Michael Connelly – La rubia de hormigón

Con este hombre siempre me pasa igual: sus libros me parecen una maravilla pero por una cosa u otra, entiéndase se me cruzan otros libros en el camino, demoro mucho en volver a él y cuando vuelvo, por supuesto, me vuelvo a maravillar y el ciclo vuelve a empezar. La rubia de hormigón, escrito por Michael Connelly es el tercer libro de la saga protagonizada por el detective Harry Bosch. Si gustan, pueden leer qué me pareció El eco negro y El hielo negro.

De nuevo, como les decía, estoy maravillada y, sin ánimo de exagerar, creo que de momento este es el mejor de los tres libros que he leído. Harry Bosch es el típico detective ermitaño con problemas de desacato a la autoridad, que va por libre y por supuesto, tiene una inteligencia y astucia más allá de lo normal. Vamos, ustedes saben, el típico protagonista de este tipo de novelas y debo decir que, aunque arquetípico, me fascina. No solo por su inteligencia, el modo en que resuelve los crímenes sino también por cómo es él y cómo se maneja en la vida, ostentando a veces la vista gorda hacia ciertos temas pero sumamente comprometido con su trabajo.

Desde el primer libro sabemos que él asesinó a Norman Church, el Fabricante de Muñecas y sabemos que el Departamento de Policía de Los Ángeles, de algún modo, consideró que su accionar no fue el adecuado porque lo degradaron, pero lo cierto es que nunca se nos explicó cómo se dio todo este proceso. Pues en este libro nos lo cuentan todo. Cuatro años después de haberlo atrapado, comienza el juicio en su contra porque la viuda del fallecido considera que, no solo su marido era inocente, sino que Bosch procedió de forma indebida y aconsejada por una abogada de derechos civiles realmente buena, la mujer va a por todo buscando una indemnización.


El detective Bosch se estaba haciendo el héroe y un hombre resultó muerto — dijo Chandler —. No sé si simplemente fue temerario o bien se trata de algo más siniestro, pero lo descubriremos en el juicio.


Bosch siempre estuvo convencido que habían atrapado al hombre correcto, pero a poco de empezar el juicio la abogada demandante presenta una prueba irrefutable de que, el día del asesinato de la víctima once, Norman Church tenía una coartada sólida. Así que Harry empieza a dudar, pero todo toma una dimensión más seria cuando, gracias a una nota anónima que sigue los mismos patrones que las de cuatro años atrás, encuentran el cadáver de una mujer enterrada en hormigón y que, curiosamente, tiene el sello de Church. Rápidamente la autopsia desprende que el delito fue cometido después de la muerte de Church y entonces las preguntas se disparan: ¿hay un imitador? ¿Church tenía un compañero? O, tal vez, ¿atraparon al hombre equivocado y, en realidad, El fabricante de muñecas sigue vivo?

De modo que Bosch tiene que dividir su tiempo entre la presión del juicio, que pone en entredicho su capacidad policial de veinte años y la investigación del reciente caso que, como mucho, pone a prueba la credibilidad del departamento de policía. Fascinante. De verdad, un libro increíble, no solo porque conforme el lector avanza averigua cómo se dio la investigación anterior, lo que sacia la curiosidad, sino porque también empieza a notar cómo una investigación encaja con la otra y aunque por momentos se vuelve un poco rompecabezas, porque parece no encajar por ningún lado, cuando lo hace es maravilloso.

La trama es perfecta y combina de forma magistral una trama judicial con una policial y, lo más interesante, es ver cómo una se entrelaza con la otra. En este sentido la novela está muy bien llevada a cabo porque, por un lado, el juicio y su desarrollo da cuenta, gracias a la intervención de los personajes que participaron en ese entonces, cómo fue el caso de El fabricador de muñecas y cómo fue la participación de Harry en todo ese embrollo. Nos hablan de los asesinatos cometidos, el modus operandi y cómo la policía llegó a determinar que Norman Church era el culpable, pero la abogada demandante también se encarga de hacernos saber que hay unas cuantas cuestionen que no encajan con la investigación realizada.


Los ciudadanos querían que su policía los protegiera, que mantuviera la plaga de la delincuencia lejos de su vista, lejos de las puertas de sus casas. Sin embargo, esos mismos ciudadanos eran los primeros en mirar con los ojos como platos y señalarles con el dedo cuando veían de cerca lo que implicaba exactamente el trabajo que les habían encargado.


Por otro lado, de la propia mano de Harry, sabemos cómo es la investigación que están llevando a cabo a partir del cadáver hallado. Es aquí cuando el personaje brilla y deslumbra. Sus instintos y sus corazonadas son lo que lo mueve a accionar y, en ocasiones, van en contra de los procedimientos policiales lo que hace que se meta en constantes líos, de los que sale libremente porque suele acertar en sus planteos. Su inteligencia y el modo en que va hilvanando las pistas es tan preciso y detallado que, cuando todo se soluciona, parece tonto no haberlo notado antes.

Sin embargo, también hay que decir que aunque parezca que conocemos todo lo que hay que conocer de él, hay mucho sin descubrir aún. La abogada demandante está dispuesta a desnudar su vida y encontrar en su pasado un motivo por el cual apretó el gatillo y ciertamente lo halla, aunque no tiene mucha cabida en la investigación: la madre de Harry murió asesinada. Presiento que en alguno de los libros venideros esto se retomará y, por fin, Harry tendrá la oportunidad de atrapar el asesino de su madre y, qué decirles, estoy esperándolo.

En cuanto al autor, otra típica novela de Michael Connelly… ¡bendito sea él! Su estilo es claro, conciso y sin florituras y aunque podría ser el estilo de cualquier novela policial, también es cierto que se las ingenia no solo para darle una profundidad abismal a sus personajes y a cómo piensan sino que logra imprimirle un ritmo vertiginoso e incluso me atrevería a decir cinematográfico. No era difícil verlo a Harry conduciendo con la sirena prendida por una autopista de Los Ángeles y la claridad de la imagen solo es producto de una pluma proverbial del autor.

En este caso me gustó mucho la crítica social que hay al mundo del porno y la prostitución, como en libros anteriores aparecía el síndrome de estrés post traumático tras Vietnam o el mundo del narcotráfico. Si bien el autor no se tira de lleno sobre la temática, también es cierto que la ataca lo suficientemente claro como para entenderlo.

Cinco estrellas de cinco para un libro que tuve pendiente hace mucho, pero que llegó a sorprenderme por una trama inmejorable, bien hilada y llevada a cabo con una precisión quirúrgica. Un personaje principal magistral, dañado, algo oscuro y con su propia forma de hacer las cosas, lo que lo convierte en un héroe un poco manchado o, si quieren, en un antihéroe perfecto. Por último, un estilo digno de la ciudad donde se llevan a cabo los acontecimientos.

Desde luego, no será el último libro de este hombre que lea, aunque espero no demorar tanto en retomar la saga.

el modo suave en que se desenvuelve y va dejando pistas de la antigua investigación, pero a la vez recogiendo las nuevas y tratando de desentrañar todo lo que está pasando. El modo en que Bosch va juntando las piezas y, también hay que decirlo, equivocándose es atrapante

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3 comentarios sobre “Michael Connelly – La rubia de hormigón

  1. Hola Agus. Vos me empujaste al género negro con Dicker, aunque ya había leído algunos otros del género antes. Igualmente, con Dicker toDO CAMBIÓ. Será que me seduce Connelly también? Quizas. Tengo uno de él en casa, pero en inglés: es Lost Light. Veremos que pasa.

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