Toni Hill – Los buenos suicidas

Casi sin darme cuenta me he ido metiendo cada vez más en sagas policiales y aunque mi lema del último tiempo es no zambullirme en nuevas sagas, lo cierto es que he entrado en esta con el pelo al viento y agitando los brazos. Si esto sucedió fue responsabilidad exclusiva de Toni Hill y el primer libro de la trilogía. El verano de los juguetes muertos, leído en abril de este año, fue un descubrimiento grato y desde entonces supe que necesitaba continuar con la vida de Héctor Salgado.

Publicado apenas un año después del primer libro, Los buenos suicidas retoma la historia seis meses después de los acontecimientos de la primera entrega. Así que sí, es probable que suelte algún que otro spoiler, así que si no quieren saber lo que sucede en el libro anterior, están advertidos. Tras la desaparición de su ex esposa, Héctor Salgado, un policía argentino que vive en Barcelona, tuvo que hacerse cargo de su hijo adolescente, lidiar con la investigación y con un tratamiento psicológico. Sin embargo, seis meses después de que a Ruth Valldaura se la tragara la tierra, Héctor ni siquiera tiene el caso y al parecer están lejos de saber qué sucedió con ella, su hijo adolescente extraña a su madre y se encierra en sí mismo y Héctor apenas sabe cómo compaginar la vida como padre y un trabajo que le exige mucho con sus horas de insomnio y un consumo de nicotina que deja mucho que desear.

En la Noche de Reyes, una mujer decide, presuntamente, poner fin a su vida en la estación de metro. Y digo presuntamente porque sí, todo parece apuntar a que Sara se suicidó, pero aparecen ciertos hechos que no permiten que la conclusión sea tan fácil: el celular está completamente limpio, sin dato alguno, vacío por completo salvo por una única foto, bastante desagradable, que viene acompañada de un enigmático mensaje “No te olvides”.

Héctor comienza a investigar, incapaz de rotular esa muerte como suicidio, porque su instinto se lo dice y, como pueden imaginar, no está tan equivocado, porque al poco tiempo descubre que, cuatro meses atrás, un empleado de Laboratorios Alemany, donde trabajaba Sara, asesinó a su esposa y a su hija y luego se suicidó. Dos suicidios en la misma empresa parece curioso, ¿verdad?

Por otro lado, la agente Leire Castro, que acompañó la investigación en el libro anterior, está a punto de explotar. Tiene un embarazo avanzado, está de licencia en su casa sin mucho por hacer y descubre que no puede pasarse las semanas que le quedan hasta el parto matando el tiempo en el sofá, así que decide empezar a investigar en la desaparición de Ruth, un caso que, a todas luces, quedó archivado en un cajón y que poco se ha avanzado en él.

Las dos investigaciones nunca llegan a entrecruzarse, porque de hecho Leire está investigando a espaldas de Héctor, pero eso le da mucho vuelo al libro porque, en realidad, es como si estuviéramos leyendo dos historias paralelas diferentes. Por un lado, un caso de suicidio que empieza pronto a complicarse, implicando estrechamente a algunos empleados de Laboratorios Alemany que esconden un secreto algo gordo y la investigación de la desaparición de Ruth, que parece algo trancada pero que con la agudeza mental de Leire empieza a avanzar de a poco. En cualquier caso, las dos historias son fascinantes y mantienen al lector en vilo de un forma magistral.

Si eso sucede, y puedo asegurarles que sucede, es porque Toni Hill hilvana de forma perfecta cada pista y cabo suelto y con su estilo logra imprimirle a las historias una intriga brutal, un ritmo vertiginoso y provoca la expectativa del lector en cada página.

Más allá del estilo, que ya les mencioné antes me hace acordar mucho a Michael Connelly, la trama está muy bien lograda, no solo porque es llevada a cabo con mimo y cuidado, sino porque también tiene una continuidad con el libro anterior. Lo cual, en mi opinión, permite conocer más a fondo a los personajes, entenderlos y presenciar su crecimiento. En este sentido se me hizo un libro muy disfrutable porque lo sentí como una continuación bien ensamblada y natural.

En el primer libro conocemos a un Héctor algo ermitaño, con ciertos problemas con la autoridad y algunas explosiones violentas destacables, pero con una agudeza brillante y una habilidad notable para encontrar pistas que nadie notó o deducir situaciones que parecían obvias pero que nadie notó. En este libro, Héctor sigue siendo Héctor, lo cual quiere decir que continúa siendo un policía cojonudo, pero le agregamos una culpa galopante, producto de la desaparición de su ex esposa, un insomnio que no lo abandona, un mal humor producto de lo anterior que procura conducirlo con cantidades insanas de nicotina y, curiosamente, una terapia que lo frena en los momentos candentes y que lo obliga a reflexionar.

Leire, por otro lado, en conflicto con un embarazo no deseado y con una pareja intermitente en el libro anterior, se convierte ahora en una mamá oso, que aprende a convivir con la vida que lleva adentro y promete darle todo el amor posible, pero que también entiende que su vida cambiará por completo y cómo esta nueva vida se ensamblará en su momento con su trabajo. Me pareció muy destacable que el embarazo no opacara su instinto, ni su sagacidad ni su empuje. Lo menciono porque no sería la primera vez que una mujer se ve reducida al papel de madre, tirando por la borda sus habilidades y su empuje propio, así que eso lo disfruté.

De modo que, al menos en mi opinión, parece claro que este hombre tiene talento. Creo que, para bien o para mal, es bastante fácil publicar y tener cierto éxito, pero que luego de eso, un segundo libro mantenga el nivel, e incluso se haga más adictivo y solo provoque leer el tercero… Chapeau para Toni Hill.

En esta línea, así como en el libro anterior sobrevolaba cierta crítica social a las redes de tráfico de mujeres y a las diferencias de clase, en esta entrega lo vuelve a hacer y, de nuevo, no se zambulle en ello de lleno, pero lo aborda con suficiente claridad para hacérselo notar al lector. En lo personal, disfruté mucho la crítica a los robos de bebés y a toda la organización que se construía alrededor, que involucraba también a algunas monjas sin mucho escrúpulo. Y si bien no sé si se lo puede llamar crítica social, también debo reconocer que me gustó mucho cómo planteó y abordó el grupo de empleados de Laboratorios Alemany, no solo por los atisbos de cada personaje que ayudaban a entender, al menos un poco, las decisiones que tomaban, sino también cómo construía el sentimiento de grupo y el papel que tenía cada uno: el líder, el correcto, el eslabón débil, el duro; y que, más allá del papel que tenían, todos se unían para ocultar juntos una verdad algo sórdida.

En definitiva, un libro de cuatro estrellas de cinco para mí. Una novela policial con todas las letras, que crece a partir del libro anterior, que está plagada de intriga, sospechas y que el lector devorará con mucha rapidez, producto de un estilo vertiginoso y un modo de llevar la trama suave y claro. Solo decir que la última oración de libro me dejó con la boca abierta, deseosa de leer el tercer libro y zanjar de una buena vez la intriga.

2 comentarios sobre “Toni Hill – Los buenos suicidas

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