Stieg Larsson – La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina

Soy fan del título de los libros de este señor, porque dicen muchísimo sobre la trama pero velada de tal manera que no es claro hasta el momento en que toma sentido al leer, lo cual me parece inteligente y bien logrado. La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, además de ser un título cojonudo, es el segundo libro de la saga Millenium escrita por Stieg Larsson y publicado por Grupo Planeta. La primera entrega de la saga, Los hombres que no amaban a las mujeres, fue una de mis mejores lecturas del 2018 y lo recomiendo profundamente. Si no leyeron la reseña, pueden hacerlo aquí.

En la entrega anterior conocimos a Mikael Blomkvist, periodista y socio de la revista independiente Millenium y Lisbeth Salander, una joven legalmente incapacitada. Ya lo dije en la reseña pasada, tan soso como pueden sonar esas descripciones, los personajes son BRILLANTES y fue grato volver a encontrarme con ellos.

Sin embargo, mucho ha cambiado desde el libro anterior. Para empezar, el tiempo pues ha transcurrido un año desde todos esos acontecimientos. Y luego, por supuesto, ha cambiado mucho la vida de nuestros protagonistas. Mikael, tras el caso Wennerström que lo catapultó a la fama, se hizo un hombre muy reconocido y célebre, acudiendo frecuentemente a la televisión y dando tantas entrevistas como pudiera para promocionar el libro que se convirtió en éxito de ventas.

Lisbeth, por otro lado, se ha dedicado a viajar por todo el globo gracias a la fortuna que logró robarle a Wennerström sin despeinarse. Disfruta de la calma y la tranquilidad de varios países, mientras se aficiona a la matemática más compleja y se desvive por entender el teorema de Fermat, lo que la leva a formular eternas ecuaciones en un cuaderno mientras toma una cerveza junto a la piscina.

Tal y como sucedió en el libro pasado, las vidas de estos dos demoran en cruzarse básicamente porque Lisbeth, entre otras cosas, no quiere verlo más. Esa amistad y prominente relación tan peculiar que tenían se vio truncada de buenas a primeras y, a pesar que ella tiene una buena razón para ello, Mikael no tiene idea qué fue lo que sucedió y se pasa buena parte de ese año buscándola, sin lograr ningún avance. Así que, imposibilitado, se dedica de lleno a su trabajo que, de repente, consiste en sacar a la luz un negocio de trata de blancas y prostitución adolescente.

Dag Stevensson, un periodista freelance, llega a la revista Millenium queriendo publicar con ellos su libro al respecto que, entre otras cosas, acusa a varios hombres importante de la sociedad sueca de pagar por acostarse con adolescentes. Aficionados a destapar la olla llena de mierda, Millenium no puede resistirse a semejante noticia y ambos emprenden un camino de perfeccionamiento del manuscrito original para publicarlo pronto y, además, dedicarle un número temático a la revista. Todo se complica cuando Dag y Mia, su novia y criminalista de la policía de Suecia, son asesinados en su casa. Y todo se vuelve aún más complicado cuando, un día después, descubren que el tutor legal de Lisbeth también ha sido asesinado con un arma que, al parecer, tiene las huellas de nuestra peculiar protagonista.

Desde entonces se emprende una caza nacional de Lisbeth que, como pueden imaginar, se esconde de una forma magnífica y una cruzada de parte de Mikael para averiguar qué sucedió, no solo para exculpar a Lisbeth, que él considera inocente, sino también para atrapar el asesino de sus amigos. Y hasta aquí con la trama.

Las segundas partes no son sencillas y todos lo sabemos y, en muchos pasos, sucede aquello de “las segundas partes no son buenas” y si bien aquí no se cumple, debo admitir sin culpa ninguna que se encuentra uno, o incluso dos, escalones por debajo del primero libro que en lo personal me pareció BRILLANTE. Y es curioso porque tanto el primer libro como este que les reseño tienen las mismas características, los mismos personajes principales e incluso mucho de los secundarios y los mismos ingredientes y sin embargo, hay algo que falta.

Tal vez sea la intriga. En la primera entrega no sabíamos quién era el asesino hasta el final y en este libro, aunque en migajas, se nos va dando datos sobre él y creo que eso le quita impacto. Ojo con esto, también hay un plottwist magistral que, sin dudas, le suma todo el impacto que le quitó lo anterior. Aún así, aunque se me hizo inferior al primer libro, sí debo admitir que es tremendamente personal en tanto la vida de Lisbeth es analizada con lupa y sale a la luz mucho de los secretos que ella se encarga de olvidar o, como mucho, enterrar.

Más allá de eso, hay que admitir que el autor es incríble a la hora de construir esta novela como si se tratara de un puzzle complejo con miles de piezas que parecen iguales, lo cual confunde al lector. Él se limita a lanzarlo todo sobre la mesa y comienza a armar el puzzle con mimo y, en ocasiones, sobre todo luego de la mitad del libro, con mucha rapidez, sin dar un respiro al lector. Sin embargo, hasta la primera mitad si bien no se me hizo denso ni mucho menos, sí reconozco que no tenía mucha idea sobre qué iba el asunto, un poco parecido a lo que me sucedió en el primer libro.

Mientras Larsson va tejiendo la trama, el lector se limita a observar lo que está sucediendo, viendo cómo cada pieza va encajando a su ritmo y comienza a armarse, a todas luces, una historia compleja y, curiosamente, sencilla a la vez.

El libro se divide en cuatro secciones y cada una de ella empieza con una definición matemática, lo cual me pareció muy curioso. En la primera entrega, el comienzo tenía que ver con estadísticas respecto a la violencia de género en Suecia, así que me quedé desconcertada cuando, a todas luces, la temática variaba tanto. Sin embargo, aunque no es todo lo significativo que fueron las estadísticas en el libro anterior, sí tiene su sentido y me parece que, dentro de todo, estructura el libro y da cuenta de esa obsesión de Lisbeth.

Debo aclarar que la primera de esas cuatro parte es, cuanto menos, olvidable porque se dedica a contarnos qué a sido de nuestros personajes desde el libro anterior y la verdad sea dicha, no aporta demasiado a la trama, solo se trata de un estado de la situación. La segunda parte sienta las bases del conflicto de la novela, pero el vértigo y la acción propiamente dicha empieza en la tercera parte y lo cierto es que el autor lleva el hilo de una manera maravillosa, generando en el lector un frenesí por saber qué fue lo que sucedió. La última parte es, probablemente, la más inteligente porque, a diferencia de la novela anterior donde cierra todas las puntas abiertas, aquí sienta las bases para la continuación de la saga. Y sí, debo decirlo, el libro termina de forma abierta y hace que, aunque no quieras, necesites leer el tercer libro para saber cómo acabó todo.

Ya les digo, aunque el primer libro me pareció brillante, no quiere decir que este no sea bueno, de hecho es muy bueno y le puse cuatro estrellas, porque después de todo me entretuvo y tiene una trama adictiva, maravillosa, enredada y, lo que más me gusta, cuenta con un desarrollo bien llevado por la pluma del autor y una protagonista que se lleva todos los laureles.

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