Elísabet Benavent – La magia de ser Sofía

Estoy en una cruzada. ¿El objetivo? Leer todos los libros de Beta Coqueta. ¿Qué decirles? Sus libros me entretienen, me hacen pasar un buen rato y, a veces, también dejan lindos mensajes así que emprendí aventura con otra nueva bilogía.

Como podrán imaginar, empecé por el primer libro: La magia de ser Sofía, publicado en el 2017. Y también, como podrán imaginar, esta vez nuestra protagonista es Sofía, una chica con tres amores: su gata Holly, los libros y El café de Alejandría, el lugar donde ella trabaja como moza y más aún, podríamos decir que es su hogar. En el trato con los clientes, la confianza y la rutina, además del ambiente cálido y ameno, con aroma a café y buena música de fondo, Sofía se encontró a sí misma y , sobre todo, encontró la magia en su vida.

Y por supuesto, esa magia que desprende El Alejandría es suficiente para ella, no está interesada o, más bien, tiró la toalla en cuanto a los hombres y es feliz con esa decisión. Hasta que aparece Héctor. Sin embargo, ese día Sofía tuvo un encuentro poco afortunado y la parquedad de Héctor la puso de mal humor y terminaron discutiendo. Así que él, guiado por el aroma del café y los pensamientos introspectivos, terminó abandonando la magia del Alejandría, enojado con la atención de sus trabajadores.

Pero vuelve, por supuesto que vuelve, porque en el Alejandría se respira un aire hogareño que hace mucho que no encontraba y, mucho más importante aún, porque allí se siente cómodo consigo mismo. Y, como podrán imaginar, de a poco, con pausa y timidez Héctor y Sofía empiezan a construir una amistad, aunque, por supuesto, Sofía quiere un poco más, porque Héctor tiene una sonrisa maravillosa, es un hombre bello y, mucho más importante, la hace sentir bien, pero se conforma con una amistad y es feliz con ello, porque sabe que Héctor está en pareja.


Porque al abrir los libros siempre encontramos un viaje y una vida que suplantamos y que nos probamos como un vestidito en Zara, sin el inconveniente de que a mí jamás me sube la puñetera cremallera a la primera.


Conoció a Lucía cuando apenas era un adolescente, llevan dieciocho años en pareja y diez viviendo en Ginebra, pero algo ya no está funcionando y Héctor quiso volver a España. Sin embargo, feliz con su vida en Suiza y temerosa de perderla por completo para fracasar en España, Lucía le pide que vaya a su tierra natal por seis meses y pruebe. Si todo sale bien, ella viaja y se instala con él y si no, él vuelve sabiéndose fracasado.

Lo que al principio se entreveía como una aventura, termina cayendo en una rutina poco feliz que tiene su punto álgido cuando va a tomar su café al Alejandría, convencido que la magia del lugar es lo que le saca una sonrisa. No obstante, y después de un par de meses de amistad, se le hace bastante notorio que la magia del Alejandría no reside en el lugar, ni en el café, ni en los manjares que allí sirven sino en Sofía. Sofía es la magia y él cayó por ella con la facilidad con la que alguien se engancha mirando a un mago hacer un truco imposible.


Quédate con aquel con quien disfrutes los silencios pero con el que quieras hablar de cualquier cosa.


Sofía tiene en claro qué es lo que quiere y, sobre todo, sabe que no quiere hacer lo que le hicieron a ella, pero cuando Héctor aparece empieza a plantearse que, algunas de esas situaciones, son mucho más complejas de lo que pensaba cuando estaba en el otro lado y que, desde luego, no son fáciles de transitar. Luchar contra el amor que tiene por él es imposible. Por su parte Héctor está hecho un lío, no encuentra qué hacer con su vida y hasta ese momento se ha limitado a dejarse llevar por Lucía. Esos dos meses en Madrid son, en mucho tiempo, la primera vez que toma decisiones por su cuenta, pero su cobardía tira a menudo de él y vuelve a su lugar seguro, lo que me hizo odiarlo un poco.

El libro es narrado por Sofía y por Héctor, intercalando capítulos entre uno y otro, lo cual lo hace interesante porque nos da la perspectiva de los dos ante las situaciones que deben enfrentar y qué decisiones toman al respecto. Debo ser honesta con ustedes, Sofía me encantó y aunque Héctor me pareció formidable todo el libro, hacia el final se me hizo un idiota redomado. ¿Qué decirles? Si lo leen, estoy segura que entenderán a qué me refiero. De cualquier modo, pueden estar seguros que ambos son personajes maravillosos, milimétricamente confeccionados y, lo que más me gusta de ellos, es que son humanos, cometen errores, tienen miedos y les cuesta arriesgarse porque temen el fracaso. En ese sentido me encantaron los dos, porque aunque son típicos personajes de Beta Coqueta, en este libro al menos los sentí mucho más reales.


Tenemos la cabeza llena de finales de cuento que no es que estén mal sino que se construyeron sobre historias cuyo argumento fue pervertido en algún momento por la ingenuidad, la superficialidad o el paternalismo. ¿Qué esperamos de nuestros sueños románticos? Beben de allí.


La premisa del libro no es ninguna originalidad, porque después de todo, se trata de un triángulo amoroso, aunque no del tipo de triángulo que vimos en la trilogía Mi elección. Sin embargo, cada vez que me encuentro con esta autora valoro el hecho que en las novelas lo importante y lo que realmente trasciende no es lo que te cuentan, sino cómo lo hacen y en eso Beta Coqueta es la uno. Su modo de narrar es increíble. Con mucha facilidad y, lo que más me gusta, con palabras sencillas logra escenificar magia. Frases llenas de dolor, pureza, amor o incluso decepción, pero de cualquier modo, todas te quitan el aliento, porque se nota el cariño en las palabras, la entrega y el compromiso.

En este libro, como también en la trilogía anterior, valoro mucho el humor, que me parece esencial cuando la trama principal es, en menor o mayor medida, un culebrón. Sofía tiene tres amigos, Abel, Oliver y Mamen, su madrastra son el alivio cómico necesario, sobre todo Abel y su desvergüenza y Oliver y sus coqueteos. Los cuatro suelen tener cenas los viernes que van de “a ver quién tuvo la peor semana”, un concepto que me pareció muy gracioso. Sin embargo, debo decir que la historia entre Oliver y Clara se me hizo un poco extra e innecesaria, porque no me aportaba nada y lo cierto es que yo quería seguir leyendo sobre Sofía y Héctor.

Punto aparte, e increíble, hay que decirlo, el hecho que la autora introduzca o al menos nombre al pasar, a los personajes de sus otras novelas. Esta es la primera vez, después de unos cuantos libros, que lo noto y me pareció brillante porque de algún modo, se siente todo el universo integrado y eso siempre es bonito.

En definitiva, La magia de ser Sofía sin lugar a dudas tiene su magia: en las palabras de la autora, en los personajes que logra construir y en el café Alejandría, un lugar donde cualquier podría sentirse cómodo y bienvenido. Una historia de amor real que nos hace pensar y nos invita a no juzgar a los otros antes de estar en sus propios zapatos. Cuatro estrellas de cinco para mí.

Tristemente, debo confesarles que empecé a leer la segunda parte de la bilogía La magia de ser nosotros, y no me está enganchando NADA.

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