Hanya Yanagihara – Tan poca vida

Directo y sin escalas al podio de lo mejor de este 2020. No importa qué venga después, estoy convencida que este libro estará en el podio porque ¡qué maravilla! Sin embargo, debo darles una advertencia, incluso antes que sigan leyendo, este libro NO es apto para corazones sensibles o personas vulnerables.

Tan poca vida es una novela que golpea, azota y derrumba en cada página. Es una historia desgarradora  y que exige mucho compromiso emocional del lector, a menos que seas un potus, así que de verdad si están pasando un momento complejo o incluso depresivo, recomiendo fervientemente que no lo lean. Insisto con esto porque involucra cantidad de sentimientos oscuros que físicamente duelen y que pueden comprometer la salud mental del lector. Sin ir más lejos, les cuento sin ambages que hubo dos ocasiones que me fui a dormir llorando a moco tendido y que, al terminarlo, me dejó una desazón, un vacío y, además, una resaca literaria brutal.

El libro aborda la vida de cuatro amigos, Jude, Willem, JB y Malcolm, desde que están en la universidad hasta su edad madura. Willem trabaja en un restaurante pero sueña con ser actor, JB incursiona en la escultura pero está buscando su propio sello artístico, Malcolm es arquitecto pero está infravalorado y le pagan poco en el estudio en el que trabaja y Jude trabaja en la fiscalía de la ciudad de Nueva York.


Una parte de él siempre temía el día en que intentaría abrir una puerta y el pomo no cedería. Y tampoco le importaba mucho, de hecho; había algo aterrador e inquietante en estar en un lugar donde nada parecía prohibido para él, dónde se le ofrecía sin pedirle nada a cambio. Él intentaba darles lo que podía, pero era consciente que no era gran cosa.


Si bien al principio la novela narra la vida de los cuatro personajes de forma indistinta, conforme va avanzando el foco está cada vez más sobre Jude que sobre los otros amigos y, de hecho, muchas veces los capítulos de los otros amigos tienen como tema central a Jude. Imposible negar que es el más misterioso de los cuatro amigos, con un pasado remoto y aparentemente oculto pero a todas luces muy sufrido, ninguno es capaz de preguntar de forma directa sobre el tema y tampoco han conseguido que él se abra de forma voluntaria. Aún así, saben que algo duro debió pasar, no solo por su incapacidad sino por el modo en que no le gusta que lo toquen o incluso lo vulnerable que parece en ocasiones.

Conforme la novela se centra en Jude el sufrimiento comienza porque de a poco la autora nos va develando el misterio que oculta, corriendo con lentitud el pesado velo que él se encarga de mantener en su sitio con un esfuerzo que, a veces, lo sobrepasa. Creo que se podría decir que a Jude se lo aborda desde dos ángulos, uno que tiene que ver con lo físico y otro con lo puramente emocional.  Jude, según saben sus amigos, tuvo un accidente cuando era adolescente y desde entonces sufre de dolores crónicos en las piernas y tiene una cojera que lo ha acompañado desde entonces. El sufrimiento físico de nuestro personaje principal atraviesa la historia con vehemencia y, si quieren, la subyace. No hay un momento en que él no sienta dolor y la autora logra demostrar su entereza, su dolor y, también hay que decirlo, su derrumbamiento con una precisión que impresiona.

Es probable que lo más complejo de abordar sea el ángulo emocional, pero la autora no solo lo hace de forma excepcional sino que en unas cuantas ocasiones es tan descarnado que tuve que dejar de leer. A través de diversos flashback el lector se entera de ese pasado insondable de Jude, a la par que condiciona y atraviesa su presente. Ese pasado lo lleva adherido a la piel, imposible de disociar y aunque no quiero decir mucho más, creo que es imposible de hacer una reseña de esta novela sin mencionar la salud mental del protagonista. En última instancia, este es un libro sobre la salud mental y aunque no soy psiquiatra ni mucho menos, creo que la autora emprende ese camino con mucho respeto, precisión y realidad. Es un pilar fundamental de la historia y creo que está muy bien llevado aunque, por supuesto, para los protagonistas es terrible de vivir y para el lector a veces es difícil de leer.

Como les digo, si bien el foco está en Jude, el libro también narra las cuatro décadas de sus amigos y lo disfruté particularmente porque cada uno con sus intereses y sus aficiones va tejiendo, y a veces destejiendo cuando se requiere, su propia historia de vida. Es un libro sobre la vida misma y el camino que cada uno construye, pero más que nada es una historia sobre la amistad. Nunca había leído un libro que se adentrara tanto y tan profundo en los entresijos de la amistad masculina y lo disfruté mucho. No solo nos cuenta los obstáculos que se presenten en su amistad, que son muchos, sino cómo esta evoluciona con los años, se va transformando conforme cada uno madura y construye su vida. Es realmente bonito de leer.


Se lo pasaba bien con sus amistades y no hacía daño a nadie; ¿qué importaba si eso era codependencia o no? Además, ¿por qué una amistad entrañaba más codependencia que una relación sentimental? ¿Por qué era admirable cuando tenías veintisiete años pero espeluznante a los treinta y seis? ¿Por qué la amistad no era tan buena como una relación sentimental? ¿Por qué no era incluso mejor? Eran dos personas que parecían juntas, día tras día, a quienes no las unía el sexo ni la atracción física ni el dinero ni la hijos ni una propiedad, solo el compromiso de seguir adelante y la dedicación mutua a una unión que nunca podría ser codificada. La amistad era ser testigo del lento goteo de tristezas del otro, de sus largas rachas de aburrimiento y de algún que otro triunfo. Era sentirse honrado por el privilegio de estar presente en sus momentos más duros y saber que a cambio podía permitiste estar triste en su presencia. 


A menudo esa amistad se transforma también en una familia. Para alguno de los amigos, esa amistad es todo lo que tienen y la idea fundacional que tiene ese concepto también se transforma porque incluso tu propia familia a veces cae mal y desagrada, pero es tu familia. Más allá de los cuatro amigos, también hay otros personajes, no voy a revelar quiénes, que tienen un papel fundamental en esto de la familia y aunque por supuesto sus intenciones son buenas, a veces dolía leer el sufrimiento por el que debían pasar por chocarse con un muro de contención como es Jude o incluso por el modo en que encajan el sufrimiento de él. Es complejo de armar, así que aplausos a la autora por eso, pero también es duro de leer cómo a veces ese amor incondicional no era suficiente.

Hubo muchas ocasiones en las que este libro me hizo acordar a Tokio blues de Murakami. Si no leyeron el libro del japonés, se trata de una historia cargada de melancolía y Tan poca vida tiene mucho de eso, no solo en sus propios personajes sino también en el estilo. Su forma de escribir se me hizo angustiante, dolorosa e incluso a veces se me hacía como si estuviera arrastrando las palabras. Se me figuró a un susurro lastimoso, lo que evidentemente le aporta mucho más a la historia. Tiene, a su vez, una ambientación que va de la mano porque el Nueva York que retrata Hanya Yanagihara es gris, nuboso, triste y ruidoso, pero lleno de rincones luminosos que hace que la historia funcione incluso más.

Mención especial a su portada. Es una fotografía hecha por Peter Hujar en 1987 y se trata del rostro de un hombre con una mueca que, aparentemente, refleja dolor porque tiene los ojos cerrados y apretados, la nariz fruncida y la boca en tensión. Sin embargo, el protagonista está teniendo un orgasmo. Creo que es una definición magnífica del libro porque retrata el sufrimiento como placer y el placer como sufrimiento.

Un libro que, hablando pronto y mal, me partió al medio. Tan doloroso como increíble, esta es una historia que queda y que, por encima de todo, invita a pensar. Basado en la amistad y el amor se trata de un libro desgarrador al que el lector no puede ignorar ni evitar involucrarse. Cinco estrellas de cinco y, como les digo, directo al podio. Brillante.

4 comentarios sobre “Hanya Yanagihara – Tan poca vida

  1. Hola Agus! Qué lindo es leerte sobre un libro que te gustó tanto, obviamente seguiré tu recomendación y me mantendré alejada del libro, por lo menos en estos tiempos de encierro.
    Como te comenté había leído diversas opiniones sobre el mismo, pero tu reseña me hizo creer en él. ¡Qué interesante eso de la portada! una idea que me gustaría analizar esa de “El sufrimiento como placer y el placer como sufrimiento”
    Abrazo, nos leemos

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    1. He leído algunas reseñas negativas, y si bien es cierto que a veces no siempre es verosímil, a mí me pareció brillante.
      Lo de la portada es increíble porque toma muchísimo sentido conforme uno va leyendo. Le viene como anillo al dedo.
      No es precisamente un libro que se disfruta porque es tan doloroso que es imposible pasarla bien en la lectura, pero aún así lo recomiendo muchísimo. Tal vez puedas darle una oportunidad cuando todo se normalice, a ver qué te parece a ti.
      Abrazo

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  2. Hola, bella. Vengo viendo reseñas muy positivas de este libro por todos lados, y realmente se entiende el porqué. La verdad, no creo estar para una lectura así, y hacés bien en dar la advertencia. Lo guardo para otro momento de mi vida, sin duda, porque parece de esos libros que no hay que dejar pasar.
    Me encantó el detalle de la fotografía, gracias por comentarlo.
    Un besote ♥.

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    1. Gracias por comentar! La verdad que me pareció irresponsable no comentar que es un libro fuerte y no apto para todos. Aún así, es increíble y cuando estés para leerlo, creo que lo vas a apreciar.
      Lo de la fotografía de la portada es muy significativo y preciso.
      Abrazo virtual para ti

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