realmente, me parecía soporífera.

Así como el estilo no me gustó, de la mitad del libro para adelante se pone rara y, si me lo permiten, algo soberbia. Para empezar, parece como si estuviera atacando a la mujer por ser dócil, responsabilizándola de algo que no corre por su cuenta, dando cuenta que, poco más, es culpa de la propia mujer ser sometida. Está claro que pretende hacer entender que, en cierta medida, es culpa de la mujer por no ser seres racionales, pero no deja de ser absurdo y, si me lo permiten, contradictorio porque antes dejó muy claro que el origen de la desigualdad está en la educación. No sé, esa parte no me gustó y se me hizo algo confusa.


“Deseo persuadir por la fuerza de mis argumentos en vez de deslumbrar por la elegancia de mi lenguaje”.


Los aportes del texto, vistos en el contexto histórico en el que se establecen, son espectaculares, revolucionarios y ahora entiendo porqué se la considera la pionera, la primera mujer que aborda el feminismo. El énfasis que hace sobre la educación me pareció muy acertado, un lugar desde donde aún cojea nuestro sistema educativo e incluso nuestra sociedad, porque corremos a comprarle rosa a ella y azul a él, la muñeca a ella y la pelota a él. Son mecanismo social de sumisión que se dan desde una edad muy temprana y que recién ahora podemos desnaturalizar y entender que han sido impuestos.

Aunque sus aportes realmente me parecieron buenos, acertados e interesantes, les juro que no puedo ir mucho más allá de lo terriblemente aburrido que me resultó leerla. De verdad, soporífero. Como les decía, un estilo muy denso, abigarrado, entreverado y que, claramente, no cualquier puede leer. Estoy en un punto en el que entiendo que el feminismo tiene que tener teoría traducida al lenguaje corriente de calle para que todos puedan acceder a ello. Voy a ser clara, si no fuese porque era la lectura bimestral, lo hubiera abandonado al poco de empezar porque no me sentí cómoda con el estilo y por eso le puse dos estrellas de cinco.

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4 comentarios sobre “Mary Wollstonecraft – Vindicación de los derechos de la mujer

  1. Hola, buena reseña, me gustó tu honestidad y que, a pesar de que no la hubieses disfrutado particularmente, mencionarlas los puntos claves del ensayo… además te agradezco por terminarlo y por hacer la reseña, porque habría descubierto gran cosa sobre este ensayo (al menos, no por ahora). Voy a ver si tengo la oportunidad de leerlo.
    Ten un gran día.

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  2. Estoy al 100% de acuerdo con todo lo que decís. La primera parte del libro es el verdadero libro de feminismo, la otra parte es un discurso de ataque a la mujer por ser sumisa y poco racional.

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