Gabriela Borrelli Azara – Lecturas feministas

Esta reseña es especial porque convergen en ella dos iniciativas muy interesantes. Para empezar, esta entrada cierra la semana de #Mujeres2019. Ustedes saben, la iniciativa creada por Laura del blog Palabras Ajenas, que tiene por objetivo visualizar a las mujeres en diferentes ámbitos de la cultura. Este es el segundo año que participo, así que si quieren leer mis entradas anteriores pueden encontrarlas bajo el hashtag #Mujeres2018. Por otro lado, este libro también forma parte de la iniciativa que creamos con Laura #VocesDeMujeres, con el afán de conocer y leer más autoras, si quieren saber de qué va, pueden leer aquí.

Esta lectura encaja con la categoría “Autora latinoamericana” pues Gabriella Borrelli Azara es argentina. Nació en 1960, es escritora, locutora y periodista especializada en crítica literaria. Conduce en radio, coordina talleres de poesía y escribe sobre literatura para diferentes medios y cuando vi su libro supe que sería interesante. Lecturas feministas. Escritos desde el siglo V a.C hasta el presente, publicado en el 2018, es un precioso libro para acercarse a las grandes autoras del feminismo puesto que se trata de un complicado de algunos de los libros icónicos dentro de la historia del feminismo.

Antes de adentrarnos en la selección que hace, me gustaría detenerme en el prólogo, apenas una página colmada de sabiduría. La autora empieza el prólogo haciendo una pregunta bien interesante: “¿es necesario leer para ser feminista?”. De inmediato se responde que claramente no es necesario leer para serlo y lo concatena con otra pregunta igual de interesante: “cómo es posible que muchas de nosotras tengamos el conocimiento que está en los libros sin haber accedido a ellos?”. De la misma forma que todos saben de qué va el Quijote de la Mancha sin haberlo leído. Las lecturas feministas se mueven como reguero de pólvora dentro del movimiento. Muchas no leyeron a Simone de Beauvoir, me incluyo allí, pero saben perfectamente que fueron construidas para ser mujeres, es decir madres, hijas o esposas. Alejarse un poco de ese “debo ser” desarma lo naturalizado, ¿cómo que no puedo ponerme un pantalón o no sentir deseo materno o decir una palabra que una señorita no  puede decir? En esa pregunta, en esa grieta cuela la primer duda y por allí entra la historia de irreverencias feministas.


Es el virus de la palabra que se alimenta de las luchas en las calles.


Se vive la literatura como un virus, asegura Gabriela, en tanto nos contagiamos a través de frases, historias narradas o incluso canciones. Pensamos la literatura feminista como una historia de palabras, de historias que se hacen escuchar en cada marcha, en cada lucha ganada, en cada ley que se milita. La literatura feminista es, y utiliza una metáfora preciosa, la caricia de la compañía al descubrir un poema o un texto que nos decía que eso que sentíamos no estaba mal, que era correcto. Este libro es, entonces, el recorrido por esa historia, el camino de aprendizaje y evolución de ese virus que lo invade todo hoy en día.

Antes de empezar con la compilación de autoras, tiene una página destinada a la lectura como abstracto que me pareció fascinante. La historia de la lectura, menciona, es una historia marcada por el silencio. La escritura tiene prestigio, pero el hábito lector está profundamente invisibilizado y vaya que nunca lo había pensado en esos términos. Las bibliotecas establecen el silencio lector, sin embargo son los recorridos silenciosos los que nos permiten que la literatura se expanda de maneras misteriosas e inesperadas. Es también la lectura lo que nos permite que se conforme una voz colectiva y en el libro, dice, están, aunque silenciosos, todos los ecos lectores, porque si una lee, leemos todas.


En cada una de nosotras resuenan las formas en que la libertad de hace palabra.


No les voy a mentir, la lectura de esas primeras páginas ya lo valía todo. Me pareció magnífico, no solo porque es acertado sino porque nunca había leído al respecto, que se planteara la necesidad de la lectura en el movimiento feminista.Por otro lado, vaya si la lectura no es un acto silencioso y privado que, normalmente no suele salir a la luz ni tener el mismo prestigio que la escritura. De verdad que nunca lo había pensado en esos términos y me gustó mucho cómo lo abordó y el sentido que le dio a sus palabras.

A partir de entonces empieza a agrupar a varias mujeres destacadas según distintos criterios que, a  veces, a mi parecer son un poco desacertados. Empecemos por el principio: la antigüedad. En el capítulo “Mujeres de túnica y carros de guerra” aparecen textos de Safo de Lesbos, Suplicia y Sei Shonagon y qué les voy a decir, no sé si es correcto tildar a estas escritoras de feministas o si, más bien, está cayendo en un anacronismo. Ese primer capítulo se me hizo un poco raro, al igual que el segundo “La ciudad de las iluminadas”. De pique si habla de iluminación remite al movimiento político, sociocultural que se da en el siglo XVII y XVIII y no estoy en desacuerdo en incluir a algunas de esas autoras allí dentro, como Olimpia de Gouges o Mary Wollstonecraft, la reseña de su libro la puede leer aquí, pero sí estoy en desacuerdo en incluir dentro de la iluminación a dos mujeres que escribieron en la Edad Media. Eso es un error histórico que no pude pasar por algo. Si hablamos de Ilustración es un momento y lugar acotado en el tiempo, no se lo puede extender hasta la Edad Media porque no es correcto.

El tercer capítulo “Conquistadoras de un mundo nuevo” aborda la mujer trabajadora que vio la luz con la Revolución Industrial. En cierto punto, menciona, que la mujer trabajadora se convirtió en un problema para el capitalismo en tanto no tenía claro cuál era su lugar: ¿cómo incide el trabajo asalariado en sus capacidades para cumplir sus funciones maternales y familiares? Parece claro que incluso entonces el lugar de la mujer estaba destinado a la casa y al cuidado del hogar. Menciona la autora que se instaló una situación cultural en la cual era aceptable que una mujer trabajara pero en un corto periodo del tiempo mientras eran jóvenes, una vez se casaban se recluían en el hogar. No puedo dejar pasar por alto que, en realidad, solo las mujeres de clase medía alta podían tomar ese tipo de decisiones, puesto que las mujeres pobres debían continuar trabajando para mantener a la familia. Aquí aparecen figuran destacadas dentro del movimiento como Emmeline Pankhurst y Clara Zetkin y luego incluye dos mujeres que yo no conocía como Amparo Poch y Gascón, médica anarquista española que participa en la Guerra Civil de España y por último, un libro colectivo que da cuenta de las mujeres revolucionarias en la revolución China.

En “Parias americanas”, como pueden imaginar, hace foco en América Latina y incluye allí muchas mujeres que a lo largo de los siglos han tenido incidencia de un modo u otro en el movimiento. Aunque entiendo que la mira está puesta en América Latina no puedo dejar de mencionar que bajo ese paraguas entren a la vez Flora Tristán y Eva Duarte y que me resulta extraño. Más allá de esa yunta dispareja, me asombra el modo en que las ordena, porque va desde el siglo XIX y Juana Manso, que ordena junto a Sarmiento la escuela argentina, uruguaya hasta Alaíde Foppa, guerrillera de los años 70 y luego pasa a Eva Duarte, fallecida en la década de los 50.

Las “escritoras con cuarto propio”, por supuesto, toman nombre a partir de Virginia Woolf, como no podía ser de otro modo. Se trata de mujeres nacidas en el siglo XIX que se hacen profesionales de la palabra y que necesitan un espacio propio para la realización personal. Son mujeres, sí, pero también son escritoras. Aquí, de nuevo, me llama la atención el modo en que agrupa, puesto que tenemos a tres latinoamericanas y a Virginia. Entiendo en cierto modo el criterio, pero no deja de parecerme extraño: Alfonsina Storni, Gabriela Mistral y Virginia es, como mucho, una combinación un poco rara.

En “Copernicanas” aparecen Simone de Beauvoir, Betty Friedan y Kate Millet y en este caso, aunque las mujeres de por sí son bien distintas: Betty Friedan una burguesa ocioso y Simone de Beauvoir una intelectual de izquierda, el criterio que usa es la novedad, tal y como Copérnico fue en su momento. Esas tres mujeres fueron giros que dieron vuelta la forma de pensar de la humanidad. Tres textos que desarman el entramado cultural en el que se asienta el patriarcado.

“Descarriadas” son las mujeres que teorizaron, que fueron más allá y que siguieron pensando en la naturaleza del sexo y en la construcción del género. Aquí aparece Judith Butler, entendida como una de las autoras más importantes después de Simone de Beauvoir, aparece también Monique Wittig, la autora del lesbofeminismo, que establece la heteronormativdad como un régimen político y aparece Virginia Despentes que mezcla relatos confesionales, con metáforas líricas, descripciones pornográficas y sentencias duras. Y entonces aparece un hombre. Por primera vez en el libro aparece un hombre entre los autores seleccionados y me llamó mucho la atención: Paul B. Preciado. En un texto a medio camino entre la crónica y la filosofía, devela las implicancias físicas, psicológicas y sociales de la transición a otro género. Un hombre destacado dentro de la teoría queer.

Por último aparecen las “Creadoras de nuevos horizontes”: Elvira López, Lohana Berkins, Rita Segato y Marcela Lagarde. Me llama la atención que dentro de las mujeres creadoras de nuevo horizontes, tres de ellas viviendo a fines de siglo XX y dos de ellas viviendo en la actualidad, incluya a una mujer que nació a principios de 1900.

Tengo dos críticas para hacerle a este libro, pero más allá de eso que, en realidad, no cambia demasiado el asunto, creo que es un libro fantástico para acercarse a las grandes teóricas del feminismo sin adentrarse directamente en sus libros. Es, si quieren, un Feminismo para principiantes un poco más complejo. Lo recomiendo profundamente si están empezando con feminismo y no saben qué leer. En ese sentido, me parece un libro maravilloso, una suerte de “manual” que ordena bastante el tema.

Ahora, las críticas que les mencionaba. Una que tiene que ver con la edición: en algunos casos ponían las fechas de nacimiento y de muerte de las autoras y en otros casos no y eso me molestó, no porque imposibilitara la lectura, que claramente no lo hace, sino por un tema de coherencia. En segundo lugar, tuve problemas con el modo en que agrupa a las teóricas, en algunos casos no entendí los criterios, en otros de me hizo sencillamente raro y otros eran de plano incorrectos desde el punto de vista histórico.

Pero más allá de esas dos tonterías que, de nuevo, no imposibilitan leer y disfrutar el libro, creo que es un must have feminista por el modo que ordena e informa. Cien por cien recomendado y cuatro estrellas para este libro.

3 comentarios sobre “Gabriela Borrelli Azara – Lecturas feministas

  1. Me dio la sensación que es como “Feminismo para principiantes”, pero más centrados en las figuras del feminismo que en la historia del movimiento. Me llamó bastante la atención, la verdad, y todavía no he leído ninguna autora latinoamericana para el reto, así que tal vez te copie jeje

    Me gusta

Responder a Agus Cancelar respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s